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La vida es irónica:
Se necesita TRISTEZA para conocer la FELICIDAD, RUIDO para apreciar el SILENCIO y AUSENCIA para valorar la presencia

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lunes, 30 de mayo de 2016

Miénteme una eternidad

Por fin tiempo para seguir con mi afición a la poesía. Hoy casi me escapo del gimnasio con este poema haciendo eco en mi cabeza. Mucha filosofía, pero también mucho vacío y angustia. Espero que lo disfruten. 

Tengo una vacante en el espejo
y a pesar de los cambios siempre es igual.
Un entrar y salir de mi existencia como el poeta de su expresión,
como el atleta de su camino.

Tengo agujetas en el corazón de verte, aliento de vida, que palpita en el Cosmos.
Mi sangre está llena del enigma que hermana lo vivo con lo incierto,
recorrido de ida, circulación sin retorno, trombo de agua en el desierto.

Esta es mi forma humana en potencia:
soledad incesante y honesta,
huesos hambrientos de infinito que se abren paso en el “yo” de las palabras
mientras pasa la vida en punto muerto.

Miro al cielo cerrarse hacia mi espalda,
madre que va haciendo acopio de Belleza,
y así nos lo expresan guirnaldas en la noche.
Me asomo al final de tu cintura,
 acodada en la corteza de nubes de cristal
y  te suplico con mis ojos:
-          Noche,  “miénteme una eternidad”.





 Teresa Velasco Castillo

viernes, 27 de mayo de 2016

Saltar

Llegué hacia la mitad de septiembre. Después de un viaje interminable creí que al fin pisaba tierra y en medio de aquellas pistas heredadas del franquismo quise poner en pie mi nuevo hogar.
Al segundo mes ya estaba más institucionalizada que el viejo Brooks en Cadena perpetua, solo que al salir de esos muros volvía  mi conciencia y todo se relativizaba. En cualquier caso, echaba y echo de menos las sensaciones de mis primeros días lanzando a canasta bajo la atenta mirada de un sol que hoy completa su ciclo.
Supongo que la esperanza ha terminado por volverme loca y eso me ha mantenido siempre con vida, pero ahora que acaba el año, y por primera vez "tengo algo pendiente", el pabellón resulta más gris y vacío, aun con todo un curso esperando graduarse.
Me doy cuenta de que la tormenta ha causado estragos en mis manos. Tengo las uñas más escondidas que nunca. Desiguales por parejo. Inhabilitadas para deshacer los nudos que se amotinan en mi garganta queriendo salir Dios sabe por dónde.
No puedo culpar a nadie de mi fracaso como atleta, porque por más que me empeñe, mi talón de Aquiles me seguirá doliendo literal y metafóricamente. Pero de haber sido más joven, aún estaría dando las gracias por la oportunidad de ser como el resto, porque en el fondo siempre he querido ser como esos jóvenes que saltan y vuelan con alas en los pies.
En parte sé que nunca podré volar como ellos. Soy mucho más terrenal, mucho más inestable y una completa extraña de mí misma.  Me desconozco tanto que hasta me extraño cuando hago las cosas bien. Y después de cientos de vueltas de vals a la orilla de mis posibilidades, no descarto llegar una mañana de junio y saltar más alto que nunca, pero tampoco creo en los milagros.  

“Largo y escabroso es el camino, que del infierno conduce a la luz” decía Morgan Freeman en una de sus grandes interpretaciones. Pues bien, del infierno se puede salir, así que  el cielo no debe de ser tan difícil de alcanzar. 

Teresa Velasco Castillo

sábado, 14 de mayo de 2016

Discurso de presentación




Como consecuencia de las felicitaciones de todos los que estuvisteis ayer en la presentación de mi primer libro, y de aquellos que por uno u otro motivo no pudieron asistir, adjunto a continuación el discurso con el que di paso a este proyecto, que como ya dije, es de todos. 



Buenas tardes. En primer lugar agradecer el enorme esfuerzo de todos los presentes, familiares, amigos y más amigos, especialmente a Paco y a Jorge por tan magnífica presentación.
Como puedo observar la mayoría sabéis de qué va esto de escribir, pero para los que aún no lo tienen muy claro, me dispongo a hacer públicos los ingredientes, hasta ahora secretos, de el poema.
No hará falta que tomen nota, porque posiblemente esta receta no sirva ni siquiera para mi misma una vez que salga de esta sala. La literatura, como la vida, no está hecha de fórmulas matemáticas como me hubiese gustado de pequeña. No, lo más cercano a la vida es la poesía y, si me apuras, el atletismo: una carrera de fondo con obstáculos arbitrarios que cada uno salva según su circunstancia y sus posiblidades.
El primer ingrediente que tienen que asegurarse de comprar es la intención. Llamémosle ganas, interés, constancia e incluso cabezonería. Yo diría que en mi caso obsesión por  metas tan inalcanzables como las de hoy.
No voy a mentir y a contar la historia del niño que soñaba que escribía, porque no es así. Solo una profesora, y no está aquí, es consciente de lo que digo: mi agenda estaba llena de sus firmas cuando cursaba primaria. Mi pasión eran, como dije antes, las matemáticas. Exactas y concisas. Pero pronto, descubrí los renglones torcidos de Dios y me di cuenta de que aquello tenía de todo menos sentido.
El desencadenante de  aquella metamorfósis fue una cinta de Sabina, aparecida un sábado de limpieza general. En seguida me enamoré de su voz ronca, sus canciones, sus letras, su persona y su personaje y, como dije antes, lo llevé a la misma obsesión.
No tenía ni 12 años, no me gustaba leer y, de pronto, me encantaba. Deboré todas las biografías habidas y por haber antes de que a mi padre le diese tiempo de leer el prólogo de un libro, que compró para él. Y, por supuesto, como buena periodista me documenté a fondo de todas las influencias de este autor, leyendo uno por uno todos los libros que recomendaba, escuchando las canciones a las que aludía en sus canciones, los autores con cualquier tipo de relación…
Y hasta ahí el primer ingrediente. El segundo yo diría que poca gente lo tiene. Son unos padres como los míos. Ellos han aguantado mis dudas antes de que existiera wikipedia, ellos se han sacado dos veces primaria, dos veces secundaria, dos veces bachiller,dos veces el First de Cambriadge,  una carrera de periodismo, un primero de TAFAD y, en este momento, están repitiendo 3º y 5º de primaria con mis hermanos.
Es más, ellos han aguantado el más duro de los ingredientes para estos poemas: el desequilibrio.
Todo iba de maravilla hasta que llegó Baudelaire y sus poemas malditos y las influencias negativas del mundo del periodismo.
Empecé copiando a toda prisa los rótulos de cada noticia, madrugando para leer el twitter, y aprovechando cada minuto para poder entrenar duro por las tardes y lograr mi otro gran objetivo: las olimpiadas. Sí, soy experta en objetivos inalcanzables y este es uno de ellos.
Pronto dejé de comer, de relacionarme, y, en definitiva, de vivir. Y todo ello lo soportaron mis padres, en primera persona del singular y del plural.
Llegado ese punto, algo me decía que necesitaba escribir y así hice. De esa época tengo poemas como el espejo que no creo que pueda escribir ahora ni nunca. La muerte como un hecho anecdótico, más o menos presente a lo largo de muchos poemas. La muerte es algo con lo que toca convivir y da miedo, pero no por ello hay que achantarse, por eso escribí, más recientemente, este poema a mi abuelo, porque nunca he aceptado los eufemismos con los que se anuncia la muerte a un niño.
Pero no nos centremos en lo malo, la inspiración, también es cierto, llega trabajando. Y trabajar es, como decía Balzac, plantar el culo en la silla y escribir y leer y volver a leer y escribir hasta que salga algo que entredientes pueda aprobar pasajeramente. En eso sí se asemeja la ciencia a la literatura: ningún poema es definitivo, siempre es suceptible de ser refutado.
Para ello, se sobre entiende, hace falta unos padres que te mantengan económica y literalmente. También vale una pareja como la que tenía Vargas Llosa hasta hace poco.
Y ya, la última pizca de sal la ponen el conjunto de capullos que salieron conmigo y, en algún momento, destrozaron mi vida para que yo pudiera construirla con versos.
No solo ellos hacen los poemas de amor. También la imaginación, mucha imaginación y amores platónicos como el del poema Amor Secreto

Con esta última intervención me despido y animo a todos y todas los jóvenes y no tan jóvenes a escribir. Pero, por favor, no sazonen en exceso sus poemas, recuerden que la claridad, como dijo Ortega y Gasset, es la cortesía del filósofo. 



Teresa Velasco Castillo. 

viernes, 29 de abril de 2016

Viceversa

Hoy, después de un tiempo con el ordenador fuera de servicio, tengo el placer de compartir un poema reciente y distinto que surge a raíz de escuchar repetidamente  a la Orquesta Mondragón. Espero que les guste como ha quedado. 


Fatigoso, mordaz, ignorante de tu piel,
irracional, como el corazón que habito
de espaldas al cielo del que he sido
y soy testigo:  neón, lejano, inquieto y desconocido.

Corazón de almidón, anuncio y profecía.
La muerte me acompaña hecha cenizas,
se balancea por los cauces de hormigón de acera,
en las ciudades en guerra, en las guerras de la ciudad.
La ayuda humanitaria llega tarde
para salvar al mundo de su soledad.

Lenta como este trastorno mal llamado,
mi memoria se detiene, cada segundo
a contemplar tu corazón vacío
a naufragar por tus calles de perfil cambiante
como una identidad autista de palabras.

Corazón aquejado por “mal de amores”,
eco de silencios eternos que van y vienen
en el sístole y diástole de la válvula tricúspide.

Corazón semilunar, luna traviesa, mitral,
fosa oval, amante de la necesidad convexa,
pericardio visceral y terrestre, temporal,

tangible, infinito, “para siempre” y viceversa. 



Teresa Velasco Castillo

viernes, 18 de marzo de 2016

El inquilino

Es increíble el poder del inconsciente que, queriendo escribir de la vida, siempre acabo hablando de la muerte. Espero que les guste este poema de desamor. 


EL INQUILINO

En un trastorno de desiertos amueblados,
que viva y muera  mi palabra al mismo tiempo
es la ironía con que decimos cierto
que nada o todo debería  haber cambiado.

¿Qué puede hacer una niña atrapada
en un cuerpo de mujer con vocación moribunda?

Para hacer justicia, infancia mía de polvo, escala de gris.
Indiferente se ha vuelto la vida,
cuando es sin ti.

¿Qué espíritu ruin, negro y desprendido de moral
me acusa de hurtar las flores del desierto?

Que con enhiesto, firme pavimento
habré de enfrentarme a mi ventura,
la locura con que azoto oscuridades
buscándote en los ecos que retienen tu voz.

Cierto, no merezco los muebles de mi cuerpo
¿para qué si tú no pagas tu alquiler?

Deja mi alma en su ciudad talada,
cierra ventanas, que con el frío no se cuaje tu recuerdo,

pero abre la puerta de mi piso por si pasa un nuevo inquilino.

Teresa Velasco Castillo

domingo, 13 de marzo de 2016

Inventario

Después de un mes de estudio frenético, anorexia afectiva y  sublime resaca de lo físico y teórico de la física humana, puedo decir con orgullo que acabé un trimestre. Y como dicen los “Fitos y Fitipaldis” en sus acordes: todo empieza cerca del final. Pero también tengo que dar hoy la razón a los locos de la escuela nietzscheana en que el eterno retorno está ahí, aquí, con nosotros, terrenales, pero extraordinarios. Capaces de lo mejor y lo peor por algo que ni siquiera existe, ¿o acaso la Semana Santa no es un acto exquisitamente vano? Esos tronos de estética dieciochesca que rescatan centurias pasadas provocan en mí un sentimiento cercano al infarto. Yo que ni soy creyente, ni creo que le debamos nada a la religión.

Efectivamente la Semana Santa está a siete días de ser el centro de nuestras conversaciones. Diálogos que se repiten desde que España es España y todo sirve de excusa para un debate polarizado. Pero no vengo a prorrogar mi discurso ateo de todos los años. Vengo a probar que todo vuelve. Incluso uno a veces se deja caer en los lugares donde fue feliz y acierta. ¿O va a tener Sabina siempre razón?

No tengo palabras en mi pequeña biblioteca para describir cómo me siento después de la 38 edición de la Carrera del Bastón. Hace ocho años mis compañeros de clase me gastaban bromas (propias de la edad) por participar en un evento cuyo título iba precedido de tres “X”. Hace cinco que lo pasé mal por no poder participar, pero ahí estaba animando. Cuatro años han pasado de la edición en que lloré, un día por fuera y muchos por dentro. Dos años tratando de recuperar lo perdido. Y hoy puedo decir que mi proyecto de retorno al pasado empieza a dar sus frutos.

Me vuelve a quedar la esperanza de dejarme seducir por los calendarios de cross y las crónicas del fin de semana. De volver a sentir mis gemelos estimulando los vasos linfáticos y sanguíneos de un corazón que creía muerto en su latido.

Qué triste la condición humana, conforme con ser conscientes de su contracción muscular, cuando todo lo que hacemos no es más que un paréntesis vacío y en vano con el que rellenar de preguntas nuestro tiempo hasta alcanzar la muerte.  Pero ahí estoy yo. Otra vez. En un eterno retorno, que para bien o para mal se hace imprescindible en mi inventario.


viernes, 12 de febrero de 2016

Dolor de garganta


Hoy me he levantado peor de la garganta, con una tos profunda que no consigue enunciar ideas claras desde sus yacimientos. Tampoco era difícil suponer que después de tanto tiempo sin escribir, enfermase el alma y a falta de voces propias me diese por crear otras nuevas casi al borde de la copia: letras aisladas, distantes e insurgentes y, finalmente, compuestas perífrasis que convierten el texto en carnavales de franela gris.

¿Quién enseña a hacer versos? Los versos mismos con la esforzada manipulación de un grafómano con un poco de vocación suicida, o al menos en mi caso. A veces es cómo si las ideas viniesen a acariciar mi nariz para que las palabras saltasen de un estornudo al papel. Luego está la definición de periodista, que bien la sintetiza Gerardo Diego en “salvador de instantes y cantor de lo cotidiano”, donde ya no sé si encajo o estoy encajada desde que abriese los ojos hacia el “oficio de ver”.

Mi corazón se ha encallecido a los moldes de una sociedad corrupta y monotemática, pero lo que más me duele es saberme vieja para la lucha. Desde que mi adolescencia cayese en picado sobre el último capítulo de versos excluidos de mi biografía, mi vida está llena de capítulos finales sin ningún fin. Mi corazón, en el tamaño de un puño se abre y cierra a la primavera sin dejar nunca de sufrir una serie de circunstancias adversas tales como esta bronquitis de a saber qué va a ser de nosotros con los años.

He bajado el volumen de lo que escucho, pero por más que lo intento no consigo subir el tono de lo que siento y al final todo es un ruido de tiempo devastando mis buenas intenciones. Porque la poesía persigue algo más que un arbitrario laberinto de letras; es devolver la magia a esas pequeñas cosas que pasamos por alto y ahí reside la fascinación que ejerce sobre nosotros. Puede que el periodismo empezase de su mano, pero éste ha ido involucionando hacia adelante con pequeños repuntes como espadas que nos hacen sospechar que Dios existe.


Ayer, Jalis de la Serna devolvió su función originaria de denuncia al periodismo y por un instante mi corazón, enterrado de virus, comprendió la minúscula diferencia entre posibilitar la existencia de Don Quijote y salvarle la vida a Pablo Ibar. Y no sé si todo ello servirá para algo, pero a buen seguro que la próxima vez que ejecuten a alguien en el corredor de la muerte, el periodismo de denuncia se sentirá  más moribundo en sus entrañas. 


Teresa Velasco Castillo