Empecé hará un par de días a darle vueltas a este poema. Partí de un instante en que, si bien la vida parece que se para, el mundo sigue y todo continúa al ritmo frenético de la gran ciudad. Me acordé entonces de la canción Donde habita el olvido porque todo sigue igual cuando uno vuelve a casa, pero siempre queda algo al fondo del cuarto del olvido.
Donde sólo sea…
Donde yo sólo sea hoguera de amor
sitio donde tu nombre acaba
sol de metal que se me clava
como se clava la noche en mi costado,
dardo sobre dardo contra el alma.
Donde los labios se esconden
estremeciendo las
mejillas.
Ahí, donde quema, se apaga tu nombre
contra un solo río de hojas amarillas.
En ese instante que
ha cesado y permanece
luz incandescente, corriente de alquitrán,
en la forma de andar del que no frena
al borde de la acera, nuestro paso vence.
Ahí donde tu nombre acaba, habita el olvido.
A solas con tu ausencia, mi condena.
Donde yo solo sea hoguera de amor
ardiendo de ti, inútil existencia.
Teresa Velasco Castillo septiembre 2026