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La vida es irónica:
Se necesita TRISTEZA para conocer la FELICIDAD, RUIDO para apreciar el SILENCIO y AUSENCIA para valorar la presencia

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sábado, 19 de septiembre de 2026

Besos con nicotina

 Dice la canción que "cada boca tiene un sabor" y el del tabaco es especialmente desagradable para besar. Pero incluso así, en los labios adecuados, puede construirse un buen poema a partir del humo. 


Al latido de la semilla penetrando la blanca tierra,

al grito de la guitarra rota del instinto,

a la luz que escupe el umbral de lo distinto,

inasible por el tiempo, prisionero de ti, por dentro.

 

Sabía a muros de cal, estrella distante de ceniza.

Brillaba de insomnio que se hiela en los dientes.

Era el trazado de líneas que dibujan los pájaros con tiza

cuando juegan en el cielo de lo que uno siente.

 

Era el sabor de la yerba edificada en el deseo,

una colección de llaves de metal sin casa,

amargo como la espiga de trigo en el recreo,

saben los labios contigo a noche de luz escasa.

 

Desastrado como el delgado silencio del alba

que me quita la ropa, que me desnuda,

que me enseña a bajar la voz alrededor de la garganta

y a tropezar con el corazón sobre los ecos.

 

En la arena dorada que en los dedos se esfuma,

golpeaba la luna, yo y el viento

Y saben a mar de alquitrán los besos

que se dan cuando se fuma y se ama al mismo tiempo.

 

 

 Teresa Velasco Castillo septiembre 2026

jueves, 10 de septiembre de 2026

El último banco del espigón

 

Para quien viene de famila de pescadores, o simplemente tiene costumbre de sentarse sin más a ver la gente pasar y al fondo el mar. Para quienes conocen más la zona este de Málaga y han vivido episodios de su infancia entre los callejones que dan a la playa. Para quienes olvidan que han sido olvidados entre las cuerdas de una guitarra. Algo tan simple como eso es este poema. Un paisaje al borde del espigón y al borde de un verano que siempre quedará en mi memoria. 


Era su voz como un beso que se traba,

la voz del mar aquella noche de verano,

eran sus garras fusiles de soldado,

al borde de un ocaso que brilla sin dar llama.

Poco a poco, su frente alzó entre espumas,

un mar color de olivo y  grito arado.

Era su voz alacena de mil lunas,

la voz del mar aquella tarde de verano.

La noche levantando su corteza,

el sol de punta a punta muriendo

de ti, en mi cabeza, el tapiz

de arena dormida entre los dedos.

Era su sombra manto de azucenas,

sangre amarilla de un cielo en agonía.

Su lecho arrogante contra las olas hundía

y era su voz Sabina corriendo por mis venas.

Por sus jarras de piel salina mi amor exhalo.

Para un corazón que es templo saqueado,

su voz es bálsamo dorado en torno al cielo

robando besos por las esquinas del Palo.

Era su voz, la voz del mar, aquella noche de verano.

 


Teresa Velasco Castillo Septiembre 2026

 

 

 

martes, 8 de septiembre de 2026

Donde yo sólo sea

 

Empecé hará un par de días a darle vueltas a este poema. Partí de un instante en que, si bien la vida parece que se para, el mundo sigue y todo continúa al ritmo frenético de la gran ciudad. Me acordé entonces de la canción Donde habita el olvido porque todo sigue igual cuando uno vuelve a casa, pero siempre queda algo al fondo del cuarto del olvido. 

Donde sólo sea…

Donde yo sólo sea hoguera de amor

sitio donde tu nombre acaba

sol de metal que se me clava

como se clava la noche en mi costado,

dardo sobre dardo contra el alma.

Donde los labios se esconden

estremeciendo  las mejillas.

Ahí, donde quema, se apaga tu nombre

contra un solo río de hojas amarillas.

En ese  instante que ha cesado y permanece

luz incandescente, corriente de alquitrán,

en la forma de andar del que no frena

al borde de la acera, nuestro paso vence.

Ahí donde tu nombre acaba, habita el olvido.

A solas con tu ausencia, mi condena.

Donde yo solo sea hoguera de amor

ardiendo de ti, inútil existencia.


Teresa Velasco Castillo septiembre 2026

jueves, 3 de septiembre de 2026

Vendrá la muerte

Vendrá de muchas maneras. Como escribió Cesare Pavese, "tendrá tus ojos", puede que una mirada esquiva o tal vez se quede en silencio frente a frente. En cualquier caso, sé que estaré sola y seguramente sea hasta un alivio soltar la vida y liberarnos de su peso.  


Vendrá la muerte, como este amor, calladamente,

sorda, como un dique de mar quebrado en el estío.

Vendrá cuando a solas, sus cuchillos afilen las horas

 en que todo te lo digo y estás ausente.

¡Qué cansado el negocio de quererte sin motivo!

Vendrá la muerte inaccesible y pienso y digo,

ésta es la última vez ya que le escribo.

Vendrá la muerte a estancarse en el hastío.

Tendrá tus ojos, cuando me miras.

Tu olor cuando en mi pecho hundido,

en el latido de mi muerte, tú respiras.

Pero dame unos días y serán solo palabras,

tu voz amortecida, este mordisco de sol,

esta sombra de cipreses que se nos vierte encima.

Vendrá la muerte con tu nombre en la cintura.

Rasgaré mis venas de nostalgia escarnecida

Y, en unos días, serán palabras vacías de ti,

en boca muda.

Vendrá la muerte y se irá calladamente,

en la oscuridad que asfixia el ruido de las olas,

en este sitio, llena de aurora el alma,

Vendrá la muerte y será un alivio quedarme sola.


Teresa Velasco Castillo septiembre 2026