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martes, 10 de abril de 2018

¿Es posible ser, a día de hoy, Maquiavélico?

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La cuestión sobre la que me he propuesto escribir parte del interrogante que el actual filósofo esloveno, Slavoj Žižek plantea a propósito de Hegel. No es, sin embargo, mi intención la de reanimar la filosofía de Maquiavelo, sino la de abordar el resumen de mi última lectura sin obviar la vinculación de ésta a la política actual.

La obra del Príncipe se desarrolla bajo el auge de los “Estado-Nación” y en una época de conquistas, donde Florencia, ciudad natal de Maquiavelo, veía amenazada su integridad por la ambición imperialista. Es entonces, que Maquiavelo escribe un conjunto de principios que pretenden marcar la pauta para la unificación y defensa de su territorio y que rompen con la síntesis aristotélico-cristiana del paradigma previo al renacimiento.

A simple vista, se trata de un contexto bien distinto al de nuestro tiempo, si bien, muchos de los consejos que se recogen a lo largo de El príncipe son aún aplicables en el terreno de la política y el liderazgo.

RESUMEN

Primera parte

Son 16 capítulos breves los que componen este “manual para príncipes” del siglo XVI, de los cuales una gran parte de ellos (aproximadamente la mitad) sirven a la descripción de las principales clases de principado y los modos como se adquieren.

Existen, según este autor, dos formas de principado según su origen:

- Principados hereditarios: cuando impera una misma familia durante un largo periodo
- Nuevos, dentro de los cuales hacemos distinción entre aquellos que lo son enteramente (ej. Milán-Francisco Sforza) o aquellos que se adhieren a una corona ya existente, esto es, conquistas (ej. El reino de Nápoles con respecto a España).

Maquiavelo no se extiende en los principados hereditarios, ya que encuentra éstos más fáciles de mantener que aquellos principados de carácter nuevo. La cuestión que aquí sirve de base para lo anterior es que la propia antigüedad de los gobiernos y la rutina apaga los deseos de la población que, acomodada, decide no ejercer levantamientos. Sin embargo, en los principados nuevos, la población, con la esperanza de una mejor condición de vida, “empuña las armas contra el que los gobierna”.

Es interesante, en este punto, la comparativa que Maquiavelo hace entre la nomenclatura de la medicina y la política. Los “remedios” deben aplicarse cuanto antes mejor, pues, al principio los desórdenes (la enfermedad) son de difícil diagnóstico y fácil solución, mientras que con el tiempo se convierten en problemas fáciles de reconocer, pero de muy difícil cura.
De este modo, aquel que adquiere territorios nuevos tendrá que extinguir de forma severa la dinastía del antiguo príncipe y, si quiere percibir con tiempo los desórdenes, permanecer en el territorio conquistado.
Otro consejo muy resaltado es el de adherirse a los más débiles, de manera que ,su envidia por los anteriores explotadores les lleve a apoyar las medidas del nuevo principado, eso sí, sin permitir que aumenten su influencia.
Continuando con los tipos de principado que, según este autor, puede gobernar un príncipe, Maquiavelo aconseja la destrucción como el método más eficiente contra la rebelión, nos habla de la fortuna y del término oportunidad como la mediación entre la virtud del príncipe y ésta y destaca la “fuerza propia” del líder ocmo elemento decisivo en el discurso político.
A pesar de su fe en la fortuna, Maquiavelo demuestra a lo largo de toda la obra una significación práctica en su modo de abordar cada cuestión. Sostiene, pues, los defensores de una nueva institución no deben obrar unidos ni convencidos a consecuencia del miedo a sus enemigos y, con respecto a los recursos citados, siempre será mejor si se obtienen de forma autónoma. En la actualidad, este aspecto no depende tanto de las armas, a pesar de su potencia como mercado, sino de las fuentes de energía no renovable que obligan al pacto o la intervención de determinados países y que son la causa subyacente de la mayoría de conflictos bélicos de nuestro siglo.

De los principados nuevos adquiridos mediante la fortuna y con armas ajenas Maquiavelo destaca que, frente a los nuevos estados adquiridos con esfuerzo personal, la fortuna permite alcanzar fácil el reinado, pero hace difícil su mantenimiento.

También, dentro de los nuevos principados están aquellos que, por medio de maldades se hicieron con el poder. Es el caso de Agatocles, rey de Siracusa, quien  alcanza el poder de forma cuestionable en tanto que para su mantenimiento ejerce todo tipo de crueldades. Maquiavelo explica o trata de explicar, cómo a pesar de ello se mantuvo a salvo y al frente de su imperio tanto tiempo.
En primer lugar, distinguir entre poder y gloria. La traición a los amigos, carencia de humanidad, palabra y religión, pueden llevar al poder, pero nunca a la gloria.
De otro lado, y aunque resulte paradójico, distinguir entre el buen y mal uso de la crueldad:
- Buen uso: Aquellas crueldades que se ejercen una sola vez y no se repiten más luego, a fin de servir de ejemplo para afianzar el dominio (inquisición/miedo).
- Mal uso: aquellas que van incrementándose en lugar de disminuir con el paso del tiempo.

También, y más allá de los que adquieren su poder por medio de maldades, fortunas o armas ajenas, están quienes, desde la posición ciudadana (entendiéndose esta como la de ciudadano con derecho), alcanzan el principado  a través del favor popular o de los grandes.

En todo pueblo, dice Maquiavelo, existen dos potencias. La primera, el pueblo, solo desea no ser oprimido y la segunda, los grandes, desean oprimir al pueblo para su beneficio propio. De estas dos inclinaciones se pueden dar tres resultados: libertad, libertinaje o principado.

El príncipe, debe, ante todo, ganarse el favor del pueblo por dos razones fundamentales: son más numerosos que los grandes y sus fines son más honrados (no ser oprimidos).
En caso, sin embargo, de tener al pueblo en contra, la principal consecuencia que el príncipe sufrirá es la del abandono, mientras que tener a los grandes como enemigos puede acarrear además la destrucción.
Existen, en este punto, dos posiciones que los grandes pueden adoptar conforme al príncipe: apoyarle en toda su suerte o posicionarse en contra.
Si esta posición contraria es además activa, el príncipe debe temer al grande como enemigo o amenaza y tener al pueblo de su lado será una ayuda en las adversidades.

Si la forma de acceso al poder es mediante los grandes, todavía hay posibilidad de ganarse el favor del pueblo convirtiéndose en protector del mismo, pues nada como un favor no esperado para satisfacer a la ciudadanía.

Por último, Maquiavelo hace breve mención a los principados eclesiásticos de donde lo único a destacar es las facilidades que este tipo de gobierno ofrece al príncipe ya que el fuerte arraigo de las instituciones eclesiásticas contribuye a que el príncipe gobierne sin proteger ni al pueblo, ni a los grandes.

Segunda parte

Tal como advertíamos al principio Maquiavelo rompe con la estructura del pensamiento aristotélico-cristiano al hacer un análisis del hombre desde la observación psicológica, buscando así las leyes que rigen la conducta humana y que, por ende, sirven al príncipe para el control del Estado. Así, igual que a día de hoy un mecánico debe conocer los componentes de un coche, es menester que el príncipe conozca los elementos con los que opera el Estado, esto es, las personas.

En esta segunda mitad del libro, una vez enumerados los diferentes tipos de reinados posibles, Maquiavelo trata las cualidades propias del hombre destacando aquellas que le son útiles al príncipe.

Las formas de conducta humana, se sabe, son numerosas y particulares cuando se trata de un contexto bien circunstanciado, si bien, igual que otros filósofos, aunque sin intención de establecer una teoría, Maquiavelo busca una esencia común en el hombre que permita su gobierno.

De ellas he querido destacar los capítulos que, personalmente, pienso que describen mejor la idea que todos tenemos de Maquiavelo. Me refiero, por supuesto, a la avaricia y la crueldad, dos cualidades que se defienden en El Príncipe, pero sobre las cuales cabe matizar algunos aspectos.

· Liberalidad y avaricia: No es posible la liberalidad sin avaricia, por tanto el príncipe no debe temer a ser considerado tacaño. La liberalidad, ejercida con moderación, no se trasluce, y, para ejercerse de forma visible o, para mantener el príncipe su fama de liberal, deberá ser tacaño, evitando a largo plazo su propia ruina en el empeño por ejercer tal liberalidad. Esto es, el príncipe, al pensar de modo “egoísta” conseguirá complacer, a largo plazo, a aquellos a los que no quitará nada que serán mayoría, mientras, que aquellos a quienes no de, sean una minoría. De manera contraria, al consumir sus riquezas se vería obligado a imponer excesivos tributos y con ello a ser tildado de mal gobernante.
· Crueldad y clemencia. La cuestión principal de la obra: si vale más ser amado que temido o viceversa. Si bien lo ideal sería mantener ambas cosas a la vez, su difícil simultaneidad hace que, ante el deber de renunciar a alguna de éstas, sea el amor lo que dejemos de lado. Un buen príncipe debe cuidar de mantener la crueldad justa que le permita obediencia y fidelidad entre sus súbditos y el pueblo y, ya que el hombre, por su carácter natural tiene menos consideración en ofender a quien se hace amar que a quien se hace temer, el príncipe dará ejemplo de su crueldad cuando mande combatir su ejército, por ejemplo. Pese a la defensa a ultranza de esta cualidad tildada de inmoral durante siglos, Maquiavelo aconseja abstenerse de robar las riquezas ajenas, pues el hombre, según su observación, olvida antes una muerte que un hurto. Por último destacar que no es incompatible, o al menos así defiende en su obra, ser temido con NO ser odiado.

COMENTARIO

Retomando la cuestión con que comenzamos este resumen quisiera desmentir algunas ideas preconcebidas que se dan sobre Maquiavelo. La lectura de El Príncipe, desde la consideración del paradigma que envuelve toda la obra, sirve para dar cuenta de aquellos elementos que históricamente han servido para el liderazgo, cualidades cada vez más demandadas en los diferentes ámbitos del día a día, ¿o no es la capacidad de tomar decisiones una de las habilidades blandas más buscadas por empresas? Tal vez no tenga sentido, en el siglo XXI, hablar de la expansión imperialista a nivel territorial, pero, ¿ y el neocolonialismo?,¿ y las formas, cada vez más sutiles, de colonialismo cultural?, ¿no es cierto que “la fuerza propia” nos hace menos dependientes de otras comunidades?

Si observamos algo más que la superficie de lo que entendemos por “maquiavélico” veremos que la crueldad no es la base con que el autor defiende su gobierno, si acaso, el ejemplo de ésta como “propaganda del miedo”, algo que ya venía haciendo tiempo atrás la Inquisición.

Maquiavelo no veía en el príncipe a un tirano egoísta, sino a un déspota ilustrado que defendía el bien del pueblo. “El fin justifica los medios” siempre que este fin sea la defensa del Estado, algo muy razonable para una sociedad lejos del individualismo que hoy conocemos. El consejo de Maquiavelo es que el príncipes sea audaz y decidido, con valor, talento e inteligencia, y la capacidad de tomar decisiones para hacer frente a la fortuna.

Cabe recordar, además, que la monarquía no es la forma de gobierno ideal para Maquiavelo, quien en sus Discursos sobre Livio describe la república como ejemplo de gobierno libre. El principado queda, por tanto como  un medio de enfrentar las amenazas a las que estaba entonces sometida Florencia. En tiempos de crisis y desorden un príncipe de carácter firme sirve para establecer las bases de unidad y estabilidad del pueblo, si bien, la libertad solo puede asegurarse una vez se dividen los poderes y se devuelve el voto a la ciudadanía.

En resumen, y a pesar de la falta de ética atribuida a Maquiavelo, éste deja muy claro que un príncipe debe ser temido, pero nunca despreciado y que, tener el pueblo a favor es esencial para enfrentar las adversidades de un gobierno. El príncipe, para ello, “habrá de abstenerse de ursupar las haciendas de sus súbditos” y declararse a favor de alguien y contra algún otro siendo claro en su postura.

¿Cumple algún político actual estos dos principios tan básicos? Juzguen ustedes mismos la respuesta.


Por: Teresa Velasco Castillo

lunes, 26 de marzo de 2018

La sociedad del cansancio


¿Cuántas veces, coincidiendo con la sobreabundancia de lo idéntico, no se repiten los días sin una pregunta que nos haga partícipes de nuestra propia vida?¿Cuántas historias he escrito y cuántas he dejado que sean escritas por mis manos de forma autómata y distante?
“La herida se cierra por cansancio” y, después de haber conocido ese cansancio, no de hastío, sino el agotamiento extremo de no poder poder más, me doy cuenta de la necesidad de más autores que piensen como Byung-Chul Han.

La sociedad del cansancio, que paradójicamente comencé a leer para saciar mis horas de aburrimiento con “información útil”, es un libro a recomendar para todos y, a mi juicio, de obligada lectura para las nuevas generaciones víctimas de una sociedad donde el pensamiento crítico brilla, cada vez más, por su ausencia.

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Resumen


Byung-Chul Han, en su libro, nos enfrenta dos paradigmas: uno inmunológico, correspondiente al siglo pasado y, el paradigma neurológico bajo el cual nos encontramos.

En el siglo XX, paradigma inmunológico, la sociedad se conforma en torno al otro y se sustenta sobre un lenguaje basado en el ataque y la defensa, en las enfermedades externas que se introducen a modo de enemigo en nuestro organismo. Es OTRO el que nos impone qué debemos hacer. Esta sociedad es la que Foucault comprendía como la sociedad disciplinaria, un modelo de actuación que trabaja bajo la vigilancia de un explotador externo. Es una sociedad del NO poder, basada en el DEBER impuesto por un jefe, un profesor, un padre o unos valores se exteriorizan a través de escuelas, hospitales y psiquiátricos.
El resultado extremo de esta forma de pensamiento, según el autor, degenera en locos y criminales.

Frente a ello, el paradigma neurológico parte de una sociedad extremadamente positivista, esto es, basada en el PODER  y no en el deber, donde “todo debe poderse”. Así, surge lo que el filósofo surcoreano denomina la  “sociedad del rendimiento”, sustentada en la autodisciplina, el autocontrol y la autoexplotación. El mismo sujeto es ahora trabajador y jefe, explotador y explotado. El neoliberalismo ha alcanzado su más alta expresión superando los límites de la imposición a través de una libertad paradójica donde nos creemos dueños de nuestras propias acciones, cuando se trata más bien de todo lo contrario.

Y, si anteriormente los valores de un estado se veían reflejados en escuelas y hospitales, estos pasan a un segundo plano frente al boom de bancos, gimnasios y oficinas donde proyectos y “motivación” reemplazan la negatividad de la prohibición y la obligación.

Esta sociedad genera fracasados y depresivos y significa así una regresión hacía la supervivencia animal. Vivimos permanentemente alerta, en un presente prolongado, y no nos molestamos en interrogar ese tropel de estímulos con el que cada día nos despertamos. Pensamos, pero no reflexionamos. Llenamos nuestro vacío de tareas para permanecer constantemente en la potencia del HACER, obviando la  necesidad del NO-HACER sin sentirnos culpables por ello.

De ahí que este tiempo venga caracterizado por la sobreabundancia de lo mismo. El hecho de que no exista un tiempo para “aburrirse” conlleva al rendimiento sin rendimiento que reproduce y agita lo ya existente sin nuevas aportaciones.
Nos manejamos en ese vértigo “multitarea” que, si bien nos permite realizar muchas funciones, nos impide ir más allá de la superficie en ninguna de ellas. En ningún momento llegamos a la esencia misma, a la profundización o concentración plena en aquello que hacemos.

La sociedad del positivismo procura nuevas formas de violencia, menos evidentes que en el anterior paradigma, y, por consiguiente, más dañinas. Enfermedades como el TDAH o el trastorno bipolar son consecuencia del hiper de la hiperactividad que se da en  una masificación de positividad como la que vivimos.

Han señala que “si jugásemos más y trabajásemos menos” los resultados nos sorprenderían a bien, o al menos harían más flexible el pensamiento que, encasillado en dar con lo “original” revierte continuamente en lo mismo. Su solución, en cambio, y como sucede en la mayoría de las obras de carácter filosófico, no deja de ser una utopía inalcanzable para una sociedad donde el mismo individuo se esclaviza mediante el trabajo.

Conclusión


Decía Sócrates que “una vida vivida sin reflexión no vale la pena”. Hoy la reflexión se hace urgente si queremos evitar caer víctimas de la autoexplotación y el autoengaño.
Si Byung-Chul Han nos muestra la necesidad de aprender a decir NO para salvar nuestra cara más humana, desde mi punto de vista, y queriendo ir más allá, diría que es tiempo de desaprender valores insertados para alcanzar el verdadero autoconocimiento desde el cual construir.
No sabría dar una solución concreta a una sociedad mercantilista que dibuja la felicidad como un objeto o estado de plenitud posible, cuando no entiende las emociones más básicas que rigen nuestra conducta. No podemos hablar de un estado emocional sin darnos tiempo a sentir.
Ser más autónomos  y poder brindar por los derechos individuales es el gran avance del siglo XXI, donde la ideología y el sacrificio por el bien del Estado se han suplantado por bienes y derechos individuales que, considero, son esenciales. El problema surge cuando dejamos que el ego nos fragmente, cuando identificamos la hiperactividad con la libertad. Ser libre, en esencia, es la armonía con nosotros mismos. Conocernos, aceptarnos y, realizarnos sin obviar nuestros derechos y deberes para con el entorno.

Si algo saco de este libro es que a cada solución, si no se forja ésta desde la raíz, le siguen una serie de problemas que requieren de nuevas normas. Para la continuación de un proyecto de sociedad que no incurra en los mismos errores, no se trata de mirar al pasado, sino de cómo hacerlo. ¿Dónde acaba lo accesorio y prescindible de una doctrina?, ¿dónde empieza lo sustancial e inmutable de un pensamiento?, ¿qué cabe “rescatar” de cada teoría?

El coste de la autodisciplina frente al deber impuesto del anterior paradigma, si bien nos hace libres del “otro”, nos arroja hacia la anarquía del autocontrol. No hay nadie “por encima” del individuo y ello, en lugar de llevarnos a cuestionar los valores tradicionales, nos ha conducido a su extinción más absoluta. Lo que después cada uno haga con esa “aparente libertad” es una cuestión bien distinta que abarca desde una juventud irrespetuosa con el entorno, hasta la automedicación en busca del máximo rendimiento y autocontrol.

Es innegable, en cambio, la tendencia hacia los valores del rendimiento individual y el culto a la imagen, no solo reflejada en el cuerpo, sino de la superficialidad con la que, antes señalábamos, se cumplen las funciones.

En el paradigma inmunológico, las drogas de mayor éxito servían para la evasión. En el paradigma actual cada vez cobran más importancia aquellas sustancias estimulantes que nos facilitan permanecer “despiertos” durante las horas. En ningún caso encontramos un modelo satisfactorio de articular nuestra forma de vivir.

Se hace evidente la aplicación de nuevas soluciones a los nuevos problemas que se plantean principalmente desde la formación y que va más allá de los conocimientos curriculares. La inmediatez y la digitalización nos plantean nuevas estructuras educativas que contemplen los riesgos y ventajas que suponen, por ejemplo, los videojuegos online.

En resumen, Byung-Chul Han nos recuerda que en tiempos de acción permanente es necesario volver a aprender a mirar nuestro entorno, limitar los impulsos desde el autoconocimiento y, sobre todo, no dejar nunca de interrogar (e interrogarnos) en busca de soluciones que realmente casen con los problemas de esta sociedad del cansancio.



Por: Teresa Velasco Castillo

miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA REPÚBLICA DE PLATÓN

Hice este resumen con la única intención de entender mejor mi lectura y hacer más provechosa la misma. Comparto este trabajo para todo aquel a quien pueda serle útil. 

RESUMEN

La República o El Estado constituye un conjunto de diálogos durante los cuales Sócrates trata de ilustrar a los jóvenes y de alcanzar una conclusión acerca del hombre justo a partir de la creación de un “Estado justo”.

La obra se compone de diez libros a través de los cuales el diálogo toma su forma y por los que pasan diferentes interlocutores, algunos de los cuales representativos de una forma de pensamiento y otros como meros elementos secundarios que permiten sostener la trama.

Libro 1:  Aunque formalmente no se encuentre dividido en secciones, el tono del diálogo, aparición de personajes e hilo argumental permiten separar este libro en una primera parte de carácter más introductoria y una segunda, más extensa, que constituye los cimientos para el resto de libros.

Primera parte

Sócrates y Glaucón son invitados a conversar con Céfalo y Polemarco (padre e hijo respectivamente) en su casa.
La conversación que aquí se reproduce comienza como un encuentro habitual entre dos amigos o conocidos donde entre otros aspectos, Céfalo destaca la visión de la vida que le otorgan los años. Es entonces que Sócrates pregunta acerca de la economía a su amigo y abre con ello el tema que nos acompaña durante todo el libro: ¿en qué consiste ser justo?
Para Céfalo vivir bien, es hacerlo conforme a las leyes, pagar las deudas, dar a cada cual lo que se debe, cosa que le permite el dinero. Sócrates anula sin mucha complicación esta idea al trasladarlo al plano de la amistad. Si un amigo nos presta un arma, nuestro deber es devolverla, pero si sabemos de antemano que éste no se encuentra en su sano juicio mental ¿hacemos bien en poner una pistola en su  mano?
Interviene entonces Polemarco para matizar que la justicia es “hacer bien al amigo y mal al enemigo” lo que deriva en una respuesta algo más elaborada donde debemos hacer frente a varios elementos de una misma cuestión:

a)      cómo hacer bien a un amigo
b)      qué es un amigo
c)      ¿puede un hombre justo hacer mal a otros?

Para hacer bien a un amigo, todos convienen en que es necesario partir de un conocimiento de aquello que le hace bien, y este conocimiento, es lo que va a establecer las bases de la justicia para Platón, el principio de especialización.
Cada artesano posee una serie de conocimientos particulares en su arte que debemos trasladar a un saber de carácter global para hallar al hombre justo. La filosofía, que se pregunta por la totalidad de todo aquello que existe, sería por consiguiente necesaria en una sociedad justa.

Segunda parte

Trasimaco, sofista poderoso que rechaza la metodología retórica de Sócrates, interviene en el diálogo de forma abrupta y agresiva para defender el comportamiento injusto como el más provechoso para el hombre y dando una visión particular de la justicia como aquello que es más beneficioso para el más fuerte.
Por esta norma, el más fuerte haría las leyes a su juicio, y el cumplimiento de las mismas por el resto de civiles sería aquello necesario para la sociedad justa.
Sócrates, en respuesta, no niega del todo la valía del hombre fuerte, sino el hecho de su actuación egoísta. Para Sócrates, debe gobernarse pensando en el pueblo y siempre en base al conocimiento, por encima de la fuerza. De este modo plantea la hipotética situación de que el líder se equivocase en sus leyes provocando una disonancia al hacerlas respetar, pues se dañaría a si mismo a través del pueblo. Pero esto no vale a Trasimaco que defiende la figura del líder como la de un hombre incapaz de equivocarse.
Retomamos aquí el elemento de la especialización. Cada arte tiene un objeto propio de beneficio y la del gobernador es el beneficio de aquellos a los que gobierna. Igual que un médico velará por la salud de su paciente, el jefe de Estado lo hará por los miembros de su polis.
Trasimaco, ya batido, recurre a la imagen del pastor poderoso y sus borregos: ¿piensa el pastor en el beneficio de su rebaño?

Aunque Sócrates creía dar por cerrada la conversación, la cuestión de Trasimaco deja inquietud entre los jóvenes que, aun admirando los valores que se atribuyen a la justicia, coinciden en que el hombre, por naturaleza, obra de manera injusta en el momento en que encuentra ocasión. Para personificar tal enunciado, Glaucón cuenta la leyenda de Gijes, pastor del rey de Lidia. El humilde pastor, un día, encuentra un anillo que le otorga la posibilidad de volverse invisible y, de este modo, empieza a cometer toda clase de injusticias cuando no puede ser visto.

Para Sócrates no es sencillo enfrentar este punto, y, aunque ofrece algunas soluciones superficiales en el segundo libro, necesitará trasladar la cuestión a nivel de Estado para dar con un resultado convincente ante la audiencia.

Para justificar la necesidad de ser justo, además de insistir en la virtud que se atribuye al concepto, Sócrates habla aquí de la justicia como medio para lograr un fin de supervivencia. En una polis especializada, la justicia se vuelve necesaria para velar por los intereses de cada individuo, igual que un equipo de trabajo necesita de leyes para poder coordinar bien sus destrezas y obtener un resultado óptimo.
Es necesario, por consiguiente, un arte global que regule el resto, para que intereses mercenarios no entren en conflicto con el único interés que debería regir cada arte: el beneficio de su objeto de trabajo.

La justicia queda entendida como una forma de organización que permite el cumplimiento adecuado de las tareas de la ciudad, pues virtud se entiende aquí como algo que permite cumplir correctamente la función de cada cosa.


Libro 2: De los interlocutores presentes, marchan Trasimaco y Polemarco, quedando así Sócrates con Glaucón y Adimanto.
Siguiendo con el libro anterior, Glaucón y Adimanto piden a Sócrates que de motivos de por qué la justicia debería ser deseable por sí misma y no por las consecuencias socio-económicas o de conveniencia que lleva aparejadas.

Es aquí donde comienza la construcción del Estado de Platón. Lo que es justo para el hombre, argumenta Sócrates, debe serlo para el Estado, así que trasladando todo este principio a un macrocosmos, daremos con el hombre justo.

Para Sócrates y Adimanto es sencillo. Un Estado justo se corresponde con aquel donde la especialización y división de tareas permiten satisfacer las necesidades básicas de la vida, con la cooperación como herramienta base. Pero Glaucón va más allá y, etiquetando tal sociedad de “cerdos”, propone una serie de lujos que permitan no solo vivir, sino vivir bien (gastronomía, ocio, excedentes, etc.).

Este modelo que propone Glaucón es lo que Sócrates denomina sociedad “enfermiza”, aquella con la cual se abre la posibilidad de vivir mal. La ampliación de la polis implica la introducción de escasez y con ello la guerra por los elementos materiales.
Como solución, Sócrates introduce la figura del guerrero, una nueva clase de alma irascible que se irá definiendo a lo largo de los libros que siguen.


Libro 3:

Primera parte

Al igual que la ciudad consta de un macrocosmos y un microcosmos, el alma tiene varias partes: una apetitiva que predomina en los artesanos y otra irascible que reflejan los guerreros.
Según esto, la figura del guerrero no busca la satisfacción de deseos económicos, sino que se ven impulsados a actuar por vocación. Dentro de la imagen análoga que se emplea para ejemplificar esta jerarquía, el guerrero se correspondería con el perro guardián del rebaño, constituido este último por los artesanos.
Para que este sistema funcione, además de un pastor (filósofo) del que se hará mención más adelante, es necesario que los guerreros no se corrompan y para ello se hace fundamental la educación.
Es aquí donde Platón muestra uno de sus lados más dictatoriales, pues lo primero para el control de su polis pasa por censurar la poesía, toda mitología que no muestre al Dios como todopoderoso y benévolo, todo instrumento que no incite a la guerra o a la calma, e incluso toda forma narrativa que pueda conducir a ambigüedades. Aunque de un lado, la idea de una educación desde la infancia, y de una igualdad para mujeres en ésta es un concepto moderno para la época, entendido desde la visión de Platón, se trata más bien de un adoctrinamiento dirigido siempre hacia el bien estatal.

Segunda parte

Una vez acordada la educación del guerrero, Sócrates introduce al final de este libro un concepto importante: la mentira noble.
Esta idea consta a su vez de dos partes: una primera donde, a fin de que toda la población actúe en beneficio del Estado, se entiende el mismo como “la madre” de todos. Esto es, se da a entender que todos somos hijos de una misma madre tierra y por tanto hermanos, concepto nada alejado de los cimientos del cristianismo.
En una segunda parte, para velar por el principio de especialización y mantener la jerarquía filósofo-guerrero-pueblo, se da a entender que cada individuo al nacer es mezclado con un metal y, en función de la proporción que de éste tenga, le corresponderá una función u otra. Así, los individuos constituidos por el oro en su mayor parte, tendrán un alma de carácter racional y podrán ejercer de filósofos guardianes. Los que hayan sido forjados en plata serán guerreros y, como ya se ha descrito, tendrán un alma irascible que actuará por encima de intereses económicos en busca de valores que satisfagan al espíritu.
Por último, los mezclados con bronce o hierro en mayor proporción, constituirán la clase artesana o rebaño.
Esta jerarquía es de carácter “natural” para Platón, y solo sería un reflejo de las virtudes o capacidades de cada cual. Sin embargo, para el autor es necesaria la introducción de esta mentira si se pretende el orden social y estable.

Libro 4: Adimanto, al considerar la educación y estilo de vida trazados durante el anterior libro para los guerreros, hace notar que éstos no podrán ser feliz sin un bien propio, actuando solo como servidores del Estado.

Sócrates responde insistiendo en el espíritu característico de esta clase, que busca el bien común y no el del individuo e insiste nuevamente en que una buena educación conforma un buen carácter.
Pasan entonces a delimitar los conceptos que se derivan del nuevo Estado constituido:

a)      Sabiduría. Una ciudad bien guiada debe constar de conocimiento como ya se vaticinaba desde el primer libro. Esta virtud es la que permite al guardián ejercer de forma adecuada su función.
b)      Coraje. Reside en los guerreros como elemento dominante
c)      Templanza. Armonía o acuerdo implícito entre todas las clases. Es la dinámica natural que nos lleva a querer el trabajo para el que somos aptos.
d)      Justicia. Producto final de lo anterior. Armonía establecida por la naturaleza entre la parte superior e inferior de una sociedad o particular.
Descubren con todo esto que lo que establecieron de un principio, al fundar su Estado, como deber universal e indispensable, es la justicia que buscaban. Que cada ciudadano no debe tener más que un oficio, aquel para el que desde su nacimiento ha descubierto sus mejores disposiciones.
Después de esto, queda trasladar de nuevo la cuestión a un nivel de microcosmos, esto es, reflejar cada uno de los órdenes del Estado y su subordinación en el individuo. Para ello, y partiendo del principio de no-contradicción, se establecen las partes del alma.

Libro 5: Una vez trazado el modelo de sociedad ideal, los jóvenes piden a Sócrates que explique cómo ejecutar a modo práctico todo lo anterior.
Sócrates deja claro que no es ese su objetivo, si bien cede y habla de las “tres olas” como aquellos elementos a superar para la reforma radical de su sociedad.

a)      La primera oleada constituye la igualdad entre sexos a nivel social y educativo. Esto implica también compartir vestuarios, pues el instinto sexual queda relegado a la reproducción. Platón, en este libro, politiza lo erótico, racionaliza el deseo sexual para que sirva únicamente a la producción de niños/as y estos al beneficio del Estado.
b)      Comunidad compartida en su totalidad. Platón quiere eliminar como agente social a la familia de cara a evitar todo conflicto entre intereses que puedan llevar al individuo a actuar en otra línea que no sea la del beneficio del Estado.
c)      Figura del filósofo rey. Definir al verdadero filósofo nos llevará a la división entre el mundo sensible e inteligible que constituye la parte principal de la ontología de Platón. ¿ Cómo distinguir al filósofo auténtico del mero amante del espectáculo o lo estético? Esta es la pregunta con la que comienza la introducción de elementos de cada “mundo”. Para el filósofo el objeto de interés está en las Ideas, y su virtud reside en el conocimiento, mientras que para el amante del espectáculo la percepción se remite a objetos sensibles, a la multiplicidad aparente que todos percibimos y, por consiguiente, solo alcanzan a la producción de opiniones.

Libro 6: Después de convenir en el filósofo es la mejor figura para ejercer de guardián y de revisar los conceptos anteriores, Sócrates profundiza en el concepto de Idea, y la división entre lo sensible e inteligible.

Primera parte: el barco del Estado

Para su defensa del filósofo como mandatario, Sócrates recurrirá a la imagen o metáfora del barco. El Estado es un barco y su dueño la ciudadanía. En torno al dueño hay una tripulación ansiosa por coger el timón, los políticos, que mediante sus mañas particulares drogan al dueño y toman el timón. Aquí, el filósofo no es más que un hombre en la cubierta haciendo cálculos y contemplando el cosmos que nos resulta extraño. Para Sócrates el problema reside en que la ciudadanía no busca o solicita al filósofo que los dirija y, éste, que no tiene el deber de rogar a nadie, prefiere retirarse a su mundo de contemplación.

Segunda parte escala ontológica

Las Ideas son aquello que subyace bajo la multiplicidad de las cosas físicas y el alma, que en vidas anteriores las ha vislumbrado, desarrolla el pensamiento para la recuperación de esos recuerdos. El impacto de las cosas físicas en la experiencia, junto con el razonamiento es lo que lleva al proceso de recuperación. Así como en el sueño incorporamos elementos de nuestro día, nuestra realidad sensible es un reflejo de las Ideas, esto es, constituye un nivel de realidad inferior a la realidad inteligible.

Si dos o más cosas comparten algo en común, ese algo corresponde a una Idea. Por ejemplo, el dibujo de un caballo y un caballo salvaje, comparten la idea de caballo. Así, aplicado al mundo de las ideas, donde también existe una escala de realidades, todas las Ideas comparten la Idea del Bien. Pero, ¿qué es el bien? Descartado el placer y el conocimiento como respuestas, Platón introduce en este libro la famosa alegoría del sol para la aclaración de su pensamiento.

Igual que el ojo puede ver las cosas en el mundo sensible solo si hay luz, la mente captará las ideas solo si estas son iluminadas por la Idea del Bien, que, dentro de la escala ontológica constituiría el nivel más cercano posible a la realidad.

La luz, además, permite el crecimiento y desarrollo de la naturaleza de igual manera que el Bien no solo hace las ideas inteligibles, sino que las sostiene en su ser, esto es, permite su existencia, situándose por encima de este proceso, a una escala superior, igual que lo hace el sol con respecto a nuestro planeta.

Libro 7:  Para la profundización y esclarecimiento de los matices que escapan a  la analogía del sol, Platón introduce en este libro el famoso “mito de la caverna” que mediante elementos pictóricos e imágenes reproduce las mismas ideas de la “línea dividida”.

La línea dividida, viene a completar los elementos de cada “mundo” que comienzan a trazarse desde el libro 5 a través del análisis del filósofo rey y su distinción del amante de la estética. De un lado tendríamos los elementos de la mente y de otro los objetos, así como a su vez encontramos nuestra línea ontológica dividida entre el mundo sensible e inteligible.

Los elementos que del mundo visible se desprenden son los mismos a los que alcanzaba a producir este amante de la estética o espectáculo: la opinión o doxa. Pero dentro de esta realidad también damos con diferentes niveles: un primer nivel más alejado de lo real que serían las imágenes como copia de las cosas, y otro segundo donde encontramos las cosas físicas como reflejo de las ideas. Las imágenes permiten a nivel de la mente la obtención de conjeturas, mientras que las cosas físicas nos permiten adquirir creencias.

En el plano inteligible, contamos con hipótesis e Ideas, y, sobre ellas la Idea del Bien. Las hipótesis, muy similares a las Ideas se logran  mediante particulares sensibles mediante un proceso de razonamiento como el del matemático que descubre una nueva fórmula.
Las Ideas, como ya mencionamos, han sido vislumbradas anteriormente y su recuerdo se retoma a partir de la transformación de la psique, por intelección dentro de las ideas mismas.

Mito de la caverna

Además de contener los elementos anteriormente expuestos, Platón aprovecha esta alegoría para reincidir en el carácter particular del filósofo, su necesidad en el gobierno y lo infravalorado de dicha figura.

En este supuesto, nos encontramos ante un conjunto de prisioneros que tan solo han visto en su vida las sombras que el fuego proyecta en la pared de una cueva. Uno de estos prisioneros es liberado y asciende hasta el mundo inteligible, representado como la vida fuera de la cueva. Esto provoca un proceso por el cual, una vez superada la ceguera provocada por el sol, el individuo descubre la realidad y decide bajar a la cueva para liberar al resto. Al llegar, sin embargo, es rechazado por sus compañeros de celda que no creen en tal revelación de la realidad y que consideran su mundo de sombras más veraz que lo que el filósofo pueda contarles.

De esta pequeña historia aún se establecen comparativas con autores, teorías, o sucesos de nuestra actualidad sociopolítica. La moraleja va más allá de la toma de conciencia acerca de lo limitado de nuestro mundo. Se puede hablar de una cultura de masas cuya voluntad se alza sobre el auténtico conocimiento del filósofo, de un estilo de vida enclaustrado por lo que nos permiten conocer y conocemos a través de personas, experiencias empíricas o medios.
Se puede establecer un paralelismo con el descenso de Zaratustra desde la montaña para la comunicación de su vislumbramiento o, si queremos ser más originales, podemos observar las similitudes entre los conceptos del Maya y Brahman hindúes y las Cosas e Ideas de Platón.
Incluso en nuestro anterior resumen de Ser y Razón de Amor vimos como Carabias Aguilar concebía también diferentes estadios de realidad dentro del mundo que conocemos.

Libro 8: Una vez que Glaucón, Adimanto y Sócrates han concluido que el Estado ideal es una aristocracia de reyes filósofos en la que exista comunidad de mujeres e hijos, educación igualitaria en música y gimnasia, y guardianes sin propiedad privada, se pasa al análisis de otras formas de gobierno procedentes de los diferentes caracteres de los hombres.

Estos regímenes imperfectos, según se describen, son degeneraciones del sistema político ideal, esto es, el aristocrático. Así, en este libro, Sócrates emplea el discurso de la Musas como imagen para explicar cómo la aristocracia deriva mediante su mal gobierno en la timocracia y, desde aquí degenera en el resto de estados objeto de análisis: oligarquía, democracia y tiranía.

Nivel general

El peligro de la aristocracia surge en el momento en que los magistrados ignoran los cambios de la naturaleza, descuidando así la reproducción de la especie humana y su educación en gimnasia y música. Según Platón, “las generaciones divinas tienen un período que comprende un número perfecto, pero respecto a la raza humana hay un número geométrico, cuya virtud preside las buenas y malas generaciones”.

De este modo, al no distinguir los guardianes entre la descendencia de mala índole y las razas puras, la población de oro se mezcla con el hierro y el bronce desatando el caos social. El régimen derivado es la timocracia, carente de gobernantes sabios que en su lugar son emplazados por hombres de carácter simple  ansiosos de poseer riquezas tal como en los estados oligárquicos.

La corrupción por el amor al dinero conllevará con el tiempo a la corrupción de leyes y de ahí nacerá la oligarquía: un Estado en el que se venera al dinero despreciando la excelencia y los hombres buenos.
Al ejercer los ricos el mando, el Estado queda dividido en dos clases que luchan por destruirse en vez de contribuir a la mejora de su país. Asimismo, se perderá el principio de especialización y una parte de la ciudadanía, los zánganos, dejará de contribuir con su arte al Estado.

En este punto, comenzará a forjarse la democracia. El deseo insaciable por enriquecerse quebrará el sistema oligárquico, pues, llegará el momento en que los pobres detecten la falta de valía de los ricos y se hagan con el poder, repartiendo los cargos y  la  administración de negocios entre ellos.
En este sistema, aparentemente, existe una diversidad y libertad satisfactoria, si bien, una vez más el principio de especialización se ve amenazado en el momento en que cada cual tiene la libertad de elegir su profesión ignorando los principios de la naturaleza.

Ya por último, aparece la tiranía, como consecuencia del excesivo amor por la libertad del sistema democrático.

Platón habla de tres clases sociales dentro del Estado democrático: los zánganos, los ricos y el pueblo, la clase más poderosa en este sistema. Así, en las asambleas, aquellos que las presiden actuarán como voz del pueblo para enfrentar a los ricos, quienes realizan el reparto de riquezas siempre favoreciendo su clase. El enfrentamiento entre los líderes y los ricos llevará al pueblo a escoger una figura en quien confiar sus intereses: un tirano que se presenta como bueno, pero que, una vez en el poder, llevará a cabo toda clase de injusticias para perpetuarse como líder.

Nivel particular

Al igual que el hombre justo se corresponde con el Estado justo que se viene forjando durante la mayor parte de la obra, a cada uno de estos gobiernos le corresponde un individuo concreto cuya degeneración es descrita por Platón mediante relatos esquemáticos que mueven la cuestión a un plano familiar cerrado.

El hombre timocrático surge de un padre que huye de un estado mal organizado y caótico y que sufre las críticas de una madre de carácter apetitivo y fogoso. El hijo (hombre timocrático) se debate entre la voz racional del padre y la de su madre, inclinándose finalmente por esta última.

El hombre oligárquico será fruto (al igual que en la degeneración estatal) del hombre tiránico. En este caso el hijo quisiera seguir los pasos de su padre, pero “viendo después que su padre se ha estrellado contra el estado, como una nave contra un escollo”, cambiará la ambición de su predecesor por la avaricia, preocupándose por la acumulación del dinero y no por su consumo.

El hombre democrático: el hombre avaro y oligárquico tiene un hijo que educa en sus mismas ideas. Este nuevo individuo tendrá innumerables deseos de carácter superfluo, esto es, aquellos  cuya presencia, lejos de ocasionarnos un bien, puede perjudicarnos a largo plazo. Vivirá al día y, sin saber distinguir los deseos necesarios de los innecesarios, llenará el vacío del alma de insolencia, anarquía, libertinaje y desvergüenza y empleará eufemismos, trasladables a nuestra realidad, para cubrir las fealdades de sus vicios.


Libro 9: El nacimiento del hombre tiránico.

Será en este libro donde se complete el anterior discurso y se de cierre a la obra a partir de las tres pruebas que ponen de manifiesto por qué el hombre injusto es más infeliz que el justo en respuesta al Trasimaco y su defensa del hombre injusto. La cuestión, trasladada a nivel del Estado, es si resultaría factible un tirano feliz.

Recordando el anterior libro, se matiza la distinción entre deseos necesarios e innecesarios y se introducen aquellos deseos que “surgen durante el sueño”. Los necesarios, coincidiendo con la definición que de ellos hace Epicuro, por ejemplo, son aquellos estrechamente relacionados con las necesidades físicas, aquellos que pueden saciarse. Los innecesarios, para Platón, son aquellos perjudiciales para el cuerpo, por ejemplo, un atracón que sobrepasara la mera necesidad de saciedad y llevaría a intoxicar nuestro organismo.
Los deseos que surgen del sueño, sin embargo, son los más preocupantes para Platón que, como hemos visto, reprime toda clase de instinto alejado a lo racional. Estos deseos surgen del inconsciente y actúan de forma terrible al no existir mecanismos de freno durante el sueño.
La solución que Platón ofrece es calmar la parte apetitiva del alma antes de dormir mediante la reflexión y el estudio.
El hombre tiránico surge de estos últimos deseos. Si el padre democrático situaba lo necesario e innecesario en un mismo plano, su hijo, el tirano, buscará saciar también esos deseos salvajes que se engendran en la parte más irracional del hombre. Este individuo no dudará en robar, matar y violentar a cualquiera, empezando por su propio padre, si ello le permite mantener sus riquezas. Y, como su carácter será el de un “borracho, erótico o lunático”, la necesidad de renovación de tal riqueza será continua.

Es fácil ver en este punto que el Estado tiránico es infeliz pues se trata de una sociedad dependiente de la locura y perversión, pero, ¿es el hombre tirano el más infeliz? Platón ofrece tres argumentos para esta pregunta:

a)      Un tirano vive dominado por el miedo al posible levantamiento del pueblo esclavo y su venganza.
b)      En el segundo argumento Platón vuelve a hacer hincapié sobre la figura del filósofo y la división tripartita del alma. Podemos distinguir tres tipos de placeres, tres tipos de figura en el Estado ideal y tres características fundamentales del alma. Pues bien, de los tres placeres, los más básicos se corresponderían con la parte apetitiva, los del respeto y la fama se corresponderían al guerrero y el amor por la sabiduría con los filósofos. Serán estos últimos los únicos capaces de experimentar los tres tipos de placeres y discernir entre aquellos de mayor calidad gracias al razonamiento y la inteligencia.
c)      Por último, solo el filósofo es capaz de experimentar el conocimiento científico, la excelencia del alma, el verdadero placer que subyace bajo la idea equívoca que la mayoría tiene del placer, siempre visto desde una perspectiva comparada.

Ya para cerrar la cuestión Sócrates pide a sus oyentes que imaginen a un monstruo de mucha cabezas, unas de animales pacíficos y otras de bestias feroces. A este le añade la imagen de un león y un hombre. La justicia equivale con esto a la capacidad del hombre de conducirse con el monstruo como un entendido labrador, auxiliándose en la fuerza del león. Esto es, la habilidad de lograr armonía entre las partes evitando la proliferación de bestias feroces y propiciando el nacimiento de animales pacíficos.

Lo más ventajoso para el hombre, en resumen, es dejarse conducir por un guía sabio, que, en caso de no encontrarse en su interior, vendrá de modo extraño mediante el auxilio de la ley en un estado forjado sobre los principios del alma tripartita y las tres figuras que se derivan de la madre naturaleza.


Libro 10:

Reglamento sobre la poesía

Antes de dar el diálogo por acabado, Sócrates resalta, como una de las virtudes de su Estado, el reglamento sobre la poesía trágica que se forjó durante el libro 5 con motivo de servir a la educación ideal del guerrero.
La base sobre la que sostiene su censura artística proviene de las consecuencias de la imitación. Glaucón pide entonces que explique la naturaleza de esta imitación y para ello Sócrates se vale de una comparación sencilla:

Tenemos como objeto una cama y como aspirantes a su autoría están Dios, el carpintero y el pintor.
Dios sería el auténtico autor en tanto que crea la esencia de tal cama. De otro lado llaman obrador al carpintero que con su trabajo alcanza un segundo nivel de realidad, algo más alejado a la idea misma de cama.
Por último tenemos al pintor, quien con su obra no alcanza más que a la imitación, tal como si enfocásemos un espejo a la naturaleza para obtener el sol, los astros o los árboles solo en apariencia, no en su verdad.

Ocurre algo similar con la poesía trágica, de la cual Homero es máximo representante. El conocimiento de estos alcanza a la imitación de tercer nivel, porque si estuvieran realmente versados en el conocimiento de lo que imitan no dedicarían todo su esfuerzo a la producción de meras imágenes.

A partir de esta idea, Sócrates distingue tres artes que “responden a cada cosa”: el arte que se sirve de ella, el que la construye y el que la imita.
El que conoce las propiedades del objeto transmite su conocimiento al obrero que trabaja bajo la fe de sus instrucciones.

El imitador, sin embargo, ni siquiera conversa con el que conoce la materia, luego no solo no conoce las propiedades de su producto, sino que no tiene opinión fija acerca de ellas.

El arte del imitador, a su vez, busca complacer las partes inferiores del alma apelando a lo emotivo frente a la racionalidad en la que se apoyan ciencias como la matemática. La poesía trágica se relaciona con el carácter irritable y cambiante incitando a la parte apetitiva del alma en vez de al autocontrol.

Inmortalidad del alma

Cerrada la explicación sobre la naturaleza de la imitación, Sócrates expone las recompensas ofrecidas a la virtud a partir de su teoría sobre la inmortalidad del alma, pues es preciso que estas recompensas sean de precio infinito.

Cada cosa, para Platón, consta de un bien y un mal propio, entendiéndose el mal como aquello que la corrompe y, finalmente disuelve. Solo este mal puede acabar con la cosa de que se trate. Esto es, solo la enfermedad entendida como el mal del cuerpo puede acabar con este y, así, aunque un factor externo provoque dicha enfermedad (un alimento caducado) será el mal interno de la enfermedad el que acabe por destruir nuestro organismo.

El alma, sin embargo, aun pudiendo ser corrompida y alterada por la injusticia y sus vicios, no logran estos disolverla y, si una cosa no  puede ser disuelta por su mal, no puede serlo por nada.
Aunque en vida sean muchos los premios que a largo plazo logre el hombre justo, será después de la muerte cuando reciba los más grandes y es así que concluye la obra con el Mito de Er:

Er, el armenio, fue un varón que tras caer en el campo de batalla, fue llevado a incinerar, pero poco antes de ser quemado despertó y volvió a la vida pudiendo contar cómo su alma había llegado a las puertas del cielo. En estas puertas, había, tal como cuentan también numerosas religiones, jueces para distinguir l as almas justas de las injustas. Los tiranos, explica, son arrojados al suelo (infierno) donde unos hombres de fuego los encadenarán y apalearán violentamente.

Conclusión


Sin más pretensión que la de esclarecer los conceptos básicos recogidos durante los diez libros de esta obra, y a modo de sumario, podemos concluir:

-         Que la obra se consta de una parte ontológica como base para el desarrollo de una ética. Esta base queda constituida por la línea dividida, donde se establecen los diferentes niveles de realidad a partir de una abstracción absoluta como es la Idea del Bien. A esta parte también corresponde el Mito de la Caverna como alegoría explicativa de tales conceptos.
-         La parte ética se centra, no solo en definir al hombre justo, sino en establecer la forma de gobierno más acertada y, con ello, va aparejado el principio del alma tripartita sobre el cual se fundamentan las tres figuras clave de la sociedad platónica: el artesano, el guerrero y el guardián.
-         El principio de especialización y la armonía de cada sector social en un trabajo hacia el bien común son los cimientos del Estado ideal según el autor.
-         Numerosos elementos, entre ellos la mentira noble, la convivencia en comunidad, o el concebir a Dios como a un ente superior que sirve de referencia en la educación de la clase guerrera, son fácilmente comparables con el cristianismo. Asimismo, la idea de eliminar cualquier elemento privado de la clase guerrera o compartir a las mujeres, relegando el sexo al plano único de la reproducción para el mantenimiento del Estado, es equiparable a la práctica extrema del comunismo e incluso de cualquier forma ideológica llevada al extremo.
-         Platón se muestra disconforme a cualquier muestra de expresión artística fuera de los textos formales, el clasicismo y la producción científico-objetiva y acusa a la tragedia griega de Homero de imitar realidades a tercer nivel, así como de incitar a las pasiones propias del alma concupiscible.
-         El uso del diálogo como metodología para la inducción y revelación de verdades sirve, junto con las representaciones metafórico-pictóricas para hacer de la República un libro más que accesible al público independientemente del conocimiento filosófico que éste tenga, si bien, también es un medio para afrontar aquellas áreas donde los argumentos sólidos destacan por su ausencia. Esto es, allá donde no puede alcanzar con la razón, Platón introduce mitos como el del último libro, el mito de Er, o “leyes de la naturaleza” que no constan de base empírica, como en el caso de la jerarquía social que pretende establecer.
-         La formación de un Estado solo sirve de macrocosmos para encontrar al hombre justo, objetivo de todo el diálogo, por lo que la aplicación práctica de su modelo de gobierno no viene comprendida entre las intenciones del autor.
-         La República o el Estado permite la comprensión de pensamientos posteriores y facilita el estudio de muchos autores pertenecientes a estas etapas.
-         A nivel personal, y a pesar de mi desacuerdo con muchas de las ideas que en la obra se exponen, considero esencial la lectura de Platón, y me quedo con “el hombre justo” (en mi caso mujer) que llevamos dentro, más allá de la forma de gobierno que rija en mi país.


Por: Teresa Velasco Castillo

jueves, 1 de junio de 2017

Comentario: Ser y Razón de Amor

SER Y RAZÓN DE AMOR

Intentar comprender cualquier obra de Manuel Carabias es casi tan ambicioso como aclarar cualquier asunto en relación a la estructura metafísica del universo. Pero prefiero pecar de ambición por saber y, sin más afán que el de disfrutar aprendiendo, hacer mi humilde intervención aquí tratando de aclarar aquello que he podido extraer de este libro.
El contenido se estructura en una pequeña introducción que distingue entre ser-ahí y Ser absolutamente y 111 “emergencias” de diferente extensión que desarrollan la idea fundamental del amor como fuerza de relación armonizadora que permite la aspiración a la unidad plena del sujeto y del objeto.

Introducción

Como ya mencionaba, es necesario tener claro la diferencia entre ser-ahí y Ser absolutamente. En el primer caso lo que existe está-ahí, como existente, en una relación predicativa, esto es, depende de una duración y extensión y por tanto es fenoménico. De otro lado, el Ser absolutamente es aquello que permite que todos los entes existan y, por tanto no puede ser un ente más. Es un referencial absoluto, la respuesta a la pregunta ontológica.

Emergencias hacia el ser

El Amor es aquí interpretado como motor que va a elevar las formas inferiores del ser-ahí a superiores. Esto lleva a un cosmos estructurado en base a diferentes niveles de realidad o jerarquías de Ser desde el caos o casi-nada como potencia o anhelo de ser, hasta el orden perfecto o casi-ser.
No se trata de niveles superiores e inferiores en los términos que se entienden estas palabras, sino que hablaríamos de entes más cercanos o alejados al Ser absoluto, más formado e informado o más real. Todos estos niveles, tienden a acercarse al Ser gracias al Amor como fuerza motora.
En consecuencia, no existirían valores fijos, es decir, cosas que lo sean con toda Verdad, sino entidades definidas por su posición concreta en el instante o continuo espacio tiempo. Incluso la nada es posibilidad de ser, pura potencia de Ser y, al estar todas las posibilidades en permanente potencia de Ser, siempre hay un cierto no-ser implícito en esta teoría. Porque el ente en potencia es un poder ser lo que todavía no es.

Y gracias a que la Nada absolutamente no es, existe el Ser como entidad. La Nada es un complemento necesario del Ser, lo que recuerda en parte a Nietzsche y la importancia que éste otorga a las dos dimensiones de la realidad captadas por la tragedia griega a través de Apolo y Dionisos.
En la emergencia 4, el autor habla del sentido de la materia concibiendo la misma como posibilidad o potencialidad  en camino hacia la realización del Acto Puro. La actualidad de dicha potencialidad sería el movimiento o tránsito del estado de posibilidad al de realización.

Como ya se ha mencionado, el Amor es la aspiración ascendente de cada cosa a su perfección. Es una posibilidad de niveles cada vez más desarrollados de conciencia hasta un máximo de información y conocimiento unificante. Se habla en torno a las ideas del filósofo idealista Pierre Teilhard sobre el universo y la idea de un Punto Omega o máximo nivel de complejidad y conciencia.

En cuanto a la Duración, se define en la emergencia 6 como existencia continuada de un ente que permanece en su acto de ser, diferenciándose del Tiempo como un punto de vista particular sobre el mismo.

Especialmente interesante, a mi parecer, en este punto sería la mención a Bergson, ya que su diferenciación entre tiempo físico u objetivo, artificialmente cuantificado, y el tiempo vivido por la conciencia como duración, es a menudo testable en la relatividad de los años según el periodo de vida en que nos encontremos.

Llegamos así a la séptima y para mí una de las más interesantes emergencias del libro: arenas movedizas. Todo el conocimiento está construido sobre abstracciones puras. Así, incluso el cálculo matemático queda basamentado sobre dos referenciales como son cero e infinito, es decir, ningún número. El Ser, no existiendo, es el referencial absoluto único sobre el que queda construido el edificio de lo que creemos conocer.

Al estar el ser-ahí en continua potencia de Ser, la búsqueda de la Verdad es un camino que va haciéndose conforme nos acercamos hacia una conciencia más formada. El Tiempo no sería un soporte, sino la única ocurrencia, Eternidad, el Ser-siendo en presente.

El ser se desarrolla como una espiral de tiempo sin cerrarse nunca definitivamente. La historia se repite, así como las melodías, en instantes diferentes, de forma aparentemente distinta, pero en esencia, la misma. Nuestra vida es la misma, solo que nos manifestamos de forma diferente en tiempos diferentes. Una idea ya presente en Nietzsche que se retoma aquí y que poco difiere del mismo.

Se retoman también las ideas del “pienso, luego existo” de Descartes, si bien en este caso, Manuel argumenta que la existencia, en el proceso evolutivo es mucho anterior al pensar, esto es, pensar no es una condición para existir, sino que existir es una condición para poder pensar, de ahí que al pensar me dé cuenta de que existo.

La Historia, además de esa realización de perfección, es la marcha del espíritu hacia Sí-Mismo, de manera que ese desarrollo del que se habla durante toda la obra iría encaminado a un autoconocimiento pleno.

La Verdad, se va haciendo mientras se busca, como el camino de Antonio Machado. Es así, una continua superación de errores, y el error, “un funcionario del Ser”. Una visión bastante positiva del autor ya que el error superado formaría parte de la historia con el mismo efecto que la verdad.
A pesar de que toda la existenciariedad esté sustentada sobre Nada y Ser, Manuel Carabias es agnóstico con respecto a la posibilidad de conocimiento de esta Nada, ya que la misma queda fuera del tiempo. Solo el ser-ahí, en duración y extensión, puede ser objeto del conocimiento, de ahí la propuesta de un modelo diferente (universo tractriz)  para hacer frente a la actual teoría del big bang, una explosión supuestamente surgida previamente al espacio-tiempo.

Aún el ser más perfecto necesitaría un mínimo de materialidad para poder existir, luego tampoco sería posible hablar de un origen de esta materia. Se trataría aquí de una pregunta física y no filosófica. Todos los seres vivos estamos conformados por un sistema abierto de interacción con el entorno. El big bang  es un modelo “cerrado” que contradice la primera ley de la termodinámica. Establecer un “origen” sobre algo infinito es, expresado popularmente, como querer poner puertas al campo. 

En youtube pueden encontrar una explicación más amplia, y a buen seguro más acertada sobre el asunto: 



La ciencia solo puede investigar relaciones, luego la metafísica necesita de una “dialéctica razonada” una “teorética” para lo aún no conocido, una forma de planteamientos lógicos que busque el progreso y complemente a la “dialéctica operacional” de lo ya conocido.
La idea de Ser es la armonización de todo sin detrimento ontológico de las partes y la idea fundamental de esta obra, pues resume el concepto de Amor como unificador, armonizador y fuerza que lleva a cada ser-ahí hacia el Ser de Sí-Mismo.



jueves, 30 de junio de 2016

LA CHICA DEL TREN




No puedo esperar a recomendar el thriller de Paula Hawkins que anoche me tuvo en vela hasta las cuatro de la mañana.
La Chica del tren no deja indiferente a nadie, no solo por su argumento, sino por la profundidad psicológica con que es tratado cada personaje. Seguramente a ello se deban tan buenas críticas por los principales diarios internacionales, así como su gran número de ventas.

Lo recomiendo encarecidamente a viejos lectores y lectores noveles que empiezan sus andanzas en el mundo de la literatura, pues a diferencia de otros libros de misterio, este resulta fácil de leer. Que no os engañen sus cerca de 500 páginas, porque vuelan casi tan alto como la imaginación de Rachel, nuestra protagonista.

La narración entrelaza a los tres personajes femeninos principales: Anna, Rachel y Megan, que relatan en primera persona y a modo de diario sus impresiones sobre una misma situación.
Rachel será quien desvele la trama desde su pobre vida. Los problemas con el alcohol y la frustración por su ruptura matrimonial años atrás acompañarán la aventura de esta mujer acostumbrada a dar todo por perdido. Es de destacar cómo se estructura casi a la perfección la imagen de una mujer desvaída y de bajo autoestima que lucha por salir de su situación a la par que se entrega a su adicción.
Anna hace el papel menos complejo a nivel psicológico y, no alejado de la realidad social de nuestro siglo. La actual mujer de Tom, exmarido de Rachel, solo se fija en su imagen, su familia y, en definitiva, su ombligo. Es una persona fatua y egocentrista que pondrá trabas a la “investigación” de Rachel durante toda la novela.

Por último, Megan será la víctima alrededor de la cual gire toda la trama y cuyos diálogos están enmarcados en un pasado del que se viene y va sin demasiadas complicaciones para la comprensión de la obra.

Los personajes masculinos, actúan como sospechosos del crimen, pero siempre en un segundo plano, lo que me recuerda a las novelas del realismo y naturalismo, donde las mujeres se hacían con el mando de la obra como consecuencia de la profundidad psicológica atribuida a las mismas.
Recuerdo, asimismo, sobre las pautas para una correcta correlación de hechos en un texto, que los sueños y las descripciones pormenorizadas debían limitarse, que los detalles debían  tener siempre un porqué y que los incidentes deben sucederse al ritmo que demanda el lector y no uno tras otro sin orden ni fijación. Todas estas cualidades se encuentran en esta novela. Yo diría que es el relato perfecto: la dosis exacta de sueño, el número preciso de personajes, la descripción justa y necesaria y, un vocabulario asequible, pero también rico en recursos.


Desde luego, hacía tiempo que un libro no me quitaba el sueño, concretamente desde la lectura del Psicoanalista de Jhon Katzenback por la que pasé más de una noche en vela. En cierto modo, esta obra se asemeja en cuanto al ritmo se refiere, en cómo los detalles se van dejando caer hasta que todo encaja y entonces ya no hay vuelta atrás. No les desvelo más, descúbranlo por ustedes mismos. 

domingo, 19 de junio de 2016

Entre Visillos

COMENTARIO ENTRE VISILLOS

Introducción


Entre visillos llegó a mí una mañana lluviosa de primavera donde cultura y deporte se juntaban sorprendentemente bajo la carpa en que se hacinaban los participantes de la última edición en la carrera de Cruz de Humilladero.
Lo escogí entre los restos de libros que regalaban un grupo de asociados de Libros Libres, como quien adopta un animal a punto de ser sacrificado. Rescaté a Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y a Emilia Pardo Bazán y volví a casa con el firme propósito de leerme las tres obras antes de acabar el verano.
Como es sabido, esta obra fue galardonada con el Premio Nadal en 1957, y ha formado parte de la literatura esencial de los últimos años en los libros de estudiante de bachiller. Su autora ha obtenido numerosos premios que no podemos obviar antes de comenzar esta reseña, e incluso la lectura del libro.

Argumento

Para comprender Entre visillos, hace falta desaprender todo aquello que el cine americano y la literatura comercial se ha empeñado en cincelar durante los últimos años en nuestra sociedad. Incluso yo dejaría atrás la clásica división: inicio, nudo  y desenlace.
La obra transcurre en una pequeña ciudad de provincias allá por la década de los sesenta en España. Se trata de historias que encuentran su nexo conforme transcurren las líneas del texto y que no destacan tanto por su trama como por el retrato que trazan de la época.
Julia es una mujer de 27 años que intercambia cartas con Miguel, su novio de Madrid. Es un personaje sumiso, religioso y fiel que se confiesa por el mero hecho de tener pensamientos impuros, algo casi impensable en la actualidad.

Los problemas para ella empiezan y acaban en el mismo punto: su autonomía. No es capaz de desobedecer a su familia e irse a Madrid con el hombre de sus sueños, pero tampoco tiene el valor de plantarle cara al mismo,  que la hace sufrir con sus repentinos cambios de opinión, exigencias y ausencias.

Sus hermanas Mercedes y Natalia, se empeñan durante gran parte de la obra en emparejarla con Federico Hortal, un muchacho de la zona que, por lo que se ve, parece muy interesado en ella.
Durante la obra, en cambio, Natalia descubre a través del personaje clave de la obra, Pablo Klein, que, con veintisiete años, su hermana necesita partir a Madrid a hacer su vida, antes que resignarse a lo que su tía y su padre le tratan de imponer.

Todo ello transcurre en una suerte de diálogos, encuentros y desencuentros por el vecindario, y más concretamente por el Casino, donde se organizan los principales eventos sociales que reúnen a la juventud de la época.

De otro lado, Goyita vuelve de un viaje a San Sebastián con su amiga Marisol, quien llamará notablemente la atención de los chicos al ser nueva en la localidad. El más subastado de todos ellos es Don Manuel Torre, un atractivo aviador que si bien se declina hacia el grupo de amistad de Goyita, no tiene reparos en hacer nuevas amistades, ni en bailar con cualquiera de las chicas nuevas.
Entre este simposio de personajes, aparecen Gertru y Ángel, una pareja a punto de casarse. Vuelve a reflejarse aquí la tradición de la época, la tendencia a relegar el rol de la mujer a un segundo plano, pues a pesar del amor que les une y las ganas de ella de acabar bachiller, Ángel le pide que se limite a escoger detalles de su nueva casa y aprender recetas que cocinar para él.
La boda se gestiona como un torrente inagotable de compromisos en los que Lydia, la suegra, arrastra a Gertru, que casi no intercambia palabra con su novio durante el proceso de preparación de la ceremonia.

Sin orden alguno, Pablo Klein, joven profesor que llega para trabajar un trimestre en el Instituto, toma el mando de la narración en determinados capítulos donde describe su experiencia al paso por la provincia. Nada más llegar, este joven se encuentra que el director del Instituto, Don Rafael Domínguez ha muerto días atrás. Al acudir al velatorio conoce a sus hijos Teo y Elvira y, desde ese momento, empieza a sentir debilidad por la chica.

Su historia, sin embargo, no se queda ahí. El joven visita el Casino y se hace amigo de Emilio, cuyo carácter es extrovertido, pero algo pesado. Asegura haber salido con Elvira, quien negará automáticamente la relación con éste, a pesar de haberla tenido. A raíz de esta relación de amistad, Pablo conoce a un grupo numeroso de chicos que le llevaran por los guateques y zonas de moda en la ciudad y, a través de los cuales también conocerá a Rosa, animadora de uno de aquellos antros en los que se juntan los chavales. El personaje quedará atrapado entre estas dos relaciones, si bien su inclinación última es hacia Elvira, mucho más distante que Rosa quien enseguida se acercará a él e incluso será su vecina durante un tiempo.

Ya más al final de la obra, se generará un vínculo especial entre este joven profesor y Natalia, la hermana menor del trío protagonista quien a través de los consejos de Pablo, convence a su padre para que deje partir a la hermana mayor y le permita estudiar una carrera, aspecto este último, que queda un poco en el aire.

En general, es un hecho muy extendido, y desgraciadamente real, el de considerar los estudios como algo secundario e innecesario en el caso de la mujer. Este personaje, Natalia, más oculto en el inicio de la novela, irá tomando importancia conforme avanza la trama y, su decisión acerca de hacer carrera marcará el final de este conjunto de historias entrelazadas. Pablo Klein será el empuje y el cambio que estos personajes necesitan para empezar a tomar decisiones por sí mismos en vez de atenerse a las normas impuestas socialmente por los mayores.

Reflexión

Curiosamente los tres libros que escogí aquel día tienen, o adivino que tendrán, numerosos aspectos en común, con la salvedad de que cada uno retratará la zona más cercana a su autora, como en el caso de Emilia con las montañas gallegas.

La literatura castellana de la época está plagada de libros, limitados al diálogo y el retrato de unos años que marcaron la historia de nuestro país. Es el caso de la Colmena de Camilo José Cela o la novela neorrealista de El Jarama, por Rafael Sánchez Ferlosio.

Son libros cuyo sentido se remite a su tiempo y, aunque el género podría repetirse en la actualidad, seguramente los diálogos y el reflejo de la decadencia perderían mucho. ¿Se imaginan una reunión en los pub de hoy día? La sutileza a la hora de entablar una relación o las restrictivas normas sociales a las que especialmente las mujeres estaban sujetas ya no tienen sentido ¿o acaso alguien con 27 años se compromete a no llegar después de las diez a casa?

También Serrat dedicó su Poco antes de las diez a una joven que podría enmarcarse entre los personajes del libro que tratamos.

En relación al aspecto estético-narrativo, destacar la mezcla de narrador externo e interno. Durante la mayoría del libro será Pablo Klein el único personaje en contar desde su punto de vista la historia, si bien ya por los últimos capítulos, Natalia narra su experiencia en la pedida de Gertru y Ángel.

Los matices sociales de aquellos años captaron especialmente mi atención, por ejemplo cómo Elvira se toma en serio y tan en serio el luto por su padre, olvidándose de algo tan inocente como ir al cine hasta pasado lo menos un año, cuando al fin podía calzar medias grises.

Es un tiempo donde el cine casi podría parecer un pecado, tal como el cura le advierte a Julia en una confesión de esta última. Se trata de elementos que hoy pasan inadvertidos y que suponían un conflicto social importante en la vida de estos personajes. De todos estos aspectos, por supuesto el más importante, son los estudios, tanto para hombres como para mujeres. Ellas, como ya mencionamos con anterioridad, se plantean estos como algo secundario que solía abandonarse antes de alcanzar niveles superiores. Para ellos era una salida, como vemos en el hermano de Elvira y Emilio, el preparar oposiciones para notario u otros cargos administrativos que se escogían no por vocación, sino por salida.


Aunque todo ello ha cambiado mucho actualmente, siguen existiendo paralelismos en relación a la libertad de decisión en muchos jóvenes ¿hacemos lo que de verdad amamos o buscamos salidas prácticas en tiempos de crisis? Creo que salvando el contexto que nos acompaña, debemos escuchar siempre a aquello que de verdad nos llama, incluso si nos lleva a un callejón sin salida ¿o no?




Teresa Velasco Castillo

sábado, 14 de mayo de 2016

Discurso de presentación




Como consecuencia de las felicitaciones de todos los que estuvisteis ayer en la presentación de mi primer libro, y de aquellos que por uno u otro motivo no pudieron asistir, adjunto a continuación el discurso con el que di paso a este proyecto, que como ya dije, es de todos. 



Buenas tardes. En primer lugar agradecer el enorme esfuerzo de todos los presentes, familiares, amigos y más amigos, especialmente a Paco y a Jorge por tan magnífica presentación.
Como puedo observar la mayoría sabéis de qué va esto de escribir, pero para los que aún no lo tienen muy claro, me dispongo a hacer públicos los ingredientes, hasta ahora secretos, de el poema.
No hará falta que tomen nota, porque posiblemente esta receta no sirva ni siquiera para mi misma una vez que salga de esta sala. La literatura, como la vida, no está hecha de fórmulas matemáticas como me hubiese gustado de pequeña. No, lo más cercano a la vida es la poesía y, si me apuras, el atletismo: una carrera de fondo con obstáculos arbitrarios que cada uno salva según su circunstancia y sus posiblidades.
El primer ingrediente que tienen que asegurarse de comprar es la intención. Llamémosle ganas, interés, constancia e incluso cabezonería. Yo diría que en mi caso obsesión por  metas tan inalcanzables como las de hoy.
No voy a mentir y a contar la historia del niño que soñaba que escribía, porque no es así. Solo una profesora, y no está aquí, es consciente de lo que digo: mi agenda estaba llena de sus firmas cuando cursaba primaria. Mi pasión eran, como dije antes, las matemáticas. Exactas y concisas. Pero pronto, descubrí los renglones torcidos de Dios y me di cuenta de que aquello tenía de todo menos sentido.
El desencadenante de  aquella metamorfósis fue una cinta de Sabina, aparecida un sábado de limpieza general. En seguida me enamoré de su voz ronca, sus canciones, sus letras, su persona y su personaje y, como dije antes, lo llevé a la misma obsesión.
No tenía ni 12 años, no me gustaba leer y, de pronto, me encantaba. Deboré todas las biografías habidas y por haber antes de que a mi padre le diese tiempo de leer el prólogo de un libro, que compró para él. Y, por supuesto, como buena periodista me documenté a fondo de todas las influencias de este autor, leyendo uno por uno todos los libros que recomendaba, escuchando las canciones a las que aludía en sus canciones, los autores con cualquier tipo de relación…
Y hasta ahí el primer ingrediente. El segundo yo diría que poca gente lo tiene. Son unos padres como los míos. Ellos han aguantado mis dudas antes de que existiera wikipedia, ellos se han sacado dos veces primaria, dos veces secundaria, dos veces bachiller,dos veces el First de Cambriadge,  una carrera de periodismo, un primero de TAFAD y, en este momento, están repitiendo 3º y 5º de primaria con mis hermanos.
Es más, ellos han aguantado el más duro de los ingredientes para estos poemas: el desequilibrio.
Todo iba de maravilla hasta que llegó Baudelaire y sus poemas malditos y las influencias negativas del mundo del periodismo.
Empecé copiando a toda prisa los rótulos de cada noticia, madrugando para leer el twitter, y aprovechando cada minuto para poder entrenar duro por las tardes y lograr mi otro gran objetivo: las olimpiadas. Sí, soy experta en objetivos inalcanzables y este es uno de ellos.
Pronto dejé de comer, de relacionarme, y, en definitiva, de vivir. Y todo ello lo soportaron mis padres, en primera persona del singular y del plural.
Llegado ese punto, algo me decía que necesitaba escribir y así hice. De esa época tengo poemas como el espejo que no creo que pueda escribir ahora ni nunca. La muerte como un hecho anecdótico, más o menos presente a lo largo de muchos poemas. La muerte es algo con lo que toca convivir y da miedo, pero no por ello hay que achantarse, por eso escribí, más recientemente, este poema a mi abuelo, porque nunca he aceptado los eufemismos con los que se anuncia la muerte a un niño.
Pero no nos centremos en lo malo, la inspiración, también es cierto, llega trabajando. Y trabajar es, como decía Balzac, plantar el culo en la silla y escribir y leer y volver a leer y escribir hasta que salga algo que entredientes pueda aprobar pasajeramente. En eso sí se asemeja la ciencia a la literatura: ningún poema es definitivo, siempre es suceptible de ser refutado.
Para ello, se sobre entiende, hace falta unos padres que te mantengan económica y literalmente. También vale una pareja como la que tenía Vargas Llosa hasta hace poco.
Y ya, la última pizca de sal la ponen el conjunto de capullos que salieron conmigo y, en algún momento, destrozaron mi vida para que yo pudiera construirla con versos.
No solo ellos hacen los poemas de amor. También la imaginación, mucha imaginación y amores platónicos como el del poema Amor Secreto

Con esta última intervención me despido y animo a todos y todas los jóvenes y no tan jóvenes a escribir. Pero, por favor, no sazonen en exceso sus poemas, recuerden que la claridad, como dijo Ortega y Gasset, es la cortesía del filósofo. 



Teresa Velasco Castillo.