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La vida es irónica:
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sábado, 19 de septiembre de 2026

Besos con nicotina

 Dice la canción que "cada boca tiene un sabor" y el del tabaco es especialmente desagradable para besar. Pero incluso así, en los labios adecuados, puede construirse un buen poema a partir del humo. 


Al latido de la semilla penetrando la blanca tierra,

al grito de la guitarra rota del instinto,

a la luz que escupe el umbral de lo distinto,

inasible por el tiempo, prisionero de ti, por dentro.

 

Sabía a muros de cal, estrella distante de ceniza.

Brillaba de insomnio que se hiela en los dientes.

Era el trazado de líneas que dibujan los pájaros con tiza

cuando juegan en el cielo de lo que uno siente.

 

Era el sabor de la yerba edificada en el deseo,

una colección de llaves de metal sin casa,

amargo como la espiga de trigo en el recreo,

saben los labios contigo a noche de luz escasa.

 

Desastrado como el delgado silencio del alba

que me quita la ropa, que me desnuda,

que me enseña a bajar la voz alrededor de la garganta

y a tropezar con el corazón sobre los ecos.

 

En la arena dorada que en los dedos se esfuma,

golpeaba la luna, yo y el viento

Y saben a mar de alquitrán los besos

que se dan cuando se fuma y se ama al mismo tiempo.

 

 

 Teresa Velasco Castillo septiembre 2026

jueves, 10 de septiembre de 2026

El último banco del espigón

 

Para quien viene de famila de pescadores, o simplemente tiene costumbre de sentarse sin más a ver la gente pasar y al fondo el mar. Para quienes conocen más la zona este de Málaga y han vivido episodios de su infancia entre los callejones que dan a la playa. Para quienes olvidan que han sido olvidados entre las cuerdas de una guitarra. Algo tan simple como eso es este poema. Un paisaje al borde del espigón y al borde de un verano que siempre quedará en mi memoria. 


Era su voz como un beso que se traba,

la voz del mar aquella noche de verano,

eran sus garras fusiles de soldado,

al borde de un ocaso que brilla sin dar llama.

Poco a poco, su frente alzó entre espumas,

un mar color de olivo y  grito arado.

Era su voz alacena de mil lunas,

la voz del mar aquella tarde de verano.

La noche levantando su corteza,

el sol de punta a punta muriendo

de ti, en mi cabeza, el tapiz

de arena dormida entre los dedos.

Era su sombra manto de azucenas,

sangre amarilla de un cielo en agonía.

Su lecho arrogante contra las olas hundía

y era su voz Sabina corriendo por mis venas.

Por sus jarras de piel salina mi amor exhalo.

Para un corazón que es templo saqueado,

su voz es bálsamo dorado en torno al cielo

robando besos por las esquinas del Palo.

Era su voz, la voz del mar, aquella noche de verano.

 


Teresa Velasco Castillo Septiembre 2026

 

 

 

martes, 8 de septiembre de 2026

Donde yo sólo sea

 

Empecé hará un par de días a darle vueltas a este poema. Partí de un instante en que, si bien la vida parece que se para, el mundo sigue y todo continúa al ritmo frenético de la gran ciudad. Me acordé entonces de la canción Donde habita el olvido porque todo sigue igual cuando uno vuelve a casa, pero siempre queda algo al fondo del cuarto del olvido. 

Donde sólo sea…

Donde yo sólo sea hoguera de amor

sitio donde tu nombre acaba

sol de metal que se me clava

como se clava la noche en mi costado,

dardo sobre dardo contra el alma.

Donde los labios se esconden

estremeciendo  las mejillas.

Ahí, donde quema, se apaga tu nombre

contra un solo río de hojas amarillas.

En ese  instante que ha cesado y permanece

luz incandescente, corriente de alquitrán,

en la forma de andar del que no frena

al borde de la acera, nuestro paso vence.

Ahí donde tu nombre acaba, habita el olvido.

A solas con tu ausencia, mi condena.

Donde yo solo sea hoguera de amor

ardiendo de ti, inútil existencia.


Teresa Velasco Castillo septiembre 2026

jueves, 3 de septiembre de 2026

Vendrá la muerte

Vendrá de muchas maneras. Como escribió Cesare Pavese, "tendrá tus ojos", puede que una mirada esquiva o tal vez se quede en silencio frente a frente. En cualquier caso, sé que estaré sola y seguramente sea hasta un alivio soltar la vida y liberarnos de su peso.  


Vendrá la muerte, como este amor, calladamente,

sorda, como un dique de mar quebrado en el estío.

Vendrá cuando a solas, sus cuchillos afilen las horas

 en que todo te lo digo y estás ausente.

¡Qué cansado el negocio de quererte sin motivo!

Vendrá la muerte inaccesible y pienso y digo,

ésta es la última vez ya que le escribo.

Vendrá la muerte a estancarse en el hastío.

Tendrá tus ojos, cuando me miras.

Tu olor cuando en mi pecho hundido,

en el latido de mi muerte, tú respiras.

Pero dame unos días y serán solo palabras,

tu voz amortecida, este mordisco de sol,

esta sombra de cipreses que se nos vierte encima.

Vendrá la muerte con tu nombre en la cintura.

Rasgaré mis venas de nostalgia escarnecida

Y, en unos días, serán palabras vacías de ti,

en boca muda.

Vendrá la muerte y se irá calladamente,

en la oscuridad que asfixia el ruido de las olas,

en este sitio, llena de aurora el alma,

Vendrá la muerte y será un alivio quedarme sola.


Teresa Velasco Castillo septiembre 2026

viernes, 21 de agosto de 2026

A mi abuela

 

Me cuesta mucho dar voz a eso que siento cuando pienso en alguien que ya no está. Todavía, y ya de bien mayor, siento un "temblor de tierra" cuando veo flores y sé que son para llevar al cementerio. Pero se lo debía, e igual que se fue en un final hostil de invierno, cumplía años a finales de agosto mi abuela. No sé si quedaran las palabras o también el tiempo eso se lleva. Para mi por lo menos será eterna. 


Tiene la mirada quieta y la risa tostada

al sol de las cuatro estaciones muerde

su silencio a la luna, y aunque su carne

sea barro removido de ausencia,

yo la tengo en mi pecho atravesada.


Hay mucha distancia de un lugar

al otro de su cuerpo, por ejemplo,

de su sien a su pupila cien semillas

de amor, sembrado como un árbol,

del tronco agitado en sus rodillas,

me duelen como espigas sus abrazos.


Yo la siento sin tiempo y sin distancia

como un plomo en el ala derretido,

como quien la lluvia en los cristales oyera,

pienso en ella y es eterno este pasillo.


Ya no escucho sus ojos en silencio, el eco

de su mirar tan quieto, pero la siento

y más cerca y apretada y el corazón más suelto.


Tiene en el dorso de la mano un latir

unísono de abanicos entreabiertos.

Tiene su casa abierta al cierzo y al verano

y un patio de granito en que comparte

la infancia que otros le negaron.


Se rompieron los pulsos que sostenían el poema,

la memoria ciega en las horas que no vivo,

y me arrepiento y te digo que estoy seca,

de llorar los versos que jamás te escribo.


Tiene esa mirada quieta y un olor a jazmines

disuelto en la sombra de su piel blanca.

Se fue por febrero dejando la poesía

desahuciada de versos con que regar los jardines.

 


Teresa Velasco Castillo agosto 2026

 

 

 

 

viernes, 14 de agosto de 2026

Si es amor, es primavera

 

Espero no caer en la cursilería. Prometo cambiar de tema para la próxima. Hoy no lo he podido resistir y me han vuelto a dar las tantas con esto de unir palabras y emociones. Lo comparto por si a alguien más le ocurre o si sirve de algo. 


Si es amor, es primavera

 

Debí haberte conocido diez años antes

sin reservas para aliviar tu voz espesa

sin importar si quedo ciega por mirarte.

 

Diez años antes debí haberte conocido

para dejar que el corazón que ahora soporto

partiese sin maletas a vivir en sucesivo.

 

Para que supieras que aquí estaba

y que en todo mi cuerpo aún me dueles.

Me faltó tiempo para hablarte con calma.

 

Debí haberte conocido en el mismo espacio

de esta cárcel que hoy me encierra.

Para llenar mis días de estar contigo despacio,

para cambiar el final de esta novela

y no ser yo, si no es de tu brazo

 

Habría alcanzado con un anillo de barro

Sin compromiso abril te habría entregado.

Hace diez años, de haberte conocido

sin ser merecido, me habría regalado

 

Y qué importa que no estuvieras

en días, semanas, meses, años.

 

Aunque tampoco entonces te tuviera

Si es amor, es primavera.

 


Teresa Velasco Castillo, agosto 2026

domingo, 19 de julio de 2026

Tres aves y un cuarto desordenado

 

Hoy he llenado mi día con todo, incluido un mundial. Pero ganar y volver a casa en silencio y poner un despertador para nada y estar cansada del absurdo que descoloca la vida. Hoy no pude contener los pájaros que aprietan mis nudillos, y me he volcado de madrugada sin ningún plan a hablarle a la pantalla del vacío. Como siempre salieron rimas. Para todos y para nadie. Compartir sin ser visto, ahí reside el don de la poesía. 


Tres aves salieron hoy volando

a pasear mis recuerdos por el cuarto.

Tres aves invisibles como el aire

estremecen esta noche mi descanso.

 

Tres aves emergen lentamente,

cerca de mí, con su batir de alas,

ojos rubí de noche en calma,

alzan su vuelo y luego. Nada.

 

Tres aves me empujan de rabia

a vomitar mis dudas en la mesa.

En su brillante frente de mil fuegos,

juego a desahogarme y siempre ganan.

 

Tres aves se deshacen en el cielo

y yo vuelvo al país de lo contrario.

A limpiar de nube negra las estrellas,

a barnizar con luz el calendario.

 

Tres plumas de colores de la noche

y un haz de maravilla en el pasado.


Por más que tiempos felices

quiera rescatar de mi poesía,

lo que tal vez fue, ya no existe.


Una larga noche,

quizá un hermoso día.



Teresa Velasco Castillo 20/07/2026

martes, 14 de diciembre de 2021

Break time

 


Lo de este domingo ha sido un adiós demasiado forzado. Le he dado vueltas  a mi cabeza y a mis piernas hasta hacer de  este talón dañado un asunto perentorio. Tengo que parar y empezar algo que me llene. Simular otra vida al menos. Imponer otra inercia a mis zapatos. Pedalear lejos.

No sabía si hacer o no una crónica de este domingo. Ser coherente y humilde es lo menos después de tanto ajetreo para 42 kilómetros de esfuerzo. Y yo no soy de tirar la toalla. En enero, quizás febrero pienso volver. Curaré mi lesión tantas veces como el corazón aguante e insistiré aunque esté agotada para que ningún adiós sea el definitivo.

Quizás esta forma de pensar no sea la adecuada y tal vez es por eso  que acabé en 3 horas y media lo que debí dejar en la mitad, cuando atravesaba en sentido oeste el paseo de los curas. El caso es que decidí acabar en silencio. Al ritmo que mi cuerpo pedía. Remontar con algo de glucosa y no pensar en el dolor. Romperme en carne viva al cruzar la meta.

No sabía si escribir de este domingo, pero Verónica Forqué se ha matado y leyendo, no sé… me he preguntado ¿me estoy yo también matando?  

En fin, de las derrotas también se aprende. Probaré a escribir sobre paisajes, sensaciones, entrenos de ensayo-error. No  puede ser que el camino acabe tan pronto. Bien o mal redactadas, aún me quedan kilómetros donde escribir mis huellas. 

lunes, 30 de noviembre de 2020

YO YA NO TENGO EDAD

 

Desde que empezó todo esto del virus suelo leer o seguir  a veces los artículos de Juan Manuel Jiménez Muñoz. Me gusta, como hace tiempo solía pasarme con Reverte, la ironía mordiente con la que pueden llegar a vestirse las opiniones. Es por eso que le sigo, y, aunque soy partidaria de las lecturas reposadas ,me he pasado al vértigo de las redes desde que solo llego a casa para tumbarme a sentir el dolor de otro día. Otra paliza.

El caso es que, para mi sorpresa, ayer di con algo distinto. Un escrito sobre edades. Una especie de metáfora sombría que me ha dejado algo “pillada” porque,de pronto, no sé en qué edad ubicarme.

YO NO SÉ SI ESTOY EN ESA EDAD

Yo estoy en esa edad en la que toca abandonar la patria para marchar a la montaña. La edad en que Siddarta Gautama nació Buda. Cuando habló Zaratustra. Cuando el Cristo acabó la otra epidemia.

Estoy en un momento en que vivir me da, sinceramente, más miedo que morirme. La edad de darle forma  a la vida y su larguísimo poema.

Estoy en la estúpida etapa de creer que ya sé todo y así, discuto en la ignorancia cada día. Como el que encuentra en la aprobación de sus ideas donde hacerse fuerte.

Yo estoy en esos años en los que el metabolismo marcha a un paso caprichoso. En los que el “no hay dolor” se vuelve fingido, y correr con clavos es, simplemente, impensable. Estoy donde las “dietas milagro” se llaman voluntad.

Es la edad en la que, parafraseando a Lorca, “yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa”. El continuo hacer preguntas a una pizarra huérfana de profesor. Yo no sé si estoy en esa edad en que uno pierde el derecho a aprender, pero, me senté a resolver un problema con vectores y aquí estoy. No sé si eso soluciona algo.

Estoy en el momento de cambiar mi montura por un buen espejo. Unos años de identidad versátil y apariencias seguras. Es el punto y seguido que no sigue. La felicidad estancada en cuatro charcos esperando la lluvia en primavera.

Tengo el alma llena de gozo y sufrimiento a la vez y, no sé si estoy en la edad de resucitar a mi Dios o de hundirme con su sombra en la caverna. Es tiempo de aceptar la muerte. Es hora de afrontar la vida.

Ya va siendo edad de empezar a cumplir con mi condena.


Teresa Velasco Castillo

martes, 8 de septiembre de 2020

36 Subida al Pico del Veleta

 Decía Goethe que el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad. Posiblemente desconocía de la hazaña que supone escapar a la tormenta. Experimentar ambas y no cuestionarse por qué, es, precisamente, seguir tu Dharma.

Pueden escribirse muchas crónicas sobre el Veleta. Esta es la mía. Cómo lo viví. Cómo lo siento aún en mi rostro deslucido por más kilómetros que años.

No sé aún por qué tomé parte de esta prueba. Realmente no tengo respuesta a ningún porqué, pero nunca he estado tan convencida de que este es el camino correcto.

Cuando comenzó el confinamiento, mi pequeño mundo se derrumbó como las horas de sol en septiembre. Estar en casa es agotador. La convivencia es agotadora. Y estar solo, con uno mismo, para mi es aterrador. Necesitaba ruido para no escucharme. Necesitaba la verborrea de una cinta con su altavoz detrás para acoplar los pasos. Eso hice. Una rutina tan férrea que me ha devuelto a la nueva normalidad con más fondo que antes.Luego fue el caos. La fase cero. Había que huir y agotarse y no dormir y así prescindir del altavoz y la cinta.

Ahora que por fin hemos salido de la caverna, volvemos a ser niños haciendo preguntas incómodas a un gobierno huérfano de reyes. Mahat se ha vuelto manifiesto en todas las cosas presentes. Pero el VELETA, con mayúsculas, es correr la cortina de la tempestad.

Son tres paisajes tan distintos que oscilan desde la noche más oscura, hasta la brisa cortante de la cima. Es tanta la belleza y el dolor junto que el tiempo y el espacio se desvanecen.

No puedo evitar identificarme con Forest Gump. Mi segundo papá dice que no me fíe de él. Que el cine nació para engañarnos. Pero yo pienso que la vida es experiencia y poco más. Las cosas que vienen y salen de la buena voluntad no tienen nombre. Samadhi. Nirvana. Moska. Qué más da. La cuestión es correr más allá de la tormenta.



miércoles, 13 de noviembre de 2019

La virtud de ser normal


No soy normal. Cometo excesos lingüísticos. No conmuto con mi conjugada traspuesta, ni me concentro siguiendo la tangente en su punto de tangencia. Es más, de un tiempo a esta parte ni me concentro, ni me distribuyo dentro de ninguna probabilidad de las dispuestas por ese tal Gauss y su retintinante campana. Simplemente dejo hacer a mi anormal sistema hormonal sus funciones, a veces alteradas por la maldita y bendita cafeína. Soy una declaración manifiesta contra la norma de despertar cuando salga el sol y, francamente no me preocupa demasiado.

En este sentido, la bicicleta, es una metáfora útil para la vida. La motivación no busca ni formas, ni referencias. Alcanzar la cima es ya un criterio verdaderamente relevante para quienes vamos en la vida con la inercia que presta el llano.

 Así, lo normal es subir por carriles con bici de montaña, plato pequeño y piñón grande para menor resistencia, y, sobre todo, anticiparse a los cambios. Yo, sin embargo, soy más de guardarme el último con la despreciable esperanza de que el final sea largo.

 Mi amigo Rosseau lo vería claro. La normalidad, a buen seguro, sería fruto de su contrato social, ese que nos estafa y nos limita. Aquel que obliga a renunciar a uno mismo en virtud del amparo de todos y nos hace menos locos y menos obsesivos y en muchas ocasiones menos felices.

Somos diferentes, gilipollas a veces, cursis algunos, idealistas los jóvenes y también los viejos no tan mayores. Somos tan volátiles como la rasante que quiebra de un llantazo nuestros sueños. Y al final lo normal se vuelve funcional. Así de simple. Aquello que funciona. A mi manera o la del vecino del séptimo. Una virtud tan niña e inquieta que no me deja ganar nunca al escondite.


Teresa Velasco Castillo

miércoles, 9 de octubre de 2019

La riqueza... por fin

Cierro el título de esta entrada con un por fin, después de varias vueltas a un poema que aún no me convence. Como siempre me decanto por mi estilo, un concepto de riqueza empañado por las gafas de una don nadie que aspira (nada menos) que a ser feliz. 

Para hacerse rico basta el tiempo de una vida,
conversar con los años, presentar una instancia.
Hacer del surco del viaje nuestra estancia,
sembrar el vientre del verano en su caída.

Son riqueza las palabras aun vacías de instrumento;
dadle el pecho a su semilla más abstracta
y la esperanza del labriego al Ser más cierto
que en los labios de un poema siempre hay hueco

Si quieres la riqueza en el pasado
habrás de andar con los pies del estoicismo
en el deseo, con conciencia de ser niño
en el  futuro de los muertos con los vivos.

Riqueza es comprender que el cambio
de rasante de tus manos se equilibra
con el cauce ceñido de mis pechos.

Y es saberse en contacto con aquello
que en pleno narcisismo te hace humano.

Ser rico, amigo, es aceptarse en otros labios
sin perder la comisura de uno mismo. 

Teresa Velasco Castillo

sábado, 29 de junio de 2019

Penúltimo viaje

Porque me basta la riqueza que da el sueño cuando me alcanza en un desvelo de ilusiones:

Tal vez el penúltimo viaje.
Un camino de luces contenidas. 
Un contrato antisocial que se pronuncia golpeando en el cadalso del poeta. Así lo siento. Con la afilada seducción de los aviones: pasillo veintiséis con ventanilla a los temores que produce el amor casi a los treinta. 

Así, como el poeta, que en su juego,  va domando su crisis de existencia.

¿Será la orografía tan solo el trance hacia aquello que llaman ser adulto? ¿cubrirá con losas mi vista estos paisajes?, ¿qué derecho ostenta  el cielo sobre el ave que lo cruza?

Dios sabrá en la utopía de su gobierno, 
mas si a vuelta de correo no hallan respuesta,
es que solo fui poeta en el infierno.

Teresa Velasco Castillo

lunes, 25 de marzo de 2019

29 Media Maratón de Málaga


Me di cuenta de que había dentro de Málaga un verano invencible con el resto de estaciones a la deriva. Que igual que sucede en el resto del universo, ninguna de las partículas que agitaban el interior del Paseo del Parque conocía un estado de reposo como el que yo ahora pretendo.
Descubrí, quizás tarde, que lo mejor que uno puede hacer es desaprovechar su talento. Respirar. Respirar sin querer ahogar tu angustia en el proceso y asumir la dinámica de cada entorno que conforma el mundo. Así fue. Ni mejor ni peor. Llegar a meta, parar el reloj y observar un número con el que sentirse más o menos identificados. Lo que hay detrás, por supuesto, es esfuerzo, dolor, constancia y trabajo, pero yo no soy un mero resultado numérico ¿Cuántas veces, si acaso remotamente, se ajusta el esfuerzo al resultado?
Es de esperar que causa y efecto vayan de la mano, pero cuánto daño puede hacer la extrapolación de resultados, y, todos sabemos que a los corredores, más que a ningún científico, nos encanta extrapolar cada parte del proceso hacia la meta.
Quiero decir que estoy satisfecha  no con mi crono de ayer en la 29 edición de la Media Maratón de Málaga, ni con la posición “respecto a” que pueda salir en una lista. Estoy satisfecha por la plena conciencia de saber que no me voy a enfriar cuando llegue porque allí está mi padre esperando. Estoy satisfecha porque veo a los demás realizarse y eso me basta.
Estoy satisfecha con saber que soy quien soy gracias a mi madre, a quien apenas tuve tiempo de felicitar por su cumpleaños. Estoy satisfecha con mi mundo, porque sin ser muy grande, se está reponiendo continuamente en su demografía y puede que esa sea la mayor satisfacción que hoy tengo. Gracias.














jueves, 7 de marzo de 2019

Dormir entre dos...


La mejor interpretación de un poema será siempre la más fiel a nosotros. La verdad que yo comprendo no es siempre la que el lector entiende. No importa. Es esa la multiverdad  que quiero dejar en cada verso. 


Dormir entre dos es un juego ingenioso
frágil navío, en su abrazo inconstante,
audaz en demasía cuando los pies son muy fríos
y un trazo indeciso cuando el lienzo aún es lino.

Nadie nace sabiendo esquivar oleajes,
salvajes mares de espaldas y sueños.
¿Y esa espuma remota en el lecho de muerte
con que se pinta de éter un susurro desplegado?

Amar es el arte de dormir entre engaños
porque el amor desvela
cada vez con menos fuerza,
y cada vez hace  más daño

Dormir entre dos y advertir tu carne,
y sentir el alma de otro cuerpo
apagarse débil en su aleación de voces

Amar debe ser acostumbrarse
a ser algo más que carne estéril
de este todo infinito sin tu roce.

Teresa Velasco Castillo


viernes, 15 de febrero de 2019

Cuando aprenda a estar sola


La soledad no es el final, ni la respuesta. Así que hoy me resigno a lo que el camino disponga. Esperemos, como siempre, que sea largo...

Cuando aprenda a estar sola

Cuando aprenda a estar sola en torno mío
marcharé del ruido de los sueños
a contar  mi mal fingido a los caminos.

No volveré la mirada del sendero,
mejor es no saber y ver qué pasa
al quebrar con mi tumba el verde acebo.

Cuando aprenda que estar sola y tener miedo
es el múltiplo común de nuestra historia,
haré del verso  estéril alter ego
y venderé lo mismo que sabía: todo anhelo.

Bastará un poco de espuma y ansia viva
para dar de larga vida y corta infancia
una severa respuesta que me sirva

Cuando aprenda que estar sola no es eterno,
este mundo casquivano que viajo
falsearé con su mortal naturaleza

Sabré entonces cerrar las hojas yermas
del secreto que alberga el ser- yo-sola.
Seré, pues, belleza entrometida
que sonría a la muerte y la reciba.

Teresa Velasco Castillo

viernes, 11 de enero de 2019

21 gramos


Cuando en 2003 Alejandro González Iñárritu estrenó 21 gramos, yo apenas había cumplido los nueve años. Recuerdo insistir cada vez que pisaba el videoclub con mi padre por conocer dicha historia. Las historias del alma, desde que tengo uso de conciencia, son las que más atraen mi curiosidad. Quizás por ser una consideración ligada a la limitación de nuestro conocimiento o tal vez por el anhelo de una identidad con la que sentirme yo.
En cualquier caso, no ha sido hasta hoy que he podido disfrutar la película y, tal como vaticiné en su momento, se trata de un conjunto de lecciones que dejan huella.  Pero, antes de explicar el porqué, toca repasar su sinopsis:

La película comienza con una serie de flash back dónde se intercalan tres historias que al final convergen en una sola.
Sean Penn aparece como Paul Rivers, un profesor universitario que, enfermo, espera un trasplante de corazón. Su pareja, Mary (Charlotte Gainsbourg) quiere a toda costa un hijo, pero sus problemas de fertilidad a causa de un anterior aborto hacen casi imposible sus deseos e insiste en aplicar la inseminación artificial para el caso.
Paralelamente, Naomi Watts  encarna el papel de Christine, una ex toxicómana que ahora lleva una vida feliz junto a su esposo Michael (Danny Huston) y sus dos hijas.
La tercera y última de las relaciones que se muestran es la protagonizada por Benicio del Toro, un ex convicto que, desde su reinserción en la sociedad, ha adoptado las doctrinas de la religión cristiana como los pasos de su salvación.

Estructura

La narración cinematográfica de 21 gramos  se presenta como un auténtico rompecabezas o, como la mayoría de los críticos afirman, un puzzle cuya coherencia no se adquiere hasta bien avanzada la historia.
Las primeras imágenes se corresponden con el final, esto es, con la reflexión de Paul (Sean Penn) en su lecho de muerte. Desde ahí, empiezan a encadenarse los hechos dando inicialmente más espacio al personaje del profesor.
Una vez se conoce el accidente en el que Jack Jordan (Benicio del Toro) atropella al marido y las hijas de Christine, la trayectoria de la narración da un giro y, si observamos los tiempos, las escenas tienden a ser más prolongadas y menos aisladas entre sí.
Es en este punto que podemos ver la escisión dentro del personaje de Jack, que, pese a haber cambiado su comportamiento según lo dictado por las creencias religiosas, parece no poder escapar al pasado.  Esta vez, sin embargo, sale exento de cargos por falta de pruebas y, será entonces, cuando su conciencia ejerzca el mayor castigo de todos.
Paul, por su parte, insiste en averiguar quién fue su donante y, a través de un detective privado, llega hasta Christine. La conexión es casi inmediata y Paul pronto abandona a Mary y emprende una nueva vida. Cuando las cosas parecen funcionar, sin embargo, la salud del profesor comienza a deteriorarse.
Sin nada que perder, Paul se hace con un arma y decide vengar la muerte del marido y las hijas de Christine, pero, a la hora de disparar no puede más que amenazar a Jack pidiendo su huida. Jack, en lugar de marcharse, sigue a Paul hasta la habitación del hostal donde se hospeda con  Christine y comienza un forcejeo con ambos. En el revuelo, Paul se dispara a sí mismo en el pecho. La escena finaliza en el hospital, con la reflexión que citamos al inicio.

Conclusiones

¿En qué consiste mi identidad?, ¿Qué constituye el carácter respectivo de cada uno, el “yo soy”?
Son muchas las ideas que podemos extraer de la película, pero si me dan a elegir, me declino por el problema de la identidad personal y el peso de la conciencia, si es que ésta se da.
Cada personaje de la historia se define por sus acciones, por su pasado e intención futura, por su interpretación de sí mismo para los demás y también por la que los demás hacen de él. Es más, en el caso de Jack, son los “otros” quienes empujan al ex convicto hacia su anterior identidad.
Por eso no se trata de un simple cruce de almas. No estamos ante un telefilm de sobremesa, sino ante un mapamundi que aguarda en su seno al barco de Teseo, el caso Brownson y hasta las vísceras de un determinismo humano radical.
Para los que crean en la existencia de un alma, la historia de cada vida está condenada a repetirse hasta el desgarro. Para  los que somos escépticos, que no fríos, existe una vía de escape al “yo fui”: “yo soy”. Una cierta y remota cicatriz no es nuestra identidad. No tiene el mismo impacto un recuerdo que la impresión vigente de nuestra imagen.
Yo soy este edificio de derrumbamientos en permanente construcción. Mi identidad como tal está sujeta al cambio continuo al que me obliga el mundo, los acontecimientos, la muerte.
Aquí, en 21 gramos, la muerte es el motor del cambio de tres vidas. En sus manos, luego, está si volver a su caligrafía primitiva o retomar el texto en limpio y con buena letra.

Comentario por: Teresa Velasco Castillo. 

jueves, 3 de enero de 2019

Donde pongo mis labios soy tu beso


Comencé este poema a raíz de Ángel González y uno de esos sonetos que, pienso, ponen en cuestión a cualquiera que ostente reducir al hombre a estados físicos del cerebro. Comencé el poema una noche en la que, efectivamente, ese beso debía ser para otros labios. 
Empecé a escribir y, como siempre, cuando más sola estaba apareció Platón con su "carro alado" y Einstein hizo lo propio con su teoría del espacio que fácilmente se relaciona con los cuerpos. Estaba sola y vino Sartre a darme ese empujón que una necesita para arrojarse del todo y, en fin, día a día se construye el yo-autobiográfico. Día a día camina Rambo por enreversadas sendas, casi tan rebuscadas como algunos de mis versos. Espero que no tanto como la filosofía. Gracias a todos los que me leeis por ser también parte de este poema. 

Donde pongo mis labios soy tu beso
reducida a su carne en boca ajena,
la que inclina al auriga hacia su tierra
y aprieta el alma en  fatigosa prueba

Pongo mis alas a la espalda del cielo,
me juego el verso al espacio de tu cuerpo,
donde dejo mi fe, soy arrojada
a lo absurdo de existir en dicho beso

A fuego lento mantengo la postura
día a día llamo eterno a lo presente
ir, volver y del camino desasirse

Donde acaban tus labios, libre angustia
agoto mi vida en la teoría
de ver tus labios en otras consumirse.

Teresa Velasco Castillo






lunes, 24 de diciembre de 2018

Clases de amor para Platón


Que vivan el amor, la navidad y la hipocresía: 


He visto pues el impulso erótico
en la gamba articulada sobre el plato,
bebidas titilando al filo del abismo del poyete
como un engranaje de poleas en la escala Jenofonte.

La imposible cabeza del mejillón se sublima
en un progreso dialéctico hacia el bien.
La belleza es móvil en el centro de la mesa,
motor primero del discurso opuesto.

Hace un momento batalla de cubiertos,
un tenedor  se entrega a sus instintos,
la anchoa, enajenante, hace lo propio
y se entrelazan con pasión sobre el aceite.
El tomate, observa de reojo.

Así, nace el camino hacia el dios Eros,
ansia de carencia y de deseo en las palabras
de un Rey que de todos los amores,
solo a sí mismo se ama.

La época moderna ha hecho estragos,
está claro.
El pargo a la sal ya no trasciende,
lo que fuese reminiscencia de un saber
es la carne apartada a ras del plato.
El alma ya está fuera del menú.
Se añade al estoicismo el pan de molde,
elemento superfluo en la oratoria.

Amar ya no es lo fin y lo perfecto,
es, más bien, cosa del momento.
Y lo que surja después, ya es otra historia.

Por; Teresa Velasco Castillo





jueves, 6 de diciembre de 2018

Orgullo y perjuicio



Me siento orgullosa de la tierra que resido y presumo, aún hoy, después del polémico resultado de las elecciones, de ser miembro de una de las ocho provincias que conforman Andalucía. Porque se trata del contenido y no del continente. La Junta no es Susana Díaz, ni sus pechos transidos de espanto por un temor a lo nuevo.

Andalucía no es solo sol y playa, sino el arte que no nos queda con una tasa de desempleo que roza el 36%. Es la cultura que lucha por limpiar el  estigma de sus ropas. Es precisamente el estereotipo que no deseo para Cataluña, que, más allá de ser un problema soberanista es también un pueblo con sus problemas.

Hoy que mis hermanos estudian el feudalismo como un hecho pasado, seguimos dividiendo nuestra hacienda en tristes votos, buscando la ecuación unánime que dé solución al quiero y no puedo del gobierno. Pero, ¿alguien ha pensado en el contenido, es decir, la persona que va en el voto?

Digamos que hemos traspasado la línea del “todo para el pueblo, sin el pueblo” y ya no sabría decir “para” qué o quiénes votamos. ¿Andalucía?, ¿ España?,¿ Europa?, ¿la derecha?,¿ la izquierda?, 
¿Cataluña?

Insistimos con más frenesí e inconsciencia que nunca en ser el predicado de una oración que no nos corresponde. No podemos obviar que Andalucía, como todos los conceptos del siglo XXI, ya no cabalga aislada en una esquina de la pizarra, pero tampoco deberíamos tomar nuestras decisiones en base a un Estado que cada vez que nos refiere es para subrayar nuestra carga y no nuestras aportaciones a la Economía Nacional.

Solo pido que, ya que no se vota por la “polis andaluza” se haga al menos un pacto que no vaya en perjuicio de su gente. Que no retrocedamos ni un paso en los derechos que la mujer ha ido recopilando a lo largo de siglos con tanto esfuerzo y tan poco resultado en ocasiones.

Dejemos a un lado el número de votos en base a la escasa credibilidad de los medios y empecemos a gestionar  las ayudas del Fondo Europeo para su aplicación y no para su justificación.

Que no nos engañen con el continente, que echamos la culpa de lo que perdemos a otros, mientras el contenido se vacía desde las carnosas lenguas de nuestros políticos hacia su mal trabajo  independientemente de la bandera que porten.

Teresa Velasco Castillo