Para quien viene de famila de pescadores, o simplemente tiene costumbre de sentarse sin más a ver la gente pasar y al fondo el mar. Para quienes conocen más la zona este de Málaga y han vivido episodios de su infancia entre los callejones que dan a la playa. Para quienes olvidan que han sido olvidados entre las cuerdas de una guitarra. Algo tan simple como eso es este poema. Un paisaje al borde del espigón y al borde de un verano que siempre quedará en mi memoria.
Era su voz como un beso que se traba,
la voz del mar aquella noche de verano,
eran sus garras fusiles de soldado,
al borde de un ocaso que brilla sin dar llama.
Poco a poco, su frente alzó entre espumas,
un mar color de olivo y grito arado.
Era su voz alacena de mil lunas,
la voz del mar aquella tarde de verano.
La noche levantando su corteza,
el sol de punta a punta muriendo
de ti, en mi cabeza, el tapiz
de arena dormida entre los dedos.
Era su sombra manto de azucenas,
sangre amarilla de un cielo en agonía.
Su lecho arrogante contra las olas hundía
y era su voz Sabina corriendo por mis venas.
Por sus jarras de piel salina mi amor exhalo.
Para un corazón que es templo saqueado,
su voz es bálsamo dorado en torno al cielo
robando besos por las esquinas del Palo.
Era su voz, la voz del mar, aquella noche de verano.
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