Bienvenida

La vida es irónica:
Se necesita TRISTEZA para conocer la FELICIDAD, RUIDO para apreciar el SILENCIO y AUSENCIA para valorar la presencia

Etiquetas

Arte (1) Concursos (1) Entrevistas (8) Eventos (17) Libros (15) Periodismo (44) Poemas (118) Reflexiones (77) Relatos (5)

sábado, 25 de junio de 2016

San Juan 2016

Estoy parada y mi mirada hiperactiva como una metamorfosis de aguas enrojecidas al fuego de la noche.
Es San Juan y las hogueras tiñen de sangre la mar helada, fustigando las olas que se arrastran suplicando a los pies. Algunas señoras dejan caer el peso de sus cruces sobre un escabel y esperan con los ojos en ningún sitio a que la luna corte la piel entre sus dedos.

Luego de la esquina formada por dos toallas superpuestas para rozarse, una muchacha extiende su latifundio como un colchón de vida sobre la humedad de la tierra muerta. Yo voy descalza y con la pena de tu ausencia por mi mano abierta, pensando que tal vez de esto se pueda hacer poema.
Tal vez haya rigor entre todo este puñado de arena, pero hoy mi cuerpo está insoportable sin tus besos. Parece mentira que en un rincón de mi alma quepa tanta imaginación. Parece mentira que ni siquiera sepa si esto es un adiós.

La vida es un principio sin alma y no un alma principio de vida, después de todo parece mentira que este cielo no sea de imitación y la nube en mi cabeza plastilina. Es más, si uno mira con detenimiento puede quedar ciego por exceso de ilusión óptica.
Y pienso, ¿no es el momento perfecto para desmitificar tu imagen divina?
 Llanura de la melancolía, caleta de la esperanza, cante de cómo y dónde, por qué te has ido. Demás está decir que de este olvido queda una plaza para ti vacante.

El sol se asoma a mis puntos cardenales: secante y coseno. Congela el valor del ángulo como un florero abandonado en un vértice del cielo. Te echo de menos en cualquier parte. Tus ojos verdes como la madreselva siempre sorprenden mi caparazón de roca.
Fuimos llama en el fuego de la noche donde mis pies como reclusos han quedado enterrados. Queda un arrollo de cenizas y la mar, al rescate de los sueños inconclusos.


Teresa Velasco Castillo



domingo, 19 de junio de 2016

Entre Visillos

COMENTARIO ENTRE VISILLOS

Introducción


Entre visillos llegó a mí una mañana lluviosa de primavera donde cultura y deporte se juntaban sorprendentemente bajo la carpa en que se hacinaban los participantes de la última edición en la carrera de Cruz de Humilladero.
Lo escogí entre los restos de libros que regalaban un grupo de asociados de Libros Libres, como quien adopta un animal a punto de ser sacrificado. Rescaté a Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y a Emilia Pardo Bazán y volví a casa con el firme propósito de leerme las tres obras antes de acabar el verano.
Como es sabido, esta obra fue galardonada con el Premio Nadal en 1957, y ha formado parte de la literatura esencial de los últimos años en los libros de estudiante de bachiller. Su autora ha obtenido numerosos premios que no podemos obviar antes de comenzar esta reseña, e incluso la lectura del libro.

Argumento

Para comprender Entre visillos, hace falta desaprender todo aquello que el cine americano y la literatura comercial se ha empeñado en cincelar durante los últimos años en nuestra sociedad. Incluso yo dejaría atrás la clásica división: inicio, nudo  y desenlace.
La obra transcurre en una pequeña ciudad de provincias allá por la década de los sesenta en España. Se trata de historias que encuentran su nexo conforme transcurren las líneas del texto y que no destacan tanto por su trama como por el retrato que trazan de la época.
Julia es una mujer de 27 años que intercambia cartas con Miguel, su novio de Madrid. Es un personaje sumiso, religioso y fiel que se confiesa por el mero hecho de tener pensamientos impuros, algo casi impensable en la actualidad.

Los problemas para ella empiezan y acaban en el mismo punto: su autonomía. No es capaz de desobedecer a su familia e irse a Madrid con el hombre de sus sueños, pero tampoco tiene el valor de plantarle cara al mismo,  que la hace sufrir con sus repentinos cambios de opinión, exigencias y ausencias.

Sus hermanas Mercedes y Natalia, se empeñan durante gran parte de la obra en emparejarla con Federico Hortal, un muchacho de la zona que, por lo que se ve, parece muy interesado en ella.
Durante la obra, en cambio, Natalia descubre a través del personaje clave de la obra, Pablo Klein, que, con veintisiete años, su hermana necesita partir a Madrid a hacer su vida, antes que resignarse a lo que su tía y su padre le tratan de imponer.

Todo ello transcurre en una suerte de diálogos, encuentros y desencuentros por el vecindario, y más concretamente por el Casino, donde se organizan los principales eventos sociales que reúnen a la juventud de la época.

De otro lado, Goyita vuelve de un viaje a San Sebastián con su amiga Marisol, quien llamará notablemente la atención de los chicos al ser nueva en la localidad. El más subastado de todos ellos es Don Manuel Torre, un atractivo aviador que si bien se declina hacia el grupo de amistad de Goyita, no tiene reparos en hacer nuevas amistades, ni en bailar con cualquiera de las chicas nuevas.
Entre este simposio de personajes, aparecen Gertru y Ángel, una pareja a punto de casarse. Vuelve a reflejarse aquí la tradición de la época, la tendencia a relegar el rol de la mujer a un segundo plano, pues a pesar del amor que les une y las ganas de ella de acabar bachiller, Ángel le pide que se limite a escoger detalles de su nueva casa y aprender recetas que cocinar para él.
La boda se gestiona como un torrente inagotable de compromisos en los que Lydia, la suegra, arrastra a Gertru, que casi no intercambia palabra con su novio durante el proceso de preparación de la ceremonia.

Sin orden alguno, Pablo Klein, joven profesor que llega para trabajar un trimestre en el Instituto, toma el mando de la narración en determinados capítulos donde describe su experiencia al paso por la provincia. Nada más llegar, este joven se encuentra que el director del Instituto, Don Rafael Domínguez ha muerto días atrás. Al acudir al velatorio conoce a sus hijos Teo y Elvira y, desde ese momento, empieza a sentir debilidad por la chica.

Su historia, sin embargo, no se queda ahí. El joven visita el Casino y se hace amigo de Emilio, cuyo carácter es extrovertido, pero algo pesado. Asegura haber salido con Elvira, quien negará automáticamente la relación con éste, a pesar de haberla tenido. A raíz de esta relación de amistad, Pablo conoce a un grupo numeroso de chicos que le llevaran por los guateques y zonas de moda en la ciudad y, a través de los cuales también conocerá a Rosa, animadora de uno de aquellos antros en los que se juntan los chavales. El personaje quedará atrapado entre estas dos relaciones, si bien su inclinación última es hacia Elvira, mucho más distante que Rosa quien enseguida se acercará a él e incluso será su vecina durante un tiempo.

Ya más al final de la obra, se generará un vínculo especial entre este joven profesor y Natalia, la hermana menor del trío protagonista quien a través de los consejos de Pablo, convence a su padre para que deje partir a la hermana mayor y le permita estudiar una carrera, aspecto este último, que queda un poco en el aire.

En general, es un hecho muy extendido, y desgraciadamente real, el de considerar los estudios como algo secundario e innecesario en el caso de la mujer. Este personaje, Natalia, más oculto en el inicio de la novela, irá tomando importancia conforme avanza la trama y, su decisión acerca de hacer carrera marcará el final de este conjunto de historias entrelazadas. Pablo Klein será el empuje y el cambio que estos personajes necesitan para empezar a tomar decisiones por sí mismos en vez de atenerse a las normas impuestas socialmente por los mayores.

Reflexión

Curiosamente los tres libros que escogí aquel día tienen, o adivino que tendrán, numerosos aspectos en común, con la salvedad de que cada uno retratará la zona más cercana a su autora, como en el caso de Emilia con las montañas gallegas.

La literatura castellana de la época está plagada de libros, limitados al diálogo y el retrato de unos años que marcaron la historia de nuestro país. Es el caso de la Colmena de Camilo José Cela o la novela neorrealista de El Jarama, por Rafael Sánchez Ferlosio.

Son libros cuyo sentido se remite a su tiempo y, aunque el género podría repetirse en la actualidad, seguramente los diálogos y el reflejo de la decadencia perderían mucho. ¿Se imaginan una reunión en los pub de hoy día? La sutileza a la hora de entablar una relación o las restrictivas normas sociales a las que especialmente las mujeres estaban sujetas ya no tienen sentido ¿o acaso alguien con 27 años se compromete a no llegar después de las diez a casa?

También Serrat dedicó su Poco antes de las diez a una joven que podría enmarcarse entre los personajes del libro que tratamos.

En relación al aspecto estético-narrativo, destacar la mezcla de narrador externo e interno. Durante la mayoría del libro será Pablo Klein el único personaje en contar desde su punto de vista la historia, si bien ya por los últimos capítulos, Natalia narra su experiencia en la pedida de Gertru y Ángel.

Los matices sociales de aquellos años captaron especialmente mi atención, por ejemplo cómo Elvira se toma en serio y tan en serio el luto por su padre, olvidándose de algo tan inocente como ir al cine hasta pasado lo menos un año, cuando al fin podía calzar medias grises.

Es un tiempo donde el cine casi podría parecer un pecado, tal como el cura le advierte a Julia en una confesión de esta última. Se trata de elementos que hoy pasan inadvertidos y que suponían un conflicto social importante en la vida de estos personajes. De todos estos aspectos, por supuesto el más importante, son los estudios, tanto para hombres como para mujeres. Ellas, como ya mencionamos con anterioridad, se plantean estos como algo secundario que solía abandonarse antes de alcanzar niveles superiores. Para ellos era una salida, como vemos en el hermano de Elvira y Emilio, el preparar oposiciones para notario u otros cargos administrativos que se escogían no por vocación, sino por salida.


Aunque todo ello ha cambiado mucho actualmente, siguen existiendo paralelismos en relación a la libertad de decisión en muchos jóvenes ¿hacemos lo que de verdad amamos o buscamos salidas prácticas en tiempos de crisis? Creo que salvando el contexto que nos acompaña, debemos escuchar siempre a aquello que de verdad nos llama, incluso si nos lleva a un callejón sin salida ¿o no?




Teresa Velasco Castillo

domingo, 12 de junio de 2016

Suicida en tu mar

Ojalá estos días durasen para siempre. A ratos soy feliz y a ratos escribo y, en muy pocas ocasiones, la realidad me golpea con su forma de ser tan particular. Prometo escribir relatos y reseñas, pero de mientras la poesía no deja de llamar a mi puerta. 

El mar alcanzó tu vista y cristalizó para siempre en mi mundo,
en mi laguna mental de lapsos desprendidos.
Vivo en la ilusión acerada con la luz de tu mar incandescente.

Muero asida al Ser polimórficamente aburrido de la ciudad
que estalla  cuando tus labios se curvan ascendentes.
Tu azul envilece mis colores, tu aroma es licor de sueño
en el que me gusta ahogarme durante horas.

Desde que te veo he mejorado mi aptitud como suicida:
me gusta hacerme daño con tu cuerpo,
dormirme en tu recuerdo y no despertar.

Me gusta el tiempo muerto, disuelto en tu forma de vida.
Suicida, unida a la causa de quien estima el amor.

No tengo otro propósito que seguir muriendo en tu sonrisa,
láminas de hielo que cortan como cuchillos,
homicidios a la razón precipitados a mí como el hastío.

Cada párrafo es un lugar paradisíaco donde los escritores
y poetas hacen con nosotros su estribillo.

Nadie sabe del desorden de mi mar en tu mundo cristalizado,
las altisonancias musicales de un filón inagotable de luz sola
poesía abstracta, mas despojada de anécdota,
Belleza mayor de lo eterno franqueando la cresta de las olas.

El mar solo y su extraña forma de violencia.
En ti mi poema va encontrando su carne
y no es posible obviar la incongruencia
de estas  vampíricas frases
 adelgazando mis venas de sangre.

Solo hay una forma de zafarse de todas las palabras y los versos:
dejarse llevar por la intriga, caer en tu principio de antigravedad,
y que todo lo que perseguí se escape entre las rocas rasgando mi piel.

Imaginaré tus besos en otras bocas,
alargándome en tan cruel y equilibrada batalla,
por aire, tierra, agua y fuego, ciega estaba.

La muerte son las alas del tiempo
que a cada segundo funden tu nombre,
la eterna dualidad en el alma del hombre,
desde que te hiciste mar en mi mundo.


Teresa Velasco Castillo


miércoles, 8 de junio de 2016

Cursilerías y otros poemas


Este poema lo publico después de una ráfaga de inspiración que no cesa. Hay más que guardaré, pero de momento dejo este aperitivo para quienes disfruten de la lectura en verano. 

La lluvia pasa  por debajo de mi alma
volviendo oscuras las raíces del poeta.
El viento todo transforma
en un ir y venir de azul calma.

Llega el estío y blanquea las noches
con cretonas de colores rojigualda.
Un gran telón de primavera,
cosido con la flor de los jazmines,
su olor a las esquinas de la noche lleva.

Con las medias grises arranca mi alivio de luto,
anochecer solitario de un azul pequeño.
Mi infancia es una niña  celofán,
un cielo de moraga cuya estrella
 abril enterró meses atrás.

Nada más quisiera que involucrarme hacia el sentido
De lo eterno, reflejarme entre las nubes, solapada,
Mantenerme libre de ambiciones que no sean tú
Y ese azul infinito en tu mirada adolescente,
Descendente como el agua que nos marca el camino.

La lluvia estallará y me arrastrará con ella,
Al fondo de la tierra me llevará el viento,

Moriré sin dejar  estela y me habré ido
con la ironía de lo incierto y el dolor
del amor no correspondido.

Teresa Velasco Castillo 



lunes, 30 de mayo de 2016

Miénteme una eternidad

Por fin tiempo para seguir con mi afición a la poesía. Hoy casi me escapo del gimnasio con este poema haciendo eco en mi cabeza. Mucha filosofía, pero también mucho vacío y angustia. Espero que lo disfruten. 

Tengo una vacante en el espejo
y a pesar de los cambios siempre es igual.
Un entrar y salir de mi existencia como el poeta de su expresión,
como el atleta de su camino.

Tengo agujetas en el corazón de verte, aliento de vida, que palpita en el Cosmos.
Mi sangre está llena del enigma que hermana lo vivo con lo incierto,
recorrido de ida, circulación sin retorno, trombo de agua en el desierto.

Esta es mi forma humana en potencia:
soledad incesante y honesta,
huesos hambrientos de infinito que se abren paso en el “yo” de las palabras
mientras pasa la vida en punto muerto.

Miro al cielo cerrarse hacia mi espalda,
madre que va haciendo acopio de Belleza,
y así nos lo expresan guirnaldas en la noche.
Me asomo al final de tu cintura,
 acodada en la corteza de nubes de cristal
y  te suplico con mis ojos:
-          Noche,  “miénteme una eternidad”.





 Teresa Velasco Castillo

viernes, 27 de mayo de 2016

Saltar

Llegué hacia la mitad de septiembre. Después de un viaje interminable creí que al fin pisaba tierra y en medio de aquellas pistas heredadas del franquismo quise poner en pie mi nuevo hogar.
Al segundo mes ya estaba más institucionalizada que el viejo Brooks en Cadena perpetua, solo que al salir de esos muros volvía  mi conciencia y todo se relativizaba. En cualquier caso, echaba y echo de menos las sensaciones de mis primeros días lanzando a canasta bajo la atenta mirada de un sol que hoy completa su ciclo.
Supongo que la esperanza ha terminado por volverme loca y eso me ha mantenido siempre con vida, pero ahora que acaba el año, y por primera vez "tengo algo pendiente", el pabellón resulta más gris y vacío, aun con todo un curso esperando graduarse.
Me doy cuenta de que la tormenta ha causado estragos en mis manos. Tengo las uñas más escondidas que nunca. Desiguales por parejo. Inhabilitadas para deshacer los nudos que se amotinan en mi garganta queriendo salir Dios sabe por dónde.
No puedo culpar a nadie de mi fracaso como atleta, porque por más que me empeñe, mi talón de Aquiles me seguirá doliendo literal y metafóricamente. Pero de haber sido más joven, aún estaría dando las gracias por la oportunidad de ser como el resto, porque en el fondo siempre he querido ser como esos jóvenes que saltan y vuelan con alas en los pies.
En parte sé que nunca podré volar como ellos. Soy mucho más terrenal, mucho más inestable y una completa extraña de mí misma.  Me desconozco tanto que hasta me extraño cuando hago las cosas bien. Y después de cientos de vueltas de vals a la orilla de mis posibilidades, no descarto llegar una mañana de junio y saltar más alto que nunca, pero tampoco creo en los milagros.  

“Largo y escabroso es el camino, que del infierno conduce a la luz” decía Morgan Freeman en una de sus grandes interpretaciones. Pues bien, del infierno se puede salir, así que  el cielo no debe de ser tan difícil de alcanzar. 

Teresa Velasco Castillo

sábado, 14 de mayo de 2016

Discurso de presentación




Como consecuencia de las felicitaciones de todos los que estuvisteis ayer en la presentación de mi primer libro, y de aquellos que por uno u otro motivo no pudieron asistir, adjunto a continuación el discurso con el que di paso a este proyecto, que como ya dije, es de todos. 



Buenas tardes. En primer lugar agradecer el enorme esfuerzo de todos los presentes, familiares, amigos y más amigos, especialmente a Paco y a Jorge por tan magnífica presentación.
Como puedo observar la mayoría sabéis de qué va esto de escribir, pero para los que aún no lo tienen muy claro, me dispongo a hacer públicos los ingredientes, hasta ahora secretos, de el poema.
No hará falta que tomen nota, porque posiblemente esta receta no sirva ni siquiera para mi misma una vez que salga de esta sala. La literatura, como la vida, no está hecha de fórmulas matemáticas como me hubiese gustado de pequeña. No, lo más cercano a la vida es la poesía y, si me apuras, el atletismo: una carrera de fondo con obstáculos arbitrarios que cada uno salva según su circunstancia y sus posiblidades.
El primer ingrediente que tienen que asegurarse de comprar es la intención. Llamémosle ganas, interés, constancia e incluso cabezonería. Yo diría que en mi caso obsesión por  metas tan inalcanzables como las de hoy.
No voy a mentir y a contar la historia del niño que soñaba que escribía, porque no es así. Solo una profesora, y no está aquí, es consciente de lo que digo: mi agenda estaba llena de sus firmas cuando cursaba primaria. Mi pasión eran, como dije antes, las matemáticas. Exactas y concisas. Pero pronto, descubrí los renglones torcidos de Dios y me di cuenta de que aquello tenía de todo menos sentido.
El desencadenante de  aquella metamorfósis fue una cinta de Sabina, aparecida un sábado de limpieza general. En seguida me enamoré de su voz ronca, sus canciones, sus letras, su persona y su personaje y, como dije antes, lo llevé a la misma obsesión.
No tenía ni 12 años, no me gustaba leer y, de pronto, me encantaba. Deboré todas las biografías habidas y por haber antes de que a mi padre le diese tiempo de leer el prólogo de un libro, que compró para él. Y, por supuesto, como buena periodista me documenté a fondo de todas las influencias de este autor, leyendo uno por uno todos los libros que recomendaba, escuchando las canciones a las que aludía en sus canciones, los autores con cualquier tipo de relación…
Y hasta ahí el primer ingrediente. El segundo yo diría que poca gente lo tiene. Son unos padres como los míos. Ellos han aguantado mis dudas antes de que existiera wikipedia, ellos se han sacado dos veces primaria, dos veces secundaria, dos veces bachiller,dos veces el First de Cambriadge,  una carrera de periodismo, un primero de TAFAD y, en este momento, están repitiendo 3º y 5º de primaria con mis hermanos.
Es más, ellos han aguantado el más duro de los ingredientes para estos poemas: el desequilibrio.
Todo iba de maravilla hasta que llegó Baudelaire y sus poemas malditos y las influencias negativas del mundo del periodismo.
Empecé copiando a toda prisa los rótulos de cada noticia, madrugando para leer el twitter, y aprovechando cada minuto para poder entrenar duro por las tardes y lograr mi otro gran objetivo: las olimpiadas. Sí, soy experta en objetivos inalcanzables y este es uno de ellos.
Pronto dejé de comer, de relacionarme, y, en definitiva, de vivir. Y todo ello lo soportaron mis padres, en primera persona del singular y del plural.
Llegado ese punto, algo me decía que necesitaba escribir y así hice. De esa época tengo poemas como el espejo que no creo que pueda escribir ahora ni nunca. La muerte como un hecho anecdótico, más o menos presente a lo largo de muchos poemas. La muerte es algo con lo que toca convivir y da miedo, pero no por ello hay que achantarse, por eso escribí, más recientemente, este poema a mi abuelo, porque nunca he aceptado los eufemismos con los que se anuncia la muerte a un niño.
Pero no nos centremos en lo malo, la inspiración, también es cierto, llega trabajando. Y trabajar es, como decía Balzac, plantar el culo en la silla y escribir y leer y volver a leer y escribir hasta que salga algo que entredientes pueda aprobar pasajeramente. En eso sí se asemeja la ciencia a la literatura: ningún poema es definitivo, siempre es suceptible de ser refutado.
Para ello, se sobre entiende, hace falta unos padres que te mantengan económica y literalmente. También vale una pareja como la que tenía Vargas Llosa hasta hace poco.
Y ya, la última pizca de sal la ponen el conjunto de capullos que salieron conmigo y, en algún momento, destrozaron mi vida para que yo pudiera construirla con versos.
No solo ellos hacen los poemas de amor. También la imaginación, mucha imaginación y amores platónicos como el del poema Amor Secreto

Con esta última intervención me despido y animo a todos y todas los jóvenes y no tan jóvenes a escribir. Pero, por favor, no sazonen en exceso sus poemas, recuerden que la claridad, como dijo Ortega y Gasset, es la cortesía del filósofo. 



Teresa Velasco Castillo.