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jueves, 6 de diciembre de 2018

Orgullo y perjuicio



Me siento orgullosa de la tierra que resido y presumo, aún hoy, después del polémico resultado de las elecciones, de ser miembro de una de las ocho provincias que conforman Andalucía. Porque se trata del contenido y no del continente. La Junta no es Susana Díaz, ni sus pechos transidos de espanto por un temor a lo nuevo.

Andalucía no es solo sol y playa, sino el arte que no nos queda con una tasa de desempleo que roza el 36%. Es la cultura que lucha por limpiar el  estigma de sus ropas. Es precisamente el estereotipo que no deseo para Cataluña, que, más allá de ser un problema soberanista es también un pueblo con sus problemas.

Hoy que mis hermanos estudian el feudalismo como un hecho pasado, seguimos dividiendo nuestra hacienda en tristes votos, buscando la ecuación unánime que dé solución al quiero y no puedo del gobierno. Pero, ¿alguien ha pensado en el contenido, es decir, la persona que va en el voto?

Digamos que hemos traspasado la línea del “todo para el pueblo, sin el pueblo” y ya no sabría decir “para” qué o quiénes votamos. ¿Andalucía?, ¿ España?,¿ Europa?, ¿la derecha?,¿ la izquierda?, 
¿Cataluña?

Insistimos con más frenesí e inconsciencia que nunca en ser el predicado de una oración que no nos corresponde. No podemos obviar que Andalucía, como todos los conceptos del siglo XXI, ya no cabalga aislada en una esquina de la pizarra, pero tampoco deberíamos tomar nuestras decisiones en base a un Estado que cada vez que nos refiere es para subrayar nuestra carga y no nuestras aportaciones a la Economía Nacional.

Solo pido que, ya que no se vota por la “polis andaluza” se haga al menos un pacto que no vaya en perjuicio de su gente. Que no retrocedamos ni un paso en los derechos que la mujer ha ido recopilando a lo largo de siglos con tanto esfuerzo y tan poco resultado en ocasiones.

Dejemos a un lado el número de votos en base a la escasa credibilidad de los medios y empecemos a gestionar  las ayudas del Fondo Europeo para su aplicación y no para su justificación.

Que no nos engañen con el continente, que echamos la culpa de lo que perdemos a otros, mientras el contenido se vacía desde las carnosas lenguas de nuestros políticos hacia su mal trabajo  independientemente de la bandera que porten.

Teresa Velasco Castillo

viernes, 17 de noviembre de 2017

La voz del poeta en Málaga TeVé


Hoy quiero compartir desde la Tarde Irónica el programa "La voz del poeta" de ayer jueves 16 de noviembre en Málaga TeVé y agradecer  a Maria Angustias Moreno  la oportunidad de colaborar en un espacio dedicado a la poesía. Gracias también a Diego Bandera por acogerme en su programa y por prestar atención a algo tan necesario como la poesía.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Antonio Márquez: “Todos los silencios son aplausos”


¿Se han preguntado alguna vez qué porcentaje de lo que queremos comunicar llega realmente al público?¿Han sentido el eje de la tierra quebrarse bajo sus pies ante una conferencia? ¿o tal vez las ideas agitadas como olas en tropel sin una orilla que les de asilo?

Son algunas de las cuestiones tratadas el pasado miércoles 8 de noviembre en el taller de técnicas para hablar en público, donde Antonio Márquez y Gema Campos, expertos en coaching y psicología de mercado, dieron algunas claves para la gestión eficaz del miedo ante una exposición.

“Yo camino entre ovaciones ” decía Antonio Márquez, quien sostiene que cada silencio es un aplauso y que el éxito de la oratoria comienza por creernos que somos capaces de hacerlo.
Gema Campos, por su parte, hizo mayor hincapié en la visualización del miedo como una emoción no necesariamente negativa: “necesitamos un nivel 5 de miedo en la escala del 1 al 10 para preparar nuestro organismo ante un reto”. Si no padeciésemos un mínimo de nerviosismo, efectivamente, actuaríamos como auténticos temerarios, que no como valientes.

El taller, que se completó hasta llenar aforo, fue un recorrido a través de luces que trasladaron su color del “tengo que” al “voy a” fundiéndose con una atmósfera de creciente satisfacción entre el variado perfil de alumnos/as.

A nivel práctico, se trabajó la vocalización por medio de trabalenguas, la toma de conciencia a través del uso de dispositivos móviles y cámaras, la respiración a través de técnicas de relajación y la puesta en acción mediante una autopresentación que supuso el hilo conductor de la clase.

Se tuvo muy presente en todo momento la importancia del feedback, entendido como crítica constructiva y, para ello se hicieron propuestas entre el alumnado que enriquecieron favorablemente la dinámica del grupo.

El taller, finalizó a las 14.00 h y fue promovido por el Instituto Municipal para la Formación y el Empleo desde el Ayuntamiento de Málaga, organismo que acomete este servicio gratuito dirigido a empresas, empresarios, pero, sobre todo a personas con ganas de aprender y seguir formándose en valores.


Teresa Velasco Castillo. 

lunes, 16 de octubre de 2017

La generación perdida

“Para café, café, cómprese una cafetera.” Algunos recordarán aquel eslogan que, queriendo vender café, acabó por convertirse en la realidad de nuestros días. Si queremos “cine, cine” tendremos que hacer nuestra propia videoteca y si se trata de buenos documentales, “despedida y cierre” es lo mejor que vamos a encontrar en los medios.

Este 18 de octubre se cumple un mes desde que en mi familia nos suscribimos a Netflix y, sin desdeñar los servicios que la compañía ofrece, ésta deja mucho que desear en cuanto a oferta documental se refiere.  El gusto por buenos contenidos, parece, quedó enterrado junto a la generación perdida, y no me refiero a Fitzgerald o Hemingway, sino a gente común que marcó una tendencia basada en los buenos modales y el trabajo. Todo ello sin acceso a la educación, los libros, las redes o el conocimiento que hoy están al alcance de un niño/a.

Hablo de aquellos que llevan las condecoraciones debajo de la camisa y el dolor en el alma, pero fuera, fuera siempre  saludaban con un  “buenos días”. Hablo de los que no conocían más fórmula para las matemáticas que el trabajo, de los que preguntaban por los demás antes que por ellos. Hablo de los que van al cielo cerrando uno de los capítulos más tristes de este país.

Hombres y mujeres que nunca habrían imaginado incendios como el de hoy en Galicia porque respetaban la madre tierra por encima de todo y sin rencores. Nadie les pedía sensibilidad, les era innata, ¿debería serlo?
Desde luego, no es la mejor circunstancia la de ser honesto por los empedrados de nuestra sociedad.  Interesa más bien distraer la vista a propósito y permanecer con los ojos emborronados por películas Blockbuster  de las que fácilmente vemos en Netflix.

Con ello no reprocho a mis coetáneos entre los que se encuentra la generación “ni-ni”, pero también la generación más formada y abierta al mercado internacional que nunca hemos tenido en España.

No todo es éxodo y llanto, como decía Manuel Alcántara esta mañana en su columna. Así que yo, como él, también creo que hay motivos para brindar y hoy quisiera hacerlo por una generación que muere desde el silencio en una humanidad ensordecida por el ego.  


Teresa Velasco Castillo

viernes, 6 de octubre de 2017

La condición indispensable del saber

Si algo puedo sacar en claro del “Procés” catalán es que el saber no es condición indispensable para lanzarse a opinar en redes dejando seco el tintero de las emociones. Pero, ya lo decía Samuel Johnson, “que la gente vulgar exprese sus ideas con claridad está lejos de ser cierto” y con ello no llamo a la censura, si no a la cordura de los medios, supuestamente el cuarto de los poderes desaparecidos.

Hay, en todo este conflicto, un lenguaje que rezuma hipocresía y patriotismo y lo que más me preocupa es su propagación entre las masas, así como se reproducen hasta los términos de un estanque las ondas provocadas por la caída de una piedra.

Que Pep Guardiola o Gerard Piqué no puedan defender su causa sin recibir insultos, me preocupa.  Que los hijos de guardia civiles vayan a la escuela con la cabeza gacha, más que preocuparme, me asusta.

Porque en un pueblo ansioso de compromiso, cada término venido desde arriba  se perpetúa y consagra sin la comprensión y contextualización que debiera acompañarle.

Se habla de aplicar el artículo 155 de la Constitución cuando el Senado anda de vacaciones y más dividido aún que la sociedad catalana. Las autoridades independentistas han atropellado las leyes de forma inaceptable, sin Reconquista ni “historicismo” que valga. Y nosotros seguimos mandando chistes por WhatsApp.

La sociedad se encuentra dividida, vaga, ansiosa, perdida y disgustada de su estado actual y el anterior en que vivía como una joven que sale de la adolescencia rompiendo con los juguetes que conformaron su infancia. El problema, es que esta niña no encuentra un referente paternal que la guíe y, en su lugar, los representantes continúan anclados en la indigencia política y el no diálogo.

La derecha histérica no puede admitir que tarde o temprano se consulte a los catalanes sobre aquello que todos nos preguntamos “¿cuántos verdaderamente quieren la independencia?” Y la izquierda, más y menos moderada, no va a hacer la excepción de asociarse con nadie y perder votos.

El Rey, en su discurso, se muestra autoritario e intransigente, pero, ¿qué esperan de alguien cuya función está encasillada y obsoleta? Si España no se considera suficientemente adulta como para no depender de esta forma de Estado, no pidan encima un rey republicano, que ya bastante incoherencia es tener dos reyes y que no trabaje ninguno.

En resumen, la palabra independencia se ha convertido en un síntoma de ignominia tanto para los que son partidarios de la misma como para los que prefieren la unidad. Se ha simplificado todo al sí o no, pasando por alto la reforma institucional como elemento indispensable para crecer y aceptarnos sin quebrar el permiso paterno.

El Govern catalán ha despreciado cualquier alternativa con la esperanza de un  convite incierto que espera que paguemos los españoles. La respuesta no es matarlos de hambre, sino comprender el carácter de cada ingrediente del conflicto con el auxilio de una reflexión sólida.

Teresa Velasco Castillo


martes, 26 de septiembre de 2017

La sanidad, ¿vela por la salud?


Seguramente, si has tratado con alguien mayor que tú, habrás oído aquello de que antes no existían tantas enfermedades, pero ¿existen realmente? Y, de ser así ¿cuál es su causa u origen?, ¿se debe el incremento de patologías únicamente a la mutación de microorganismos?

Desde el origen de la medicina con Hipócrates, son muchos los elementos que se han ido introduciendo en el ámbito farmacológico y de la salud, si bien, lo que más debería llamar la atención de los medios es la insondable tergiversión del célebre juramento hipocrático que sentó las bases para una práctica consecuente de la disciplina.

Ya en la República de Platón vimos cómo la sociedad enferma surgía de un conflicto de intereses entre nuestra posición como mercenarios y artesanos ante un mismo escenario. A día de hoy, la brecha entre el negocio de la enfermedad y el enfermo es tal, que preferimos cronificarnos y asumir los gastos en lugar de afrontar el abismo.  ¿Dónde queda el valor humano por tomar parte de la sociedad que nos rodea?

Asumimos que los gastos en investigación para sacar un nuevo fármaco a la luz son enormes. Casi tanto como lo que gana un futbolista. Pero basta leer la letra pequeña del prospecto para conocer los efectos secundarios.

En 2012, un artículo del British Medical Journal señalaba que, frente a los 1.300 millones de dólares que se cree, cuesta esta inversión, el coste medio de un nuevo medicamento se sitúa en torno a los 60 millones, de los que un 84% es financiado entre el Gobierno y el consumidor. Esto es, la empresa farmacéutica alcanza tasas de ganancia del 20%, superando ampliamente el 15,8% de los bancos comerciales a los que tanto nos cuesta rescatar.

Esto debería bastar para motivar al sector hacia el avance y descubrimiento de productos cuya función final es la de salvar vidas. Sin embargo, el círculo del 99 extiende su mancha también hacia la salud y, con la idea de prolongar el negocio, en lugar de curar enfermedades nos convierten sistemáticamente en pacientes. Las enfermedades llevan a las medicinas que llevan a más enfermedades y, así, el crecimiento pasa a ser exponencial.

Existen, no solo estudios, sino artículos y reportajes que deberían abrirnos los ojos al respecto, si bien los medios de masa, principalmente el telediario, no ayudan demasiado.
Si definimos a la farmacéutica como un sector empresarial que pretende la ampliación de su beneficio con el mínimo de costes, no debemos entender el sector de la comunicación como algo muy distinto. Cuando en el mercado se introduce un nuevo producto, éste será noticiable por el factor novedoso y, por consiguiente, se destacarán sus propiedades haciendo hincapié en el gran avance que supone para la humanidad.  Nada que ver con la realidad.

Los países conceden patentes por 15 años a las empresas farmacéuticas que comercializan su producto como marca registrada durante este tiempo. Una vez la patente expira, el producto se convierte en genérico y su explotación se extiende a todo el público. Es entonces cuando la industria “invierte” en lo que se conoce como medicamentos “yo-también”; una gama de fármacos que suplen las mismas funciones que el anterior con un pequeño diferencial.

Según datos de la FDA estadounidense (el organismo que autoriza a la venta de estos fármacos) solo un 20% de la inversión se destina a productos que aportan una mejora terapéutica notable. El resto serían medicamentos “yo-también”.

Mientras tanto, siguen aumentando las cifras de fallecidos por las conocidas como enfermedades “olvidadas”, en su mayoría enfermedades tropicales que no interesan al negocio.
 En 2001, el grupo Médico Sin Fronteras publicó un informe titulado Desequilibrio fatal donde se concluye que las patologías que afectan principalmente a sectores deprimidos de la población mundial no tienen demasiadas opciones terapéuticas disponibles y no se pretende su investigación.
El 90% de los recursos sanitarios se dedica a la investigación de enfermedades que afectan solo a un 10% de la población, localizada, obviamente, en países desarrollados.

Al final, cuesta más camuflar todo este esquema de negocio que una práctica consecuente y profesional en el ámbito de la salud y conseguir un organismo verdaderamente independiente que regule el sector. Pero harán falta muchos lectores de letra pequeña para cambiar la forma gráfica del prospecto.


Teresa Velasco Castillo


sábado, 21 de marzo de 2015

Casos que ponen en riesgo el futuro del sistema dual de radiodifusión


Tal cual lo tratamos en clase de Medios Públicos aquí dejo la reflexión acerca del riesgo por que pasa nuestro sistema dual de radiodifusión. A diferencia de otros textos, tal vez éste sea menos divulgativo y tome un carácter más específico de la materia, si bien, más de uno estará de acuerdo en que algo falla en nuestro sistema comunicacional. 


Casos que ponen en riesgo el futuro del sistema dual de radiodifusión: Italia y España

Considera la Unión Europea en la resolución dictada en 2010 como esencial la convivencia de medios privados y servicio público para la formación de la opinión pública y, por consiguiente, el adecuado ejercicio de la democracia.

Actualmente nos situamos en un proceso donde lo público y lo privado se enfrentan bajo el paradigma de la globalización y la creciente tendencia a la comercialización de contenidos y medios. Ello, sumado a la crisis y la mala gestión de algunos Gobiernos de la UE, ha dado lugar al desmantelamiento del sistema en países que, como consecuencia de su reciente incorporación a un régimen democrático, cuentan con escasas raíces en el marco de la comunicación independiente.

El caso de Grecia ha saltado a la agenda internacional con motivo del plan estatal para integrar los periodistas del sector de la difusión pública en la nómina de los funcionarios y renegociar el acuerdo colectivo nacional.

En Portugal, España y Francia, son también los gobiernos quienes ponen bajo presión financiera a estos canales para que recorten de su plantilla. Pero, ¿no deberían los gobiernos favorecer el ejercicio de la libertad de expresión y asegurar que los intereses comerciales no actúen en detrimento de ésta?

En países como Italia, objeto de nuestra reflexión, el Presidente del Consejo de Ministros no solo no ha resuelto su conflicto de intereses, sino que ha aumentado su cuota de control de medios a través de la empresa Mediaset haciéndose con el 51,023% de la misma. Como grupo privado más importante en el sector de las comunicaciones de Italia y de gran peso a nivel mundial, Mediaset busca únicamente su beneficio, ya sea en contra del Dictamen por la Autoridad de Garantía de las Comunicaciones o en perjuicio de los índices de audiencia de la competencia.

Expresado en otras palabras, el sistema italiano presenta o ha presentado una peculiar concentración de poderes económicos, políticos y mediáticos en manos de una única persona,  el Presidente del Consejo de Ministros italiano, a consecuencia de lo cual el Poder Ejecutivo controla todas las cadenas de televisión nacionales.
Esta situación no se ha mantenido sin reiteradas denuncias por parte del Tribunal Constitucional, a pesar de las cuales se siguen “favoreciendo casos de ocupación de frecuencias ajenas a toda lógica de fomento del pluralismo” en palabras del propio Tribunal Constitucional italiano.

Entonces, ¿puede el desarrollo tecnológico aplicarse a la diversidad cultural y el discurso democrático?
España tampoco parece un ejemplo. Situado en el puesto treinta y seis según los últimos informes de Reporteros Sin Fronteras y en el puesto 52 según una perspectiva más global ofrecida por Freedom House[1], seguimos arrastrando un notable déficit por herencia. Cada vez más, se abusa de las ruedas de prensa sin preguntas y, la polarización y las noticias preconcebidas desde la política se han trasladado al plano de las pantallas.
En comparación con Italia, lo que aquí se demanda no es únicamente el fin del monopolio, sino la total desvinculación de las estructuras del Gobierno y nuestro sistema de medios, así como un consenso entre los partidos mayoritarios por mantener unas líneas de trabajo que aseguren la pluralidad.

Comunicación y desarrollo parecen dos términos obligados a la convivencia por la corriente actual de pensamiento en occidente, pero ¿nos ha llevado el enfoque neoliberal a erradicar las desigualdades? Más bien todo lo contrario.
Precisamente las soluciones localizadas dentro de cada modelo comunicativo colisionan con los intereses de organismos transnacionales y, cada vez más, las relaciones comunicativas no expresan más que relaciones políticas.

A mi parecer, deberían promoverse algo más que recomendaciones desde organismos supranacionales enfocados a hacer accesible las comunicaciones a toda la ciudadanía. Y con ello, no me estoy refiriendo únicamente a las infraestructuras, ya contempladas desde finales de la II Guerra Mundial por autores como Rostov, sino a las claves para descifrar un sistema de comunicación cada vez más complejo.

Hoy día no tiene sentido plantearse la intervención estatal como alternativa a los oligopolios. Desde los años ochenta, algo más entrados los noventa en España, el Estado ha ido perdiendo legitimidad paulatinamente frente al poder de nuevos actores, ¿por qué seguimos confiando en ellos para la regulación del sector periodístico?

No se trata de escoger entre agencias de gobierno, grupos ciudadanos u organizaciones dispares dentro de los medios, sino de ceder definitivamente esta función al profesional de la comunicación.

La regulación por parte del Estado ha derivado en una serie de acuerdos con el sector privado para nada acordes con lo esperado y es por ello que hoy  el concepto de radiodifusión ha de renegociarse.

En el informe de la directora de medios de comunicación y sociedad de la fundación 1º de mayo, “los medios de comunicación en España”[2] se habla del “oligopolio imperfecto” por el cual dos o tres grandes grupos con presencia significativa en el sector de lo audiovisual pasarán a absorber en poco tiempo a los otros grupos, procedentes en su mayoría de empresas familiares.

Actualmente los tres mayores grupos de comunicación en España controlan más del 80% de la publicidad en televisión, más del 50% de las ediciones online de la prensa y la casi totalidad de los derechos deportivos.

El primero de estos grupos es Mediaset y su principal característica es que pertenece en su mayor parte a inversiones extranjeras, de ahí que se escogiese Italia como modelo comparativo. El poder mediático del Primer Ministro italiano, como vemos, no tiene fronteras y, como consecuencia, su dieta mediática se implanta en diferentes países con  pequeñas modificaciones que incentivan su consumo. Paradójicamente, el Burguer King hace lo mismo con sus hamburguesas.

En segundo lugar, el conglomerado surgido por la absorción de La Sexta por Antena3, Grupo Planeta, también con numerosas inversiones procedentes de bancos europeos y americanos deja fuera de órbita a grupos como Unedisa, Zeta, Godó o Joly.

El dominio de estos conglomerados lastra las posibilidades de negocio también a las nuevas soluciones multimedia y, en última instancia, pone en riesgo la independencia y el ejercicio de la libertad.




[1] Freedom House, Freedom of the press 2013. Disponible en: https://www.freedomhouse.org/sites/default/files/Global%20and%20regional%20tables.pdf
[2] Rivas, C., “Los medios de comunicación en España”. Disponible en: http://www.1mayo.ccoo.es/nova/files/1018/Informe72.pdf

lunes, 16 de febrero de 2015

El periodismo: un oficio de profesionales


Por fin iniciamos el segundo cuatrimestre y con ello me permito publicar aquí mi ensayo sobre la profesionalización del periodismo. Es largo, pero creo que vale la pena leerlo, igual que pienso que valió la pena el esfuerzo y tiempo dedicado a su redacción. 

Introducción

Ante la fuerte influencia del periodismo en la sociedad, muchos consideran que éste debería actuar como cuarto poder, si bien la ambigüedad existente en torno a esta labor ha propiciado que se conciba al periodismo como un contrapoder, oficio, labor, ejercicio, hobby, servicio, creación, enseñanza e incluso portavoz de poderes.
Igual que debemos aceptar unas limitaciones éticas en sustitución de una verdad sólida, es necesario establecer una serie de universales en torno al periodismo para considerar éste como profesión y no como oficio.
En la actualidad, las facultades de Comunicación Social se plantean como centros de enseñanza integral, con el fin de hacer del periodismo una profesión especializada. La demanda ha hecho que se cree un gran número de centros de estudio donde se enseñan las bases prácticas del ejercicio además de un trasfondo teórico que reflexiona sobre el rol de los medios de comunicación en la sociedad contemporánea.
En este sentido sería lógico afirmar que se trata de una profesión y que como tal requiere una titulación y unos conocimientos específicos ¿perjudica entonces el intrusismo en los medios? Según Judith de Brito, la presidenta de la Asociación Nacional de Diarios, la obligación de haber pasado por la Facultad “impide que talentos de otras áreas ejerzan la noble actividad de informar”.
Obviamente no podemos comparar la ciencia médica con los estudios de periodismo, pero es más que evidente que éste se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la democracia, estableciendo con ella una relación de interdependencia. Así, mientras la UNESCO lo identifica como disciplina del conocimiento, aún son muchos quienes piensan como Judith de Brito.
Numerosos factores hacen que una persona que no ha estudiado periodismo, de pronto, se vea inmersa en este entorno: vocación tardía o títulos concedidos por empresas con previo pago, por ejemplo.
 ¿Prevalece, entonces aún el oficio periodístico o debemos evolucionar hacia el periodismo como disciplina del conocimiento?
La cuestión que se plantea este ensayo ya la emprendió la FNPI (Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano) vía Twitter ¿Es necesario estudiar en una universidad para ser buen periodista? La pregunta fue planteada  por el profesor Víctor Núñez utilizando la etiqueta #SinUniMalPeriodismo y al igual que éste cree que “tenemos derecho a ser informados por profesionales”, trataremos de argumentar los principios por los que necesitamos profesionalizar el tratamiento de información hoy día, independientemente de lo que estudiase Carlos Herrera.

Origen del debate

Este debate viene a propósito de un pronunciamiento público de varias instituciones académicas de comunicación y de algunos gremios profesionales de periodismo. El comunicado al que aludimos señala que el “periodismo es una profesión” y, por lo tanto, su ejercicio sólo debería estar reservado para aquellos periodistas que acrediten su título académico como establecen algunas normativas.
Si bien no cabe, bajo ningún precepto, castigar a los “periodistas empíricos” por ejercer, debemos entender que en la realidad de nuestros días no es sostenible el periodismo como oficio.
Probablemente Gabriel García Márquez no se equivocase al afirmar que se trata de  “el mejor oficio del mundo”, pero si seguimos dando rienda suelta al relativismo y la simplificación, El Pensamiento Power Point se convertirá en la realidad de nuestras vidas.
La misma práctica del oficio, decía García Márquez, imponía la necesidad de formarse una base cultural. “La lectura era un vicio profesional”.
Recuerdo, en relación a esta cita, que cuando llegué a la facultad, apenas nadie leía prensa, ni mucho menos se planteaba dedicar los ratos de ocio a embeberse en alguna trama a través de las páginas de una novela. Ni que decir tiene que la poesía, a veces tan cercana a la realidad del periodista, no era más que un cero a la izquierda de las diapositivas que copiábamos sin leer.
No dudo de la base cultural de los grandes genios que, como en el caso de Miguel Hernández, se hacen a sí mismos, pero el grueso de la tropa, aquí en España, cuenta con unos índices de lectura muy por debajo de la media europea, que es del 19% frente a tan solo el 9% en nuestro país.
De otro lado está la confusión que esto genera a la ciudadanía ¿quién es periodista? ¿Qué es periodismo?
La ausencia de una ética afianzada sobre los géneros de información y de opinión en este ámbito  lleva a considerar cualquier medio de informar como periodismo, dejando a un lado la veracidad o el interés público.  Los medios audiovisuales, además, nos condicionan a la percepción rápida y llamativa de estímulos que nos apartan del análisis receptivo de la realidad. El resultado es que acabamos creyendo que informarse es fácil y que basta con dejar que las imágenes del telediario recorran nuestro sistema nervioso en busca de provocar algún estímulo. Informarse no es tarea fácil. Requiere pararse a comparar. Pensar. Reflexionar. Y, sobre todo, leer con la visión crítica que ofrece el conocimiento de teorías desarrolladas hasta hoy.

Razones históricas

Aunque más reciente que otras disciplinas del conocimiento como la medicina, el periodismo también tiene sus raíces históricas como práctica empírica y hoy alcanza su mayor conocimiento en las aulas universitarias. Ello es un indicador de avance y evolución de la cultura de una sociedad.
La necesidad de comunicación social es inherente en el ser humano definido como ser social por Aristóteles ya en el siglo V a.C:
            El ser humano es un ser social por naturaleza, y el insocial por naturaleza y no por azar o es mal humano o más que humano (…) La sociedad es por naturaleza y anterior al individuo (…) el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la sociedad, sino una bestia o un dios.  Aristóteles. Política
Para nuestro ensayo, en cambio, tomaremos como referencia el siglo XIX,  fecha de la cual datan los primeros estudios históricos de prensa. A finales del mismo afloran las escuelas o centros de formación para periodista y se formaliza la historia del periodismo como disciplina académica.
Es clave entonces la fundación a principio del siglo XX de la escuela de Periodismo de Columbia en Nueva York por Pulitzer, hoy todo un referente para los amantes de la prensa. Considerado como un representante de esta escuela, el profesor Carey, se muestra actualmente incómodo con la etiqueta reduccionista que se aplica a esta práctica y se presenta más como un analista crítico de la comunicación que apela a la necesidad de acercar la investigación en comunicación con los estudios culturales.
Entre 1883 y 1895, durante el desarrollo de la prensa de masas aparece el “new jouralism” en EEUU y se establece éste como referente de una profesión que, como indicábamos en nuestra introducción, requiere de una serie de infraestructuras y libertades que solo algunos países han podido permitirse a lo largo de su historia.
En España es asombroso, sobre todo, el resurgir del periodismo tras los años de oscura dictadura y cómo los medios buscan su espacio, su servicio y su público haciendo uso de los miles de recursos que la literatura ofrece a la profesión. Paradójicamente, es entonces, una vez superada la alianza tácita entre políticos y periodistas en busca de una transición pacífica, cuando se hace mejor periodismo. Digo paradójicamente, porque hasta 1971 no se constituye en nuestro país la carrera de periodismo como tal.
Sin embargo, los fundadores y analistas de diarios en esta época no provenían de Gran Hermano, como sucede hoy día en muchos programas : Juan Luis Cebrián, fundador de El País, se graduó en la Escuela Oficial de Periodismo en España y con solo 19 años ya trabajaba como redactor jefe en Pueblo, Juan Tomás de Salas, creador del Grupo 16, cursó Derecho en Madrid y se doctoró en Historia Económica en París,  Pedro J. Ramírez estudió Derecho y Periodismo en la Universidad de Navarra, y así con la mayoría de periodistas, muchos de los cuales ejercen actualmente como tal en medios de renombre.
A día de hoy el sector de la comunicación en España afronta el reto de recuperar tal prestigio y reivindicar su profesionalización y capacidad de influencia, según puede desprenderse de informes como el wellcomm que cada año anuncia el descenso del salario medio en este sector.
Y es en el momento en que el periodismo se convierte en una finalidad empresarial, cuando podemos despedirnos de nuestro mes de abril en España. La democratización de los contenidos pasa a significar, entonces, la banalización de éstos lo que, a su vez, propicia el tratamiento del individuo como masa y, si antes las clases bajas de la sociedad pasaban inadvertidas, ahora convergen  con el resto para sustituir al vocalista por un coro homogéneo de voces mediocres.
No obstante, sigue en plena vigencia lo que Beneyto, cofundador de El País, dijo hace más de medio siglo: “si una civilización puede penetrar en las masas, solo podrá hacerlo por obra de la Prensa; pero si esta Prensa no queda vinculada a la Universidad, el esfuerzo es inútil, porque lo que se trasvasa en la masa habrá dejado, al pasar, degradado y desvanecido, solera y color”.
No hace falta ser un genio para darse cuenta de que hoy los medios de comunicación están concebidos como un negocio más. Los anunciantes encuentran entonces un nuevo mercado por explorar y, poca a poco, tratan de desenvolver su público y clasificarlo en pequeños grupos temáticos, cronológicos, o de género.
Actualmente, cobra importancia la fragmentación de las audiencias y, aunque las tecnologías por definición tienden a unificar labores y a significar despidos, también es cierto que en esta ocasión requiere de un nuevo grado de especialización enfocado a un público cada vez más dividido.
Hay un hecho, por tanto, que para bien o para mal es el más importante en la vida pública de la Europa contemporánea. Este hecho parte del momento en que los editores descubren el componente mercantil de la información y explotan éste hasta tal punto que ha sido necesario desarrollar una disciplina específica: “empresa informativa”.  Pero no se puede considerar a la información como una mercancía más. Con ella hemos de satisfacer un derecho fundamental y básico de la sociedad democrática: el derecho a recibir información y a estar informados.
Decía Danton Jobin que “es importante, sin duda, para la comunidad que haya centros de enseñanza que preparen profesionales que no sean solamente buenos especialistas, sino que hayan sido convenientemente educados para soportar las grandes responsabilidades que se le atribuyen a todos los que usan aquel poderoso instrumento de acción social”, el periodismo.
Esta responsabilidad profesional está en declive, en parte también por la actitud del público ya adaptado al formato de las soft news.
En este ensayo se sostiene, por consiguiente, la necesidad de una sólida formación universitaria para corregir los productos periodísticos que hay en el mercado.
Sobre la amplitud en el grado de libertad en relación con el modelo empresarial, existen históricamente teorías de la prensa, adaptables a la totalidad de los medios. La teoría de la responsabilidad social de Siebert, Peterson y Schramm, bastaría como argumento para considerar la importancia del periodismo mucho más allá del oficio de escribir historias.
Es evidente que la tendencia se orienta inevitablemente hacia el modelo liberal, pasando por alto los valores del sistema democrático corporativo o pluralista polarizado. La falta de referencias sólidas deja en manos del mercado la información y los códigos éticos de los medios resultan una solución estéril ante la garra del libre comercio.
La solución pasaría por profesionalizar la comunicación y profundizar en un corpus científico que dotase de sentido a los medios. Responsabilizar de la información al profesional libre y no a la empresa, ya que la libertad es un atributo personal.
El profesor González Ballesteros en un artículo periodístico concluía que “la información en cuanto tal, por ser un derecho de todos, no puede ser objeto de tráfico mercantil, y mucho menos a priori”. Es preciso y urgente reconocer una profesionalidad a todos los niveles en materia de información. La profesora García Sanz dice en la introducción de su libro que el periodista, en cuanto autor, tiene el mismo derecho sobre su creación intelectual que cualquier otro autor no profesional de la información.
La profesionalización debería comenzar por reconocer la importancia en el mercado de la información de un trabajo que exige una percepción cada vez más aguda de la realidad que permita al receptor distinguir entre lo relevante de lo superfluo.

Razones sociales

En sus debates polémicos sobre el “provincianismo” y “elitismo” de la tradición crítica, Habermas nos descubre el lenguaje y la comunicación como base de un pacto social. Una filosofía para la transformación social que se apoya en la comunicación a través de la filosofía del lenguaje. La comprensión de la realidad es sobre la cual se constituye el eje de la consciencia transformadora, de la innovación social. En el lenguaje, afirma Habermas, está la base de la democracia, porque permite una comunicación e interacción eficaz, equilibrada y libre.
¿Es posible una comunicación eficaz, equilibrada y libre sin profesionales que se encarguen de asegurar este derecho?
Podría adelantar la respuesta dando a ver que donde están los medios, está el poder: en las agencias de noticias occidentales y norteamericanas. El presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, en el poder desde 1980, no empieza a existir en los medios hasta que las expropiaciones afectan a nuestro continente.
El papel de las grandes agencias de noticias como filtro, determina en gran medida lo que es noticia en el caso de la información internacional. Pero, en última instancia, la labor del corresponsal es la que hace posible imaginar la realidad lejos de nuestra rutina. Sin una visión humana del conflicto, la audiencia, las personas, seríamos incapaces de empatizar  con nuestro entorno.
Para conocer las dimensiones de un conflicto creemos suficientes con una imagen, lo que no sabemos es que no vale cualquier imagen. ¿Cuántas veces se han sentido engañados al pedir el menú de la foto en un bar? Si trasladamos esa impresión al ámbito de la comunicación social, nos encontramos con un sinfín de posibilidades detrás de cada foto: planos, enfoques, tonos… y todo ello sin contar con la manipulación que permiten hoy día programas informáticos como photoshop.
¿Cómo si no, de manos de un profesional, vamos a empezar a creer lo que vemos?
 Podríamos aplicar la duda metódica como recurso en nuestro día a día, pero a buen seguro acabaríamos cayendo: los seres humanos funcionan por emociones. Como diría Elsa Punset, autora de Una mochila para el universo, nos pasamos “dos terceras partes de nuestra vida cotilleando”, de ahí que los programas del corazón tengan tanto éxito, pero, ¿por qué lo hacemos?
La razón más primitiva la encontramos en nuestra familia ancestral, en nuestro instinto como animales. Es un mecanismo de supervivencia el de estar informados. Una necesidad tan básica como el comer o estar sanos.
La realidad está compuesta de miles de hechos no aislados. Un emisor escoge, en base a unos criterios de noticiabilidad, un material cambiante y lo mediatiza para convertirlo en un hecho de actualidad. Esta distorsión será menor en función del grado de profesionalización del emisor y su conocimiento teórico-práctico de los factores que convierten un hecho cualquiera en noticia.
Por último, el artículo 20 de la CE exige la veracidad en el caso de la información, lo cual se ha interpretado como necesidad de veracidad subjetiva, es decir, que el informante haya actuado con profesionalidad y diligencia, haya contrastado la información adecuadamente con al menos tres fuentes, que haya correspondido a su deber y a su público como cualquier otro profesional en su ámbito.
¿Qué le falta al periodismo para profesionalizarse desde el ámbito académico?

Evidentemente son muchos y muy variados los factores que influyen en la profesionalización del periodismo. A mi parecer, todo parte de una falta de consenso entre comunidades para tratar este trabajo como algo práctico o más bien teórico.
En las universidades de referencia mundial situadas en EEUU, parece que se da la razón a García Márquez cuando afirma que “el oficio se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente o en las parrandas de los viernes”.
Es sin embargo, motivo de estudio el modelo francés, donde los postulados teóricos asientan las bases de la formación en el servicio de informar.
España es, según mi experiencia, un intento de conciliación entre ambas concepciones, y digo intento, porque el modelo, “aún en pañales”, parece lleno de contradicciones.
En segundo de carrera, cursábamos una asignatura, técnicas del mensaje en prensa, repartida en torno al 60% teoría y 40% práctica. Desde el primer día de clase, nos hablaron de la importancia de comunicar bien por encima de comunicar antes. Debatimos sobre la necesidad de comunicar en tiempo real y su repercusión sobre el acontecimiento, siempre a favor de la calidad en detrimento de la cantidad. Sin embargo, nada más bajar a los laboratorios a realizar las prácticas nos exigían, recuerdo, “escribir bien y rápido”.
A menudo las fuentes no eran más que tristes notas de prensa policiales con las que jugábamos a alterar de orden las palabras y colocar comas donde la teoría nos lo exigía.
En investigación, nos enseñaban la importancia de las técnicas cualitativas, mientras que en sociología puntuaban con más nota a quienes más porcentajes y gráficos incluían en su presentación.
Los profesores parecían tener una idea completamente distinta de la materia que les tocaba impartir. El tiempo no les permitía investigar y convertía nuestros trabajos grupales en una competición a contrarreloj entre nosotros mismos.
Cierto que adquirimos conocimientos sobre materia audiovisual. Pero el tiempo no permite más que tocar un instrumento a cada uno. Esto es, a mí me tocó la cámara.  No me senté a presentar, a introducir vídeos o a controlar el sonido, igual que muchos no tuvieron la oportunidad si quiera de acercarse a la cámara.
En las clases teóricas nunca se ha dejado de incidir en la importancia de especializarse a día de hoy, pero la realidad, confiesan muchos, es que los recortes en plantilla obligan al periodista a hacerlo todo. ¿Especialización en todo? Parece bastante contradictorio.
Para hacer del periodismo una profesión hay  que dedicarle el tiempo que requiere e igual que en medicina no reducen los años de estudio, tampoco deberían ampliarlos o reducirlos en este caso. No es necesario reiterar determinados contenidos y sí profundizar en otros muchos.
Así, resultan alumnos muy bien formados en algunos aspectos y absolutamente ignorantes en otros. Y esto en el ingenuo supuesto de que quede claro cuál es el contenido esencial de la materia.
Por supuesto, es inconcebible el grado sin conocimiento de idiomas, área víctima de la mayoría de los recortes que se han venido aplicando desde que comenzase la crisis en 2008.

Conclusión

James Reston, del New York Times, ha escrito que “el futuro de la información depende de comunicar inteligentemente lo que está ocurriendo en el mundo. El mundo cada vez es más complicado. No se puede comunicar meramente la verdad literal. Hay que explicarla”.
Parece indiscutible la formación para interpretar los acontecimientos del día a día y es por ello que debe preocuparnos la actitud de muchos estudiantes que solo buscan un título para engrosar el currículo. El motivo, hemos visto, es la brecha entre Universidad y realidad práctica, con unos planes de estudio irracionales. 
Una vez se logre la conciencia sobre la importancia de los estudios universitarios en periodismo, podrán promoverse auténticas asociaciones de profesionales que no estén vinculadas a movimientos ideológicos y políticos.
Gonzalo Fausto, periodista al que entrevisté a inicios de la carrera, me enseñó la fuerza capaz de alcanzar un arma tan potente como es nuestro alfabeto. Si para hablar se deben cumplir una serie de premisas físicas, biológicas, educacionales, funcionales y psíquicas, para “decir algo” hay que conocer en profundidad el instrumento del que hacemos uso.
Para acomodar el mensaje, como decía Aristóteles “a los hábitos de los oyentes”, hay que conocer el significado de cada palabra de la proposición de que se trate.
Decía Martin Cohen, en El escarabajo de Wittgenstein, que “las personas creen que hablan de las mismas cosas cuando pueden estar discutiendo sobre temas muy diferentes, y lo que es más, puede que lo estén haciendo de maneras totalmente diferentes”. Ni siquiera la mejor formación garantizaría una comunicación sin posibilidad de malinterpretaciones, ¿sabe alguien que ni siquiera ha debatido sobre esto la responsabilidad que implica?
Nuestras limitaciones serán mayores, conforme menos conozcamos ¿o no es acaso, como afirmaba Wittgenstein, que los limites de nuestro mundo los constituye nuestro lenguaje?
Un profesional se distingue de otros por su conocimiento en materias que no están a disposición de todo el mundo. Copiar notas de prensa del gabinete de  la policía puede hacerlo cualquiera con acceso a dichos datos, pero contextualizar los hechos con suficiente criterio en base a una serie de conocimientos práctico-teóricos ya es cosa de profesionales.


 Teresa Velasco Castillo




jueves, 5 de febrero de 2015

Sobre cómo cargarse la educación


Emprender hoy una traducción adecuada del modelo educativo en España es un proyecto que, a juicio de todo sinólogo profesional, requiere de justificación expresa. Pues bien, la posible aprobación del denominado Decreto 3+2 es razón más que suficiente para hacer una pausa entre tanta actividad suscitada en el gremio. Una medida que se ha encontrado con el rechazo frontal de las instituciones académicas y de los alumnos.

Aún recuerdo el momento en que a fin de “converger con Europa” se apostó por titulaciones de cuatro años más uno de postgrado, lo que a día de hoy sigue provocando extrañas formas de convivencia no siempre cómodas.

Ahora, como si de cualquier cosa se tratase, se plantea la reestructuración completa de un proceso complejo y costoso en el tiempo que llevaría, entre otras cosas, a mezclar varios planes de formación distintos. Es más, a este paso, para cuando los antiguos licenciados logren convalidar su carrera, ésta ya habrá dejado de estar vigente. Y es que en España se cambia más de modelo educativo que de dirigentes, lo cual no dice mucho a nuestro favor. 

Pero el martillazo decisivo para desplomarlo todo llega al destapar la posibilidad de que cada centro decida qué sistema ofrecer a sus alumnos, lo que deriva en asimetrías dentro de una misma ciudad. Curiosa manera de converger la de nuestro ministro de Educación. Me pregunto si el día de mañana mi titulación será válida en el barrio de mi abuela.

El carácter enigmático y difícil de nuestros “líderes” pareciese una barrera insalvable para la convergencia ¿por qué no un 3+2 al mismo precio? O mejor, más barato. ¿ Por qué no emplear el esfuerzo y los resultados como barómetro de garantía en vez del dinero? Tal vez así, quienes arrastran asignaturas con esperanza, pero sin convencimiento, decidiesen espabilar y, quienes se esfuerzan no se viesen lastrados por un gasto “inasumible para la mayoría”, según denuncia el Sindicato de Estudiantes.


No soy la más indicada para señalar el rumbo que ha de seguirse cuando ni siquiera sé cuidar de mí, pero al menos no me meto en política. Así que, señor José  Ignacio Wert, si no sabe qué hacer con su vida, deje en paz la de los demás. 


Teresa Velasco Castillo

lunes, 15 de diciembre de 2014

Identidad profesional

Ya está aquí la presentación sobre identidad profesional expuesta hoy en clase.

 Identidad profesional (Pincha en el título para ver presentación)

 por Teresa Velasco Castillo 



Identidad profesional

La identidad profesional no surge espontáneamente, sino que se constituye a través de un proceso complejo, dinámico y sostenido en el tiempo que resulta de la generación de colectivos críticos que articulan, a partir de la reflexión conjunta, sistemas simbólicos, experiencias y representaciones subjetivas.

Este profeso de construcción comienza en los programas de formación inicial y continúa a lo largo de toda la vida profesional de una persona.

El término de identidad se define tomando en consideración que la identidad personal y profesional es a la vez una construcción subjetiva y una construcción social, esto es, se distinguen dos dimensiones: la identidad para sí y la identidad para otros.

En el caso del perfil de Mercedes Milá, encontramos varios puntos de inflexión esenciales para la formación de dicha identidad:

  •           Empieza la carrera de Filosofía y Letras, pero pronto se dio cuenta de que su camino era otro y comenzó con Periodismo del que se graduó en 1974.
  •           Comenzó por la prensa escrita en secciones deportivas de la revista “Don balón” y en “El correo de Andalucía” hasta entrar en la radio de manos de Luis del Olmo en el programa “A toda radio” durante tres años.  (buscar artículo de don balón)
  •           Comenzó a ser un rostro conocido cuando, en 1978, fue seleccionada para presentar junto a Isabel Tenaille el programa de entrevistas Dos por dos, de Fernando García Tola.
  •           En 1982 presentaría Buenas noches que inaugura un formato de debate y entrevistas producido por su pareja de entonces, José Sámano, que se convirtió en uno de los éxitos de la temporada. Después vendría De jueves a jueves, de características similares.
  •           Tras un breve paso por TV3 con el programa Dillus, dilluns, en 1988, y de nuevo en TVE con El martes que viene, en 1990, vuelve a la actualidad al ser fichada por Antena 3 para conducir el espacio de debate Queremos saber que se hizo célebre gracias a una entrevista a Francisco Umbral, quien se enfadó por no ser preguntado por el libro que promocionaba.

Credibilidad

Término procedente del vocablo latino credibilis, hace referencia a la capacidad de ser creído. No está vinculado con la veracidad del mensaje, sino a los componentes objetivos y subjetivos que hacen que otras personas crean (o no) dichos contenidos. Para tener credibilidad, la persona o información deben generar confianza en los demás.

Los  políticos y periodistas deben resultar creíbles, de lo contrario sus trabajos pierden importancia. El periodista que no sea creíble no encontrará buena recepción por parte de su público.
Un ejemplo de honestidad traducida en credibilidad y manifiesto en votos es el que Mercedes Milá recuerda en el Huffington Post:

 Adolfo Suárez jamás pidió conocer el contenido de aquella entrevista. Las preguntas las escribí yo misma a mano tras leerme cientos de papeles que mis compañeros del programa me habían entregado. Nadie supo, hasta que él las escuchó, ni una sola de aquellas cuestiones que, contestadas por él con honestidad y valentía, le hicieron ganar tantos votos. Pudieron sospecharlas, intuirlas, pero jamás conocerlas con certeza para poder prepararlas como si de una chuleta para un examen se tratara. Ahora que está muerto podrán decir lo contrario, nosotros sabemos a la perfección cómo fue aquella noche preciosa en los estudios de TVE. Me repugna, eso he dicho en la primera línea. Me repugna la traición, la deslealtad que significa explicar algo que nadie podrá contradecir.

La entrevista a la que se refiere tuvo lugar en el programa Jueves a Jueves emitido antes de que llegasen a España las televisiones privadas.

Independencia

Muy en relación con la distancia al poder del periodista, así como del grado de intervención estatal y del mercado, se encuentra la independencia del comunicador. El caso de Mercedes Milá se vuelve complejo,. Si bien por sus últimos años de carrera y tras el éxito de Gran Hermano puede considerarse que esta periodista ve a la audiencia como consumidora, no podemos pasar por alto el trabajo previo y la vocación investigadora reflejada en Diario De, que compaginó con el Reallity de Telecinco y al que ha vuelto tras la decimocuarta edición de éste. El programa, producido por SALTA producciones en colaboración con Agencia Atlas trata sobre personas anónimas que denuncian una causa concreta. Dentro del sector audiovisual, podría considerarse una de las iniciativas de carácter más independiente.

En la Redacción de Diario de además, se desmantelan tanto tramas de corrupción empresarial como asuntos en relación a las administraciones públicas y, en un primer análisis no parece discriminarse a favor de ningún partido, por lo que se deduce independiente en este aspecto.

Conclusiones
  •           La identidad profesional es resultado de un proceso donde intervienen formación, experiencias, credibilidad e independencia
  •           Las dos caras de Mercedes Milá
  •           Una identidad más definida no significa mejor periodismo ¿o sí?

sábado, 1 de noviembre de 2014

José Yoldi: "Ante la duda haz periodismo"


Buenos días a todos los seguidores fieles de este blog. Hoy tengo el honor de publicar perfil y entrevista con un gran periodista: José Yoldi. Espero que la disfruten 



Perfil




José Yoldi, también conocido como Txetxo Yoldi, nació en 1954 en San Sebastián
(País Vasco). Se licenció en Ciencias de la información por la Universidad de Navarra, en contra de los deseos de sus padres: “Mi madre quería que fuera médico y mi padre que estudiase derecho, pero acabé estudiando periodismo”.

Acabados sus estudios, comenzó su etapa en la agencia Europa Press, que se prolongó seis años, y fue aquí donde se especializó como periodista en temas jurídicos, tribunales y terrorismo casi por casualidad, ya que era la única sección vacante. Aun así, con el tiempo, sacó partido a la situación puesto que  “varios medios que estaban en su ocaso’’ (Pyresa, Pueblo o Ya) y algunos emergentes, como El País, no repararon en la gran fuente de noticias que tiempo después sería la Audiencia Nacional.

Su carrera profesional la desarrolló, en su mayoría, en el diario El País, donde formó parte de la plantilla durante veintinueve años, desde 1983 a 2012. En ese periodo también ejerció como corresponsal de interior y miembro del equipo de investigación del diario. Su especialidad le llevó a cubrir la mayor parte de los juicios importantes que se celebraron en España, con amplia repercusión informativa. Cabe destacar la instrucción y la vista por el  golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, el de la intoxicación masiva que se produjo en España tras la ingestión de aceite de colza desnaturalizado o el juicio por los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Además, fue el periodista que destapó los viajes no justificados con cargo a los fondos públicos del Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Divar, que finalmente llevaron a la dimisión del mismo en junio de 2012.

En 2009, el Institut de DretsHumans de Catalunya le galardonó con el Premio por la Defensa de Derechos Humanos por una serie de artículos de análisis y opinión sobre la vulneración de los derechos humanos por parte de Estados Unidos y otros países que el periodista escribió en su última etapa en El País. En enero de 2013, por el trabajo realizado en el caso Divar, la Asociación de la Prensa de Madrid le concedió el Premio Víctor de la Serna, que le reconocía como el periodista más destacado del año, y señalaba que «la investigación, realizada con rigor y contraste de las informaciones, condujo a la dimisión irrevocable de Dívar». Yoldi fue uno de los 129 periodistas expulsados de El País en noviembre de 2012 por un ERE. El periodista y otros compañeros resultaban incómodos a la dirección del medio puesto que exigían que se cumpliera el libro de Estilo y el Estatuto de la Redacción.  

Desde septiembre de 2013 colabora con Cuarto Poder, un diario de blogs en el que se publica  "A cota de periscopio". Es autor del libro “El último recurso”, un compendio de artículos publicados en el diario El País entre los años 2010 y 2011 y del libro “Peor habría sido tener que trabajar”, que recoge una serie de anécdotas profesionales y algunas claves del periodismo de tribunales.

También es coautor de los libros “La presunción de inocencia y los juicios paralelos” y “El derecho en los medios de comunicación”. Actualmente, este referente de la información judicial está a punto de publicar su primera novela, titulada “El Enigma Kungsholm”, basada en un caso en el que trabajó durante su periodo en el Equipo de Investigación de El País. La protagonista es una periodista de un diario de referencia de Madrid.

Yoldi no es un periodista que destaque por peculiaridades en su narrativa ya que el tema en que se había especializado exigía un rigor y una exactitud propios del periodismo informativo más puro. Por ello, durante muchos años, todos los que estuvo en Europa Press y la mayor parte de los que estuvo en El País, el estilo fue eminentemente informativo: claro, conciso y austero. En sus textos se reconoce la estructura de  pirámide invertida periodística, excluye el uso de adjetivos y describe lo que ocurre en cada momento intentando ser lo más fiel a la realidad.

La ironía es uno de los aspectos más destacables de sus escritos de análisis y de opinión en su última etapa profesional.
He aquí un ejemplo en la entradilla de Un tránsito hacia la nada, sobre el final del macroproceso contra los dirigentes de Batasuna:

“¿Para qué vas a correr si no sabes adónde vas? Ese proverbio africano parece ser la inspiración de los jueces de la Audiencia Nacional que, al menos en los últimos años, han tenido responsabilidad sobre el caso Batasuna”.

Una manera bastante atractiva de comenzar el texto, ya que la pregunta retórica lleva directamente al lector a introducirse en un caso demasiado complejo para ir sin “adornos”.

Con los artículos de opinión en El País, enmarcados bajo el epígrafe de El último recurso -definido por el propio autor como “espacio personal y lugar de encuentro sobre temas jurídicos, periodismo y otros aspectos de interés”-, el estilo pasa a ser más irónico y muchas veces por necesidad y otras por autoprotección, ya que uno no puede llamar corruptos, por ejemplo, a los magistrados del Tribunal Supremo. Por ese motivo, a veces es un estilo más interrogativo que afirmativo. No hay frases tajantes, aunque se sugieren. "Parece que...", "Da la impresión de que...", etc., concluyendo con preguntas retóricas o dirigidas a los lectores: ¿no les parece que hubiera sido mejor pedir la llave que tirar la puerta abajo?, por ejemplo.

Un amigo para atravesar la noche es uno de sus textos, plagado de frases cortas, pero cargadas de ironía (Ejemplo: Puede que Rajoy sea el gafe que hizo esperar a los chicos de la selección más de una hora y ahora estemos pagando aquella espera).

El mérito de Yoldi reside en alcanzar un alto grado de veracidad respaldado sobre la teoría orteguiana del perspectivismo: las múltiples caras de un solo hecho encajadas en el puzle que mejor imita la realidad. Por ejemplo, en uno de sus artículos, Bombazo de construcción masiva, se alude a los policías que, junto con sus familias, sufrieron el acoso de los medios que respaldaban la teoría de la conspiración acerca del atentado. Esa persecución, asegura en su artículo, llevó a la mujer del comisario de Puente de Vallecas durante el 11-M, al suicidio.

El vasco se ha convertido en uno de los periodistas referentes de nuestro país por su capacidad innata para situarse en el momento justo y el lugar idóneo para conseguir informaciones y primicias a las que solo él ha conseguido acceder y su carisma a la hora de ganarse la confianza de jueces, fiscales, secretarias, abogados y de todo aquel que tuviera relación con los tribunales. Un ejemplo de ello es El Caso Dívar. Cuando Carlos Dívar, ahora ex presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Supremo, presentó su dimisión en junio de 2012, su conciencia estaba tranquila.

Fue, según la Asociación de la Prensa de Madrid, gracias a “la investigación de José Yoldi, realizada con rigor y contraste de las informaciones, lo que condujo a la dimisión irrevocable de Dívar”, aunque en más de una ocasión éste diga lo contrario: “Carlos Dívar se hundió solo, si hubiera dicho que se había equivocado hubiera seguido tranquilamente en el cargo”.

Sus trabajos han sido escritos con una mezcla de indignación y admiración humana adjuntas a la seriedad investigadora y persistencia del profesional. Tanto es así que aún a día de hoy, diez años después de la matanza que asoló Madrid el 11 de marzo de 2004.

José, Txetxo para los amigos, sostiene que las reivindicaciones realizadas por el comando de yihadistas que se suicidó en Leganés vinculaban los atentados de los trenes de Madrid a la presencia de tropas españolas en Irak y Afganistán.

Independiente de verdad y contrario a la censura ha difundido algún reportaje que le fue censurado en El País, como uno sobre el juez instructor de los atentados del 11-M. “El respeto, como la credibilidad, se lo gana uno día a día” se leía en la carta dirigida al por entonces director del medio Javier Moreno.

Ese respeto, sin duda se lo ha ganado haciendo público día tras día lo que nadie se atrevía a mencionar: el grave error de Juan del Olmo (que confundió las fechas en las que debía prorrogar la prisión preventiva de uno de los procesados del 11-M) o las infracciones cometidas por Carlos Dívar.

En su obra Peor habría sido tener que trabajar repasa su trayectoria contando, por ejemplo, cómo el juez Garzón se ofreció como cebo para dar caza a un comando de ETA. En esa obra se veía más que nada al prodigioso artífice del auténtico periodismo. Se trata de un estilo locuaz que traslada al lector sobre los detalles de cada caso sin aburrir con la descripción del mobiliario.

Como referente de la información judicial escribe dos blogs donde trata de explicar  el funcionamiento de la justicia, como por ejemplo, que la justicia no es igual para todos, como figura en la Constitución y solía repetir el anterior Monarca, como se demuestra, por ejemplo, al comparar el caso Urdangarín, en el que está imputada la Infanta, con el caso de Isabel Pantoja.



La frase “ante la duda, haz periodismo” parece describir su carrera mejor que muchas biografías y reseñas de internet.


 Entrevista a José Yoldi





P. ¿Cree que a día de hoy Dívar seguiría en su cargo del CGPJ si usted no hubiese hecho su trabajo?

Dívar era una persona absolutamente inadecuada para el puesto que ocupaba, ya que nunca había sido magistrado del Tribunal Supremo, ni había formado parte de un tribunal colegiado, ni había puesto una sentencia, ni había escrito ningún artículo sobre técnica jurídica.
Pero si tuvo que dimitir fue porque se equivocó en la gestión de la crisis. Si en vez de empecinarse en no dar explicaciones a nadie, se hubiera disculpado y hubiera dicho que era un error de interpretación de las normas, muy probablemente habría seguido en su puesto.
Por mi parte, aunque pude, porque tenía información al respecto, nunca quise publicar nada sobre sus relaciones personales. Solo denuncié que gastaba el dinero de todos los españoles para viajes y cenas privadas. Que éstas fuesen con su escolta o con cualquier otra persona ya entraba en un plano personal que yo considero que afectaba a la intimidad  y que no tenía por qué ser desvelado.

P. ¿Por qué motivo dejó de trabajar para El País?

Fui expulsado en un ERE junto con otros 129 compañeros. Yo era una persona incómoda para la dirección, porque desde  el comité de redacción exigía que se cumpliesen las normas del libro de estilo y del Estatuto de la Redacción. Exigí, por ejemplo, que se publicara la condena por acoso laboral al director de un periódico perteneciente al grupo Prisa, lo que evidentemente no fue del agrado de la dirección.
P. ¿Por qué el periodismo jurídico?

Mi madre quería que fuera médico y mi padre que estudiase derecho, pero acabé estudiando periodismo y acerté. En la universidad no aprendí periodismo, pero sí a leer. Las agencias eran grandes escuelas de formación de periodistas. Ahora, en cambio, los periodistas cada vez van menos a donde se encuentra la noticia. Los empresarios creen que a través de Internet se puede acceder a toda la información, pero yo creo que hay que ir a buscar la noticia donde se encuentra.

P. ¿Cómo ejerce un Gobierno presión sobre el medio?¿Qué pasó el día del 11-M en El País?

Aquel día, Aznar llamó a todos los medios. Con El País había habido un desencuentro mayor porque en los ocho años de Gobierno, no había concedido ninguna entrevista al periódico. El director Jesús Ceberio se creyó lo que Aznar le contaba: que había sido un atentado de ETA y cambió el titular de portada de la edición especial. De “Matanza en Madrid”, pasamos a “Matanza de ETA en Madrid”. Ceberio fue el único director de los grandes medios que picó, porque Aznar llamó también a otros directores que decidieron no confiar en su palabra. Aznar mintió para evitar que su partido perdiera en las elecciones del domingo siguiente, aunque como ya se sabe, no le sirvió de nada.
El Gobierno, en esta situación de crisis con muchos periódicos en quiebra técnica, puede presionar a los medios con ejecutar las deudas con Hacienda o con la Seguridad Social.

P. ¿Cuándo surge el paralelismo  (alineamiento de los medios con partidos )político vigente en la prensa de nuestro país?

El País, que nace en el setenta y seis, es un acierto porque responde a una demanda de información al final del franquismo. Con el tiempo esta empresa amplía su negocio hacia aspectos más rentables, pero la credibilidad no debe perderla. Un periodista en teoría no debe tener ningún reparo en criticar a todos los partidos políticos y denunciar los abusos que se producen, pero de un tiempo a esta parte eso se está perdiendo. Por ejemplo, cómo se publicó en El País la noticia sobre el  indulto de Alfredo Sáez, el primer ejecutivo de la banca en España, fue lamentable. En los periódicos internacionales ocuparon la primera plana, pero en el diario de referencia en España,  se publicó a dos columnas, en la última página par de economía y por abajo.  

P. ¿Por qué cree que ha dimitido Gallardón más allá de la ley del aborto?

Mi hipótesis es que Gallardón quería ser presidente de Gobierno. Cuando lo nombran ministro de justicia y le recortan el presupuesto,  la única forma de atraer la atención pasaba por presentar proyectos de ley que han acabado por ponerle en contra de todo el mundo: la ley de tasas, la reforma del Consejo del Poder Judicial o la ley del aborto.
Para llegar a ser presidente  Gallardón consideró que tenía que recuperar a la derecha de su partido, pero esa derechización ha chocado con la necesidad de Rajoy de ganar el centro, por lo que no ha permitido que esa ley salga adelante y al primero no le ha quedado más remedio que renunciar. 

P. ¿Hasta qué punto estuvo Juan Carlos I implicado en el golpe del 23F?

“¿Quieres que nos metan a los dos en la cárcel?” (Bromeando) Cuando Tejero protagonizó el golpe, el único poder del Estado que no estaba secuestrado, el CGPJ, se reunió en su sede de entonces. De su presidente, Federico Carlos Sainz de Robles y, de su portavoz, Gonzalo Casado, recibí el comunicado que condenaba la tentativa golpista.
Era la primera reacción y Europa Press dio la primicia. Con Tejero, Milans y Armada en prisión, se inició un proceso por delito de rebelión en el Consejo Supremo de Justicia Militar. Naturalmente, todas las actuaciones eran secretas, aunque trascendió que, en su cuarta declaración, Tejero había implicado al Rey en el conocimiento de la operación. Hay tantas sospechas en una determinada dirección que resulta difícil ignorarlas, ¿por qué el Rey no habló hasta la una de la mañana?... Yo te recomiendo que leas el libro de Pilar Urbano, la crónica de Martín Prieto en El País titulada “No, nunca, nadie, jamás” y que saques tus propias conclusiones.

P. ¿Qué periodista de referencia actual puede citar?

Periodistas admirables hay muchos, pero a mí me gustan los que trabajan a pie de obra. Carmen del Riego, presidenta de la Asociación de Prensa de Madrid, por ejemplo, que trabaja en la Vanguardia. También me gusta mucho Anabel Díez, de El País, y cómo hace las cosas en el Congreso, o Enric Juliana, de la Vanguardia. Hay mucha gente válida y comprometida. El buen periodismo puede que esté en muchos medios digitales, pero ninguno de estos acaba mencionado en las televisiones.

P. ¿Cree que el periodismo de hoy en día se ejecuta en la dirección correcta? ¿Por qué? ¿Qué modificaría?

El periodismo hoy en día está hecho un desastre. Los bancos y los poderosos dominan los medios, y estos en lugar de ejercer de contrapoder y de control de los políticos, están en manos de los poderosos que en muchas ocasiones forman parte de sus consejos de administración. Debería haber una regeneración ética desde los profesionales, pero me temo que tal y como está la precariedad de la profesión, no va a ser posible, al menos de momento.

P. ¿Qué consejo nos daría a nosotras que somos estudiantes de periodismo?


Yo creo que el periodismo es un oficio apasionante. Y el consejo es que trabajéis para ser las mejores en vuestro campo. Si tenéis un poco de suerte os lo pasaréis en grande y disfrutaréis mucho. Si lo que queréis es ganar dinero, igual sería mejor ser banquero corrupto, pero yo no lo recomiendo. Lo nuestro es mucho más bonito y divertido.