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La vida es irónica:
Se necesita TRISTEZA para conocer la FELICIDAD, RUIDO para apreciar el SILENCIO y AUSENCIA para valorar la presencia

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jueves, 3 de septiembre de 2026

Vendrá la muerte

Vendrá de muchas maneras. Como escribió Cesare Pavese, "tendrá tus ojos", puede que una mirada esquiva o tal vez se quede en silencio frente a frente. En cualquier caso, sé que estaré sola y seguramente sea hasta un alivio soltar la vida y liberarnos de su peso.  


Vendrá la muerte, como este amor, calladamente,

sorda, como un dique de mar quebrado en el estío.

Vendrá cuando a solas, sus cuchillos afilen las horas

 en que todo te lo digo y estás ausente.

¡Qué cansado el negocio de quererte sin motivo!

Vendrá la muerte inaccesible y pienso y digo,

ésta es la última vez ya que le escribo.

Vendrá la muerte a estancarse en el hastío.

Tendrá tus ojos, cuando me miras.

Tu olor cuando en mi pecho hundido,

en el latido de mi muerte, tú respiras.

Pero dame unos días y serán solo palabras,

tu voz amortecida, este mordisco de sol,

esta sombra de cipreses que se nos vierte encima.

Vendrá la muerte con tu nombre en la cintura.

Rasgaré mis venas de nostalgia escarnecida

Y, en unos días, serán palabras vacías de ti,

en boca muda.

Vendrá la muerte y se irá calladamente,

en la oscuridad que asfixia el ruido de las olas,

en este sitio, llena de aurora el alma,

Vendrá la muerte y será un alivio quedarme sola.


Teresa Velasco Castillo septiembre 2026

viernes, 21 de agosto de 2026

A mi abuela

 

Me cuesta mucho dar voz a eso que siento cuando pienso en alguien que ya no está. Todavía, y ya de bien mayor, siento un "temblor de tierra" cuando veo flores y sé que son para llevar al cementerio. Pero se lo debía, e igual que se fue en un final hostil de invierno, cumplía años a finales de agosto mi abuela. No sé si quedaran las palabras o también el tiempo eso se lleva. Para mi por lo menos será eterna. 


Tiene la mirada quieta y la risa tostada

al sol de las cuatro estaciones muerde

su silencio a la luna, y aunque su carne

sea barro removido de ausencia,

yo la tengo en mi pecho atravesada.


Hay mucha distancia de un lugar

al otro de su cuerpo, por ejemplo,

de su sien a su pupila cien semillas

de amor, sembrado como un árbol,

del tronco agitado en sus rodillas,

me duelen como espigas sus abrazos.


Yo la siento sin tiempo y sin distancia

como un plomo en el ala derretido,

como quien la lluvia en los cristales oyera,

pienso en ella y es eterno este pasillo.


Ya no escucho sus ojos en silencio, el eco

de su mirar tan quieto, pero la siento

y más cerca y apretada y el corazón más suelto.


Tiene en el dorso de la mano un latir

unísono de abanicos entreabiertos.

Tiene su casa abierta al cierzo y al verano

y un patio de granito en que comparte

la infancia que otros le negaron.


Se rompieron los pulsos que sostenían el poema,

la memoria ciega en las horas que no vivo,

y me arrepiento y te digo que estoy seca,

de llorar los versos que jamás te escribo.


Tiene esa mirada quieta y un olor a jazmines

disuelto en la sombra de su piel blanca.

Se fue por febrero dejando la poesía

desahuciada de versos con que regar los jardines.

 


Teresa Velasco Castillo agosto 2026

 

 

 

 

viernes, 14 de agosto de 2026

Si es amor, es primavera

 

Espero no caer en la cursilería. Prometo cambiar de tema para la próxima. Hoy no lo he podido resistir y me han vuelto a dar las tantas con esto de unir palabras y emociones. Lo comparto por si a alguien más le ocurre o si sirve de algo. 


Si es amor, es primavera

 

Debí haberte conocido diez años antes

sin reservas para aliviar tu voz espesa

sin importar si quedo ciega por mirarte.

 

Diez años antes debí haberte conocido

para dejar que el corazón que ahora soporto

partiese sin maletas a vivir en sucesivo.

 

Para que supieras que aquí estaba

y que en todo mi cuerpo aún me dueles.

Me faltó tiempo para hablarte con calma.

 

Debí haberte conocido en el mismo espacio

de esta cárcel que hoy me encierra.

Para llenar mis días de estar contigo despacio,

para cambiar el final de esta novela

y no ser yo, si no es de tu brazo

 

Habría alcanzado con un anillo de barro

Sin compromiso abril te habría entregado.

Hace diez años, de haberte conocido

sin ser merecido, me habría regalado

 

Y qué importa que no estuvieras

en días, semanas, meses, años.

 

Aunque tampoco entonces te tuviera

Si es amor, es primavera.

 


Teresa Velasco Castillo, agosto 2026

domingo, 19 de julio de 2026

Tres aves y un cuarto desordenado

 

Hoy he llenado mi día con todo, incluido un mundial. Pero ganar y volver a casa en silencio y poner un despertador para nada y estar cansada del absurdo que descoloca la vida. Hoy no pude contener los pájaros que aprietan mis nudillos, y me he volcado de madrugada sin ningún plan a hablarle a la pantalla del vacío. Como siempre salieron rimas. Para todos y para nadie. Compartir sin ser visto, ahí reside el don de la poesía. 


Tres aves salieron hoy volando

a pasear mis recuerdos por el cuarto.

Tres aves invisibles como el aire

estremecen esta noche mi descanso.

 

Tres aves emergen lentamente,

cerca de mí, con su batir de alas,

ojos rubí de noche en calma,

alzan su vuelo y luego. Nada.

 

Tres aves me empujan de rabia

a vomitar mis dudas en la mesa.

En su brillante frente de mil fuegos,

juego a desahogarme y siempre ganan.

 

Tres aves se deshacen en el cielo

y yo vuelvo al país de lo contrario.

A limpiar de nube negra las estrellas,

a barnizar con luz el calendario.

 

Tres plumas de colores de la noche

y un haz de maravilla en el pasado.


Por más que tiempos felices

quiera rescatar de mi poesía,

lo que tal vez fue, ya no existe.


Una larga noche,

quizá un hermoso día.



Teresa Velasco Castillo 20/07/2026