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La vida es irónica:
Se necesita TRISTEZA para conocer la FELICIDAD, RUIDO para apreciar el SILENCIO y AUSENCIA para valorar la presencia

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jueves, 10 de septiembre de 2026

El último banco del espigón

 

Para quien viene de famila de pescadores, o simplemente tiene costumbre de sentarse sin más a ver la gente pasar y al fondo el mar. Para quienes conocen más la zona este de Málaga y han vivido episodios de su infancia entre los callejones que dan a la playa. Para quienes olvidan que han sido olvidados entre las cuerdas de una guitarra. Algo tan simple como eso es este poema. Un paisaje al borde del espigón y al borde de un verano que siempre quedará en mi memoria. 


Era su voz como un beso que se traba,

la voz del mar aquella noche de verano,

eran sus garras fusiles de soldado,

al borde de un ocaso que brilla sin dar llama.

Poco a poco, su frente alzó entre espumas,

un mar color de olivo y  grito arado.

Era su voz alacena de mil lunas,

la voz del mar aquella tarde de verano.

La noche levantando su corteza,

el sol de punta a punta muriendo

de ti, en mi cabeza, el tapiz

de arena dormida entre los dedos.

Era su sombra manto de azucenas,

sangre amarilla de un cielo en agonía.

Su lecho arrogante contra las olas hundía

y era su voz Sabina corriendo por mis venas.

Por sus jarras de piel salina mi amor exhalo.

Para un corazón que es templo saqueado,

su voz es bálsamo dorado en torno al cielo

robando besos por las esquinas del Palo.

Era su voz, la voz del mar, aquella noche de verano.

 


Teresa Velasco Castillo Septiembre 2026

 

 

 

martes, 8 de septiembre de 2026

Donde yo sólo sea

 

Empecé hará un par de días a darle vueltas a este poema. Partí de un instante en que, si bien la vida parece que se para, el mundo sigue y todo continúa al ritmo frenético de la gran ciudad. Me acordé entonces de la canción Donde habita el olvido porque todo sigue igual cuando uno vuelve a casa, pero siempre queda algo al fondo del cuarto del olvido. 

Donde sólo sea…

Donde yo sólo sea hoguera de amor

sitio donde tu nombre acaba

sol de metal que se me clava

como se clava la noche en mi costado,

dardo sobre dardo contra el alma.

Donde los labios se esconden

estremeciendo  las mejillas.

Ahí, donde quema, se apaga tu nombre

contra un solo río de hojas amarillas.

En ese  instante que ha cesado y permanece

luz incandescente, corriente de alquitrán,

en la forma de andar del que no frena

al borde de la acera, nuestro paso vence.

Ahí donde tu nombre acaba, habita el olvido.

A solas con tu ausencia, mi condena.

Donde yo solo sea hoguera de amor

ardiendo de ti, inútil existencia.


Teresa Velasco Castillo septiembre 2026

jueves, 3 de septiembre de 2026

Vendrá la muerte

Vendrá de muchas maneras. Como escribió Cesare Pavese, "tendrá tus ojos", puede que una mirada esquiva o tal vez se quede en silencio frente a frente. En cualquier caso, sé que estaré sola y seguramente sea hasta un alivio soltar la vida y liberarnos de su peso.  


Vendrá la muerte, como este amor, calladamente,

sorda, como un dique de mar quebrado en el estío.

Vendrá cuando a solas, sus cuchillos afilen las horas

 en que todo te lo digo y estás ausente.

¡Qué cansado el negocio de quererte sin motivo!

Vendrá la muerte inaccesible y pienso y digo,

ésta es la última vez ya que le escribo.

Vendrá la muerte a estancarse en el hastío.

Tendrá tus ojos, cuando me miras.

Tu olor cuando en mi pecho hundido,

en el latido de mi muerte, tú respiras.

Pero dame unos días y serán solo palabras,

tu voz amortecida, este mordisco de sol,

esta sombra de cipreses que se nos vierte encima.

Vendrá la muerte con tu nombre en la cintura.

Rasgaré mis venas de nostalgia escarnecida

Y, en unos días, serán palabras vacías de ti,

en boca muda.

Vendrá la muerte y se irá calladamente,

en la oscuridad que asfixia el ruido de las olas,

en este sitio, llena de aurora el alma,

Vendrá la muerte y será un alivio quedarme sola.


Teresa Velasco Castillo septiembre 2026

viernes, 21 de agosto de 2026

A mi abuela

 

Me cuesta mucho dar voz a eso que siento cuando pienso en alguien que ya no está. Todavía, y ya de bien mayor, siento un "temblor de tierra" cuando veo flores y sé que son para llevar al cementerio. Pero se lo debía, e igual que se fue en un final hostil de invierno, cumplía años a finales de agosto mi abuela. No sé si quedaran las palabras o también el tiempo eso se lleva. Para mi por lo menos será eterna. 


Tiene la mirada quieta y la risa tostada

al sol de las cuatro estaciones muerde

su silencio a la luna, y aunque su carne

sea barro removido de ausencia,

yo la tengo en mi pecho atravesada.


Hay mucha distancia de un lugar

al otro de su cuerpo, por ejemplo,

de su sien a su pupila cien semillas

de amor, sembrado como un árbol,

del tronco agitado en sus rodillas,

me duelen como espigas sus abrazos.


Yo la siento sin tiempo y sin distancia

como un plomo en el ala derretido,

como quien la lluvia en los cristales oyera,

pienso en ella y es eterno este pasillo.


Ya no escucho sus ojos en silencio, el eco

de su mirar tan quieto, pero la siento

y más cerca y apretada y el corazón más suelto.


Tiene en el dorso de la mano un latir

unísono de abanicos entreabiertos.

Tiene su casa abierta al cierzo y al verano

y un patio de granito en que comparte

la infancia que otros le negaron.


Se rompieron los pulsos que sostenían el poema,

la memoria ciega en las horas que no vivo,

y me arrepiento y te digo que estoy seca,

de llorar los versos que jamás te escribo.


Tiene esa mirada quieta y un olor a jazmines

disuelto en la sombra de su piel blanca.

Se fue por febrero dejando la poesía

desahuciada de versos con que regar los jardines.

 


Teresa Velasco Castillo agosto 2026

 

 

 

 

viernes, 14 de agosto de 2026

Si es amor, es primavera

 

Espero no caer en la cursilería. Prometo cambiar de tema para la próxima. Hoy no lo he podido resistir y me han vuelto a dar las tantas con esto de unir palabras y emociones. Lo comparto por si a alguien más le ocurre o si sirve de algo. 


Si es amor, es primavera

 

Debí haberte conocido diez años antes

sin reservas para aliviar tu voz espesa

sin importar si quedo ciega por mirarte.

 

Diez años antes debí haberte conocido

para dejar que el corazón que ahora soporto

partiese sin maletas a vivir en sucesivo.

 

Para que supieras que aquí estaba

y que en todo mi cuerpo aún me dueles.

Me faltó tiempo para hablarte con calma.

 

Debí haberte conocido en el mismo espacio

de esta cárcel que hoy me encierra.

Para llenar mis días de estar contigo despacio,

para cambiar el final de esta novela

y no ser yo, si no es de tu brazo

 

Habría alcanzado con un anillo de barro

Sin compromiso abril te habría entregado.

Hace diez años, de haberte conocido

sin ser merecido, me habría regalado

 

Y qué importa que no estuvieras

en días, semanas, meses, años.

 

Aunque tampoco entonces te tuviera

Si es amor, es primavera.

 


Teresa Velasco Castillo, agosto 2026

domingo, 19 de julio de 2026

Tres aves y un cuarto desordenado

 

Hoy he llenado mi día con todo, incluido un mundial. Pero ganar y volver a casa en silencio y poner un despertador para nada y estar cansada del absurdo que descoloca la vida. Hoy no pude contener los pájaros que aprietan mis nudillos, y me he volcado de madrugada sin ningún plan a hablarle a la pantalla del vacío. Como siempre salieron rimas. Para todos y para nadie. Compartir sin ser visto, ahí reside el don de la poesía. 


Tres aves salieron hoy volando

a pasear mis recuerdos por el cuarto.

Tres aves invisibles como el aire

estremecen esta noche mi descanso.

 

Tres aves emergen lentamente,

cerca de mí, con su batir de alas,

ojos rubí de noche en calma,

alzan su vuelo y luego. Nada.

 

Tres aves me empujan de rabia

a vomitar mis dudas en la mesa.

En su brillante frente de mil fuegos,

juego a desahogarme y siempre ganan.

 

Tres aves se deshacen en el cielo

y yo vuelvo al país de lo contrario.

A limpiar de nube negra las estrellas,

a barnizar con luz el calendario.

 

Tres plumas de colores de la noche

y un haz de maravilla en el pasado.


Por más que tiempos felices

quiera rescatar de mi poesía,

lo que tal vez fue, ya no existe.


Una larga noche,

quizá un hermoso día.



Teresa Velasco Castillo 20/07/2026

martes, 14 de diciembre de 2021

Break time

 


Lo de este domingo ha sido un adiós demasiado forzado. Le he dado vueltas  a mi cabeza y a mis piernas hasta hacer de  este talón dañado un asunto perentorio. Tengo que parar y empezar algo que me llene. Simular otra vida al menos. Imponer otra inercia a mis zapatos. Pedalear lejos.

No sabía si hacer o no una crónica de este domingo. Ser coherente y humilde es lo menos después de tanto ajetreo para 42 kilómetros de esfuerzo. Y yo no soy de tirar la toalla. En enero, quizás febrero pienso volver. Curaré mi lesión tantas veces como el corazón aguante e insistiré aunque esté agotada para que ningún adiós sea el definitivo.

Quizás esta forma de pensar no sea la adecuada y tal vez es por eso  que acabé en 3 horas y media lo que debí dejar en la mitad, cuando atravesaba en sentido oeste el paseo de los curas. El caso es que decidí acabar en silencio. Al ritmo que mi cuerpo pedía. Remontar con algo de glucosa y no pensar en el dolor. Romperme en carne viva al cruzar la meta.

No sabía si escribir de este domingo, pero Verónica Forqué se ha matado y leyendo, no sé… me he preguntado ¿me estoy yo también matando?  

En fin, de las derrotas también se aprende. Probaré a escribir sobre paisajes, sensaciones, entrenos de ensayo-error. No  puede ser que el camino acabe tan pronto. Bien o mal redactadas, aún me quedan kilómetros donde escribir mis huellas.